24 de April de 2015 20:18

Las operaciones aéreas en Tababela se cierran por presencia de neblina

La neblina está presente desde las 06:30 en la terminal. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

La neblina está presente desde las 06:30 en la terminal. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

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Valeria Heredia

Después de dos años de operaciones del nuevo Aeropuerto Mariscal Sucre, se registra una disminución de los cierres de operaciones. Si bien estas generan molestias, principalmente entre los pasajeros, el total de horas son reducidas, comparando con lo que ocurría en el norte de Quito.

En este mes se dieron dos cierres por malas condiciones climáticas. El más largo fue el 7 de abril y superó las tres horas. Esto generó preocupación en los pasajeros, por medio de las redes sociales. En total, se afectaron 24 vuelos: 17, domésticos y siete internacionales.

Según Quiport, empresa encargada de la administración, la reducción es significativa: 124 horas, en el 2013; 63, en el 2014 y, 13 en lo que va del 2015. Mientras que, en los dos últimos años de operación, en Chaupicruz, fueron 285 horas.

Hay un factor que inciden: la neblina. Los cierres ocurrieron entre las 05:00 y 07:30; tiempo en que se registran los mayores niveles de concentración de neblina en la pista. En este mismo tiempo, también, hay una actividad intensa en el aeropuerto. Alrededor de 20 aviones aterrizan o despegan en vuelos nacionales e internacionales cada hora.

Jorge Buchat, experto climático del aeropuerto, explicó que cerca de las 03:00, la neblina empieza a salir desde las quebradas Guambi y Santa Rosa, que rodean la terminal; a las 07:00 se posa sobre la pista.

Para este experto, que fue parte de la construcción de los dos aeropuertos, el clima no es un obstáculo determinante ya que, cuando llueve, no se cierran la terminal. En la actualidad, la terminal está operativa el 99,5% del tiempo. Esto no ocurría en Chaupicruz, donde las operaciones alcanzaban el 85%. “Sin duda, las condiciones de vuelo son mejores. Esto se evidencia en que existen aerolíneas nuevas y hay más frecuencias”.

La neblina ocasiona falta de visibilidad, por lo que los pilotos no pueden aterrizar ni despegar. En ese momento, los controladores de tránsito aéreo, que están en la torre de control, a 41 metros de altura, coordinan la suspensión de actividades junto a los meteorólogos. Lo hacen para prevenir accidentes aéreos.

Mayra Garzón, supervisora de la torre de control, indicó que los cierres se realizan para velar por la seguridad de los viajeros y la tripulación. “Coordinamos para que los vuelos sean siempre seguros”.

Actualmente, los niveles de visibilidad para arribos alcanzan los 800 metros de aproximación y para despegues 500 metros. Esto no ocurría en Chaupicruz, donde los niveles de visibilidad eran más altos. Los pilotos debían ver la pista a una distancia de 3 000 metros. Caso contrario no podían ingresar al campo de aviación.

Aeropuerto Mariscal Sucre Tababela Torre de control en la foto la pista de aterrizaje y leve nubosidad. Foto: Paul Rivas Bravo / EL COMERCIO

Ramiro Peñaherrera es capitán en el Boeing 767 de la aerolínea LAN. Recuerda que uno de los aspectos negativos de volar en el antiguo aeropuerto era el acceso a la pista en la aproximación final. Era más corta, por lo que no se podía hacer maniobras para salir o entrar. Esa es una de las ventajas de la actual pista. “Es mucho más larga, por lo que se puede salir con tranquilidad”.

La de Tababela mide 4 150 metros de largo frente a los
2 350 m de la antigua. Cuenta con un sistema de iluminación. Adicionalmente, en los alrededores no hay grandes asentamientos humanos. El año pasado se colocaron luminarias complementarias: 750 luces de eje para mejorar la visibilidad. A esto se suma que al momento se realizan pruebas de nuevos equipos de iluminación en la pista.

Pese a esto, asegura el piloto, es necesario mejorar sus condiciones para que se reduzcan, aún más, los cierres en Tababela. “El aeropuerto de Bogotá tiene condiciones similares a las del nuestro; pero ahí se brindan más facilidades para la aproximación de los aviones. Por ende, hay menos cierres producto del clima”.

Otra de las complicaciones registradas son los vientos. Cuando los aviones pasan por Sangolquí (cantón Rumiñahui) y por el Ilaló se registran turbulencias, lo que provoca que los aviones pierdan equilibrio.

En el momento, en Tababela se han sentido vientos de hasta 10 nudos. No se han registrado cruzados, de más de 15 nudos que hayan provocado cierres. Pero hay pilotos que optan por quedarse en un patrón de espera; es decir, volar 15 minutos más hasta que las condiciones mejoren o desviarse al aeropuerto alterno (Guayaquil). Esto ha ocurrido algunas veces.

Para Nicolás Larenas, analista en temas de aviación, al ser un aeropuerto de altura, ubicado entre las montañas, su operación siempre fue y será compleja. Pese a esto, las autoridades aeroportuarias pueden hacer mucho más por mejorar la operatividad y disminuir los tiempos de cierre. Por ejemplo, se requieren sistemas de rodaje de baja visibilidad, radares de tierra o sistemas de aterrizaje...

En contexto

La nueva infraestructura y los equipos instalados en el nuevo aeropuerto han logrado que se mejoren las actividades aeroportuarias. Sin embargo, el reto continúa para lograr que las condiciones climáticas no sean un obstáculo para continuar con las actividades.

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