3 de April de 2011 00:00

¿Obispos metidos?

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Resulta sorprendente, mas no inesperada, la reacción del Gobierno a la Declaración de los Obispos sobre la consulta. Una destacada asambleísta de Alianza País declaraba: “Los obispos no tienen que meterse en política; ellos deben de hablar sobre la Palabra". Que ella (y los que piensan como ella) me disculpen, pero lo dicho es de una simpleza de tomo y lomo, que choca con la experiencia evangélica y con los principios más elementales de la doctrina de la Iglesia.

¿Los obispos no deben de meterse en política? Lo primero que hay que aclarar es qué se entiende por política. Hay una política de partido, de proyecto, de leal confrontación en la que los obispos no deben de entrar. Es algo que pertenece a la autonomía de las relaciones humanas y en lo que cada cual, fiel a su conciencia y a su ideario, tiene el derecho de situarse y decidir en libertad. Pero hay una política vinculada a la dignidad de la persona, al bien común, a la ética y a los valores fundamentales (la justicia, la libertad, la dignidad de la persona y de los pueblos), ante la cual los obispos no sólo tienen el derecho sino la obligación de pronunciarse. El Santo Padre nos lo recordaba: los obispos (cualquier creyente en cuanto tal) no pueden vivir ajenos a las exigencias de la ética política y al dolor del pueblo. Y es que hay valores irrenunciables ante los que ningún ser humano (obispo o no) puede cerrar los ojos.

Guste o no al Gobierno el cuestionamiento que los obispos hacemos, lo cierto es que hoy está en juego el modelo de Estado y la forma de gobierno, la independencia de poderes, la libertad de expresión y la autonomía del sistema judicial, elementos fundamentales del Estado de Derecho. Los obispos a nadie decimos lo que tiene que hacer, pero sí advertimos sobre la importancia de un voto que afecta a temas fundamentales para la convivencia pacífica y en libertad de nuestro pueblo. Lo importante no es sólo conocer las preguntas, sino saber "sus" respuestas, qué piensa hacer en cada caso. Y es que, en política, un cheque en blanco no se le debe de dar a nadie.

La eximia asambleísta de País utiliza las proposiciones de forma reduccionista. Los obispos no debemos hablar sólo "sobre" la Palabra, sino también "desde" ella. Desde la Palabra debemos de iluminar la conciencia ética de nuestros hermanos y de cuantas personas de buena voluntad quieran escucharnos, incluido el Gobierno. En lo referente a la ética política, no es el poder lo que nos interesa, sino las personas, el desarrollo social y la convivencia en democracia y en libertad. Si algún día nos la quitan, seguiremos hablando de ella.

Leo estos días una provocadora autobiografía del querido y admirado Mons. Leonidas Proaño, siempre crítico con el poder de turno: "La vivencia de la fe lleva consigo una luz y una fuerza capaces de aglutinar a los hombres y de transformarlos en constructores de una sociedad nueva que plasme en la realidad los grandes valores del Reino". Pues de eso se trata, de valores, no de otra cosa.

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