9 de noviembre de 2016 21:48

Nueva York vive con resignación y protestas el día después de Trump

En Nueva York algunas personas protestaron por la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos

En Nueva York algunas personas protestaron por la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Foto: AFP

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Agencia EFE

Nueva York vivió este 9 de noviembre del 2016 un día triste, cargado de resignación y algunas protestas, después de la inesperada elección del candidato republicano Donald Trump, que pese a haber nacido en la cuidad, no es profeta en su tierra, de mayoría demócrata.

En un día especialmente gris y lluvioso, los neoyorquinos intentaban digerir el resultado y seguir con su normalidad después de la sorpresa. La mayoría había dormido poco. Ya era bien entrada la madrugada en la costa este cuando se conocieron los resultados que ya no daban lugar a la duda de la victoria de Trump.

Manuel, de origen salvadoreño, portero de un edificio de lujo en Manhattan, explicaba a Efe que hoy vio "tristeza" en las caras de los neoyorquinos en su viaje de El Bronx al centro de la ciudad.

Tras 35 años en Nueva York, dijo que él puede estar tranquilo al contar ya con la ciudadanía, pero que entre otros latinos existe "cierta inquietud por la deportación" que Trump ha asegurado perseguirá en el caso de muchos inmigrantes.

Otros latinos preferían "mirar hacia delante" y no ponerse la venda antes de la herida con Trump, como Guadalupe, una cocinera dominicana de un restaurante cubano cercano a Times Square que confía que el magnate no solo no sea una amenaza para los latinos sino una oportunidad.

"Hay que ser positivos, este país no está bueno y muchos creen que él puede arreglarlo porque ha construido tantos edificios, casinos... Él sabe de negocios y es un luchador, hay que reconocerlo", explicó a Efe tras reservarse cuál fue el martes 8 de noviembre su voto.

A través de las redes sociales se organizaban protestas para los que no podían todavía canalizar la frustración, como una que reunía a decenas de personas en Union Square y en la que se ofrecían "abrazos gratis".

Aunque algunos vecinos de Nueva York no parecen dispuestos a pasar página rápidamente, sí lo hacía con sorprendente facilidad Wall Street, que llevaba semanas apostando paradójicamente todo a la victoria de la demócrata Hillary Clinton.

Para muchos analistas, los inversores se relajaron ante la perspectiva de un Trump presidente al escuchar anoche su discurso más moderado y conciliador nada más proclamarse ganador, un tono que habría levantado los ánimos en los mercados financieros y llenado de optimismo al parqué neoyorquino.

También ayudaba a volver a la normalidad la inercia incansable del turismo en la Gran Manzana, que en las últimas horas ha encontrado un nuevo lugar icónico en el que fotografiarse: la torre Trump de la quinta avenida.

La acera frente al edificio sigue vallada y el lugar rodeado por los puestos de directos de los canales de televisión. La policía continúa velando allí por garantizar la "paz" entre los seguidores, detractores y curiosos incansables.

A pocos metros de la torre Trump, una mujer aprovechaba la presencia de cámaras para escenificar la quema de la bandera de las barras y estrellas.

Tanto la torre Trump como Times Square, cuyas grandes pantallas fueron cantando un resultado que no dejó de sorprender a los turistas, se convirtieron anoche en centros de reunión de los que siguieron desde la calle las elecciones.

No muy lejos de Times Square, en el teatro Ed Sullivan, el humorista Stephen Colbert, con clara inclinación a favor de Clinton, conducía un especial para CBS sobre las elecciones que no salió como estaba previsto. Los guionistas habían creado un programa pensado en la victoria de Clinton y no había demasiados chistes pensados para el plan B.

Ante la falta de material previsto, el seguimiento de la noche electoral se tornó en triste y melancólico. En el tintero se quedaron chistes como la inclusión de Trump en un museo de los "casi presidentes" que ya nunca se emitirán. Trump es el presidente electo, tanto si esa realidad hace reír como llorar a los neoyorquinos.

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