9 de December de 2010 00:00

Nuestro nacionalismo

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Rodrigo Fierro Benítez

A propósito del Bicentenario me di por leer obras como la joya bibliográfica escrita en 1771 por el jesuita italiano P. Mario Cicala, traducida al español por el P. Julián Bravo y el Gral. Marcos Gándara: ‘Descripción Histórico-Geográfica de la Provincia de Quito de la Compañía de Jesús’ (Tomo I, Quito, 2008). Los manuscritos traídos de Roma en microfilms por el P. Aurelio Espinoza Pólit, formaban parte de los fondos de la Biblioteca Ecuatoriana que lleva su nombre. En la introducción el P. Bravo señala: ‘La Historia del Reino de Quito’ del P. Juan de Velasco y la Descripción histórico-topográfica e histórico-física del P. Cicala son complementarias y una y otra fundamentan la nacionalidad ecuatoriana, su identidad y su cultura”.

De 1743 hasta 1767 (año de la expulsión de los jesuitas), Cicala recorrió la Real Audiencia de Quito. Desde Popayán hasta Loja y también en la Costa no hubo ciudad importante en donde los jesuitas no fundaran un colegio. En Quito, con el Colegio Máximo y la Universidad de San Gregorio, el centro del primer sistema educativo que hubo en Sudamérica. Describe también con detenimiento las inmensas haciendas que formaban parte de los bienes de la Compañía de Jesús.

Una de ellas, la de San Ildefonso cubría todos los pisos ecológicos de los Andes. Una inmensa factoría en la que “trabajaban alrededor de 1300 personas”, y en la se fabricaban “paños, cobijas, bayetas”, “Los paños son grandemente apreciados en toda la provincia de Quito, lo mismo que en todo el Perú, Chile, etc.”, “he visto paños que aventajan con mucho a los de Londres, Francia y la misma España”. Se trataba de un complejo industrial que iba desde la producción de lana (los merinos españoles se adaptaron bien a los pastos serranos), utilización de tintes locales, hasta los productos destinados a la exportación. Como la de San Ildefonso había otras factorías. La producción de textiles debió ser enorme. Tanto es así que se pensó en crear un espacio de acopio en Liverpool, para de ahí comercializar los tejidos quiteños en todos los países europeos. Un sueño: la primera transnacional en el mundo.

Otro gran fundo, el del Marqués de Miraflores: “se ven avenidas de olivos”, “bastante grandes, altos y cargados a maravilla”, “Las aceitunas son gruesas y pulposas”, “Pero no se pueden extraer de ellas aceite a causa de la prohibición real que existe en la provincia de Quito, de plantar viñas para hacer vino ni olivos para extraer aceite”. Viñas y olivares desaparecieron de la Real Audiencia.

Con la expulsión de los jesuitas, la culta y prospera Real Audiencia de Quito, con sus colegios y poderosa agroindustria, se vino abajo. En sus gentes, de todas las clases sociales, fue imponiéndose un sentimiento nacionalista que no admitía otra alternativa que independizarse de España.

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