28 de mayo de 2015 00:38

Los trabajadores nocturnos se enfrentan a más peligros en sus actividades

Roque Intriago

Roque Ecuador Intriago es guardia de seguridad, su trabajo consiste en cuidar las casas y carros en la calle Italia, al norte de Quito. Foto: María Isabel Valarezo/EL COMERCIO

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Andrea Gordón
Quito

Mientras algunas personas hacen filas en las paradas de buses para ir a sus casas y descansar, después de un día de trabajo o estudios, otras empiezan a laborar desde las primeras horas de la noche. Estos trabajadores nocturnos tienen horarios que finalizan a la madrugada e incluso son de 24 horas. Todo esto dependen de las actividades que realicen.

Guardia de calle

Roque Intriago

Roque Ecuador Intriago es guardia de seguridad. Foto: María Isabel Valarezo/EL COMERCIO

Su oficina no tiene muebles, computadora y una recepcionista que atienda a los invitados. Roque Ecuador Intriago durante su trabajo de 24 horas como guardia en la calle Italia e Inglaterra al norte de Quito, pasa en una caseta ubicada en la vereda. El espacio es reducido y solo puede ingresar él. Tiene una televisión pequeña, una olla y una hornilla eléctrica para preparar café y calentarse durante la noche.

Sus actividades básicamente son cuidar las casas del sector y los vehículos que pasan estacionados hasta las 22:00 aproximadamente. En algunas ocasiones es el encargado de cerrar una clínica y un gimnasio que se encuentran en el sector.

A pesar de que el trabajo es peligroso sabe como ingeniárselas para evitar los robos en la calle que tiene a cargo. Cuando observa personas sospechosa pita con insistencia para que se alejen y así poder alertar a los moradores.

Sin embargo los ladrones le han jugado malos momentos. En una ocasión dos sujetos le apuntaron con una pistola ya que Ecuador trató de evitar que robarán un carro. “Afortunadamente unas personas que pasaban por el lugar ahuyentaron a los ladrones y evitaron que me pasara algo”, dice Intriago mientras está sentado en el interior de su caseta.

Durante 10 años ha trabajado como guardia del sector que ya se acostumbrado a dormir en el interior de la caseta. No tiene una cama pero si cobijas y una almohada para pasar las noches. La ventaja de su trabajo es que no tiene que cocinar ya que las personas de las casas aledañas le dan la comida. Además recibe un sueldo de USD 500. Al final de cada mes, Ecuador pasa un recibo a los propietarios que tienen convenio con él para que le den lo que le corresponde por su trabajo. “En algunas ocasiones me dan hasta USD 30 por casa”.

Una de las complicaciones es que no tiene vacaciones cada año. Pero cada vez que quiere ir a Manta, lugar en el que nació, deja su trabajo en manos de un amigo que también es guardia. El viaje lo realiza en una moto que logró comprarse con el sueldo que obtiene.

Motorizado

Quito noctámbulo. Alexander Napas, repartidor de comida. Foto: María Isabel Valarezo / EL COMERCIO

Marco Sánchez, repartidor de comida. Foto: María Isabel Valarezo / EL COMERCIO

Las motos son su medio de transporte en ellas llevan la comida que los clientes han pedido en los locales en los que trabajan. Su trabajo es polifuncional ya que aparte de llevar los pedidos a las casas ayudan en la limpieza y organización de los productos en los restaurantes. Alexandra Napas, administradora del local Texas Chicken, ubicado en la avenida Colón y Seis de Diciembre, al norte de Quito, indica que la atención de servicio a domicilio es desde las 11:00 hasta las 22:00. El trabajo es en conjunto ya que hay personas encargadas en tomar las órdenes de los clientes a través del Call Center. Después se prepara los pedidos y se empaca en maletas grandes destinadas para llevar comida y mantenerla caliente durante el recorrido.

Durante las noches se reciben por los general 10 pedidos sin embargo esto cambia de acuerdo a las fechas y las condiciones climáticas. “En días festivos las personas optan por pedir comida a domicilio y el número de ordenes aumenta”, dice la administradora del local.

Los repartidores de comida pueden llevar más de un pedido siempre que los destinos estén en el mismo sector y sean seguros para los motorizados.

Técnicos de Internet de fibra óptica

Jaime Pozo

Kléver Taipe, instalador de fibra óptica trabaja junto a Jaime Pozo, en Multiservicios Teccht. Foto: María Isabel Valarezo/EL COMERCIO

Su trabajo se relaciona directamente con cables y herramientas. Cada vez que alguna empresa pide instalaciones de Internet por fibra óptica de forma urgente, trabajan durante toda la noche. Tienen hora de entrada pero no de salida ya que todo depende de las instalaciones que realicen.

Jaime Pozo de Multiservicios Teccht, señala que cuando hay eventos importantes como las votaciones él y su equipo han tenido que trabajar hasta 24 horas ya que el Internet que necesitan las instituciones debe ser más rápido y se necesita de fibra óptica.

Los equipos que llevan para las instalaciones representan un peligro constante durante su trabajo. Ya que algunos pueden llegar a costar hasta USD 15 000 por ello la empresa con la que trabajan les brinda seguridad para evitar que les roben durante su trabajo.

Mientras un trabajador está instalando los equipos otro se encarga de asegurar los cables en los postes de luz.

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