8 de January de 2010 00:00

Las noches en El Manzano son de vigilia

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Redacción Sierra Centro
ambato@elcomercio.com

El último bus de la Cooperativa Bayushig  llega a las 18:20 a la comunidad El Manzano, en el cantón Penipe (Chimborazo). 

En el trayecto, el carro de asientos de cuero levanta la ceniza acumulada en el ingreso a ese pueblo. Desde allí, se puede observar la emisión de ceniza, gases y vapor del volcán Tungurahua. Por las noches arroja bloques incandescentes.  
 


Monitoreo continuo
En la mañana de ayer,  luego de que en la madrugada se registraron  constantes emisiones de ceniza,  vapor y   material incandescente, el Instituto Geofísico informó que el coloso ya no emitió columnas de ceniza.  
Jorge Bustillos,  técnico del Instituto Geofísico, afirmó que este comportamiento significa que  el volcán  Tungurahua está almacenando energía. 
En la comunidad  El Manzano, los bramidos del volcán ocasionan vibraciones en los vidrios de las casas.   
 
Segundo Criollo  baja del carro cargando dos  fundas con víveres. El agricultor, de 61 años, camina despacio por esta comuna donde las casas son de un piso, con paredes de bloque y adobe.  Están rodeadas por sembríos de maíz, cebolla, papas y árboles frutales. Desde que el volcán se reactivó, el pasado fin de semana, las hojas de las  plantas están cubiertas de un fino  polvo blanco. 

Durante la mañana, Criollo trabaja  labrando la tierra para cultivar maíz y papa, en su chacra  ubicada en la comuna Nabuso, cerca de  El Manzano.   En ese lugar, la fundación Esquel construyó casas para los afectados.

Criollo no duerme ahí. Él regresa por las noches a El Manzano.
  
“Aún no cae mucha  ceniza.  El volcán bota desde el lunes  polvo  blanco y no la ceniza ploma”, explica el agricultor.
 
Con él viven su esposa y su hija. Ellas crían pollos. Cuando cae  ceniza meten las aves en la casa.

Criollo  detalla  que en El Manzano los robos de ganado y casas son frecuentes. “Por eso nos turnamos para quedarnos acá. No queremos perder nuestras pocas pertenencias”.
La familia Criollo y otras 10  son las únicas que se quedan a dormir en El Manzano.  En el resto de las casas, donde habitan 46 familias, las mujeres y los niños son trasladados a Nabuso y al centro de Penipe. En este último lugar, hace dos años, el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda también edificó casas para los damnificados por el volcán. Solo se quedan los jefes de hogar.

La gente viaja en los buses de la Cooperativa Bayushig. “En las casas del Gobierno tenemos guardados los muebles de sala, comedor, electrodomésticos… lo más valioso”, cuenta el agricultor  Doroteo Cuica.
 
También tienen cobijas, ollas  y alimentos.  Las viviendas cuentan con todos los servicios básicos. “Estamos tranquilos, porque estas viviendas se encuentran  en una zona segura.  Nuestros hijos están a salvo”, dice María Haro.

En tanto, en El Manzano,  el presidente de la comunidad, Pablo Sánchez, junto con un grupo de campesinos, se comunica a través de celular y por radio con los técnicos del Instituto Geofísico.

Son las 20:00. “Cómo le va. Queremos saber cómo está nuestro amigo el volcán”, dice Vicente Reyes, vigía del volcán.
Luego, un técnico del Instituto Geofísico indica que las emisiones de vapor y ceniza siguen. “Todo tranquilo todavía. A esta hora la actividad se mantiene. Cayó ceniza en Palictahua.
Las explosiones tienen una altura de 1 km”.

Reyes agradece y comenta que en El Manzano, el miércoles, no cayó ceniza.  Después del reporte, el grupo se dispersa.

 Los campesinos van a sus casas. Sánchez y Reyes visitan cada vivienda  para contar las personas  que están en el pueblo.

“Hay que saber esta información, para estar listos para la evacuación, en caso de una erupción”, dice el dirigente Sánchez.
Criollo afirma que está acostumbrado a convivir con la amenaza del volcán. “Sabemos lo que tenemos que hacer. La reactivación se inició hace 10 años.

Las mujeres y los niños retornan a partir de las 12:00 del siguiente día, para ayudar en las tareas agrícolas. Lo hacen en los  buses de  la Cooperativa Bayushig. 

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