30 de January de 2010 00:00

Eso no ocurrió

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Rubén Darío Buitrón

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Uno de los presuntos conceptos periodísticos que siempre me parecieron arrogantes y absurdos era aquel que decía: “No te preocupes. Si eso no se publica en nuestro Diario, no ha ocurrido”.

Cuando ejercí cargos de jefatura   en algunos periódicos muchas veces escuché esa respuesta al pedir a un editor o a un  reportero que me explicaran por qué  no teníamos determinada noticia  relevante aparecida en otros medios.

¿No te preocupes? Omitir un hecho noticioso de interés colectivo no solo es antiperiodístico (porque muchos ciudadanos ya conocen la noticia por otros medios y quieren verificarlo o ratificarlo en el de su preferencia) sino inmoral.

¿Qué derecho nos asiste a los periodistas o a los medios para tomar este tipo de  decisiones a espaldas de la realidad, a espaldas de la gente a la cual, supuestamente, nos debemos? ¿Con qué autoridad ética y profesional hablamos de “periodismo ciudadano”, “nuevo periodismo”, “periodismo público” o “periodismo alternativo?

Cualquiera de esos eufemismos tan solo sirven para ocultar que no hacemos periodismo o que lo hacemos mal, porque en este oficio no es asunto de colocar lemas o etiquetas rimbombantes: hacer periodismo es cuestión de hacer periodismo.

Entonces, ¿qué  periodismo practican los medios que no publicaron la noticia sobre la detención de Carlos Julio Solano?

A los medios que tantas etiquetas se han puesto -en especial la de “públicos”-, les recuerdo que Carlos Julio Solano es el ciudadano sobre quien cayó todo el peso del poder político y policiaco en un patético episodio en Machala.

Si no vieron las fotografías o las tomas que aparecieron en “la prensa corrupta” (como dirían ustedes) les invito a hacerlo, aunque sea a escondidas: será una buena manera de entender lo que realmente pasa en el país y cuál debiera ser su papel como periodistas.

Si hoy no tuviéramos “prensa corrupta”, como es el ardiente deseo de  militantes, intelectuales y funcionarios, no nos habríamos enterado de cómo la revolución trata a sus ciudadanos, de cómo  quien debe dar ejemplo de tolerancia y sensatez persigue por las calles a alguien que con un mal gesto de sus manos mostró  descontento, de cómo quienes tienen la obligación de proteger la seguridad de  los ciudadanos detienen violentamente a una persona,  la arrojan al balde de la camioneta policial y  presionan su cabeza contra el piso.

Ahora que tanto se habla de controlar, regular y transparentar es el momento  de que los medios gobiernistas admitan que sus  posibles intenciones de hacer periodismo distinto al de la “prensa corrupta” choca con la razón de Estado, que su papel proselitista no es informar sino propagandizar, que su trágico destino es servir a quienes, desde el altísimo poder, intentan ocultar la realidad.

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