29 de July de 2009 00:00

No dirigí antes porque me daba vergüenza: Julio Asad

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Redacción Deportes

Usted regresa al país a los dos años. Desde entonces, ¿cuánto ha cambiado el fútbol ecuatoriano?

Hasta ahora no he visto jugar a los grandes equipos. Sin embargo, he observado algunos partidos y creo que aún hay falencias. Tal vez se deba a que en los clubes del país hay pocos jugadores de categoría, porque cada vez emigran al mercado del exterior.

Entonces, ¿el fútbol nacional no ha evolucionado?

Ha mejorado. Eso se refleja en el juego de la Selección, la misma que ha progresado desde que Sixto Vizuete asumió el cargo.

Hoja de vida
Julio Daniel Asad
Julio Asad nació el 7 de junio de 1953 en Buenos Aires, Argentina.
En su etapa como jugador se desempeñó como mediocampista en el Vélez Sársfield, de Argentina.
En su faceta como técnico   dirigió al Centro Deportivo Olmedo, Deportivo Cuenca, Liga de Quito, Deportivo Quito, de Ecuador. 

Entonces ¿usted es partidario de que Vizuete siga como técnico de Ecuador?

Vizuete realiza un buen trabajo. Los jugadores funcionan correctamente, y eso es lo importante. Además, que mejor que un ecuatoriano dirija al equipo de su país.

Usted dirigió a Liga de Quito en 2001, ¿qué opinión tiene hoy del equipo?

Es un plantel muy rico técnicamente y mentalmente. Liga posee una dirigencia  honesta, idónea, arriesgada, que busca ser protagonista siempre Por eso, lo que ha logrado Liga me pone contento. Hay que imitar esos procesos. El Nacional, Barcelona y  Emelec pueden hacer lo mismo.

¿Qué falta en los otros clubes para seguir el ejemplo de Liga de Quito?

Es necesario que los jugadores se comprometan con sus equipos. Eso lo hicieron en su momento con Liga, Carlos Tenorio, Pablo Palacios, Paúl Ambrossi. La visión de la directiva también es vital.

Ahora, es el DT de El Nacional ¿Qué potencialidades ha descubierto en el club?

Es un equipo con jugadores jóvenes, con ganas de aprender. Me basta con que estén prestos a descubrir nuevas formas de trabajo.

¿Hasta dónde puede llegar El Nacional esta temporada?

El primer objetivo es ingresar a la liguilla. Después nos concentraremos en lograr el título. Eso significaría una revancha.

¿Por qué una revancha?

Los medios y algunas personas fueron injustas conmigo cuando observaron las secuelas que dejó una embolia en mi cuerpo.

Usted habla de una revancha, con esa presión ¿cómo sobrellevará su tratamiento?

Cuando yo empecé a dirigir soportaba estrés. Eso  porque al inicio vivía y sentía como un jugador. Pero ya pasé esa etapa. Además, la parte más difícil de mi enfermedad ya la superé.

Exactamente ¿cuál fue su enfermedad?

Sufrí un ACV, un accidente cerebrovascular. Esto ocurrió hace uno año y tres meses, en Argentina, tras llegar de Arabia Saudita. Todo eso sucedió en 45 minutos. Gracias a Dios no tuve secuelas. Me puse medio torpe para realizar movimientos, pero nada más.
 
¿Qué le dijeron los médicos cuando retomó su trabajo?

Se alegraron. Ellos sugirieron que regrese al trabajo  hace  mucho tiempo, pero yo no tomaba la decisión por vergüenza. Temía el rechazo de los jugadores.

Entonces ¿porqué aceptó la propuesta de El Nacional?

Por mi familia y por mí. Los médicos dijeron que si seguía encerrado en casa mi recuperación sería lenta. También me anime porque la parte complicada  de mi enfermedad ya la superé.

¿Temía una recaída en Quito, cuando se bajó del avión? 

Sí. Estaba intranquilo los primeros 45 minutos. Pero ahora me siento bien, de maravilla.

¿Los directivos sabían de su accidente?

Sí. También sabían que estoy en una etapa de rehabilitación. Yo envié certificados médicos desde Argentina. Los exámenes indicaban que estoy en condiciones de dirigir. No se por que se asustan ahora. Tal vez es por que me ven con ciertas dificultades  para caminar con mi pierna derecha.

¿Cómo se siente ahora, tras ser sometido a exámenes cardiovasculares, neurológicos, neumológicos, físicos... similar como si fuera un jugador activo?

Estoy bien. Ellos están en todo su derecho. Las pruebas de ahora van a decir lo que ellos ya sabían. No puedo negar que eso me duele, pero no soy rencoroso. 

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