4 de junio de 2018 23:26

Niños y adolescentes venezolanos dejan de estudiar por migrar con sus familias

Niños y adolescentes de Venezuela llegan a diario a las terminales terrestres del país. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Niños y adolescentes de Venezuela llegan a diario a las terminales terrestres del país. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Diego Bravo C.

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Las escenas se repiten en las terminales de transporte de Quito. Niños y adolescentes venezolanos con sus familiares, llevando maletas y con la esperanza de conseguir una nueva escuela o colegio en el país al que se movilizan. Ellos debieron abandonar sus estudios debido a la crisis económica.

La noche de este lunes 4 de junio del 2016 se vivió esa realidad en la estación interprovincial de Carcelén, ubicada en el norte de Quito. Decenas de infantes esperaban un bus para trasladarse hasta la fronteriza Huaquillas, en la provincia de El Oro, y de allí partir hacia Lima, la capital del Perú, para reencontrarse con sus allegados.

Los niños vestían chompas abrigadas y sacos de lana. Adolescentes cuidaban vehículos para conseguir unos centavos y reunir para los pasajes. Los que ya viajaban, esperaban con ansias embarcarse en un vehículo y seguir su camino. Uno de ellos es Joel, de 15 años, quien cursaba el cuarto año en el Liceo Creación El Macaro de Maracay, estado de Aragua, cuando abandonó los estudios.

Su aspiración era obtener buenas calificaciones y graduarse para luego seguir la carrera de piloto de avión. Sin embargo, tuvo que abandonar el colegio para reunirse con sus padres que viven en Lima.

“Iba a pasar a quinto año, pero me retiré. No me siento nada bien. El objetivo de un niño o adolescente es terminar la secundaria para luego estudiar una profesión”. Aspira acabar el bachillerato en Perú. También ver nuevamente a sus primas, de 15 y 11 años, quienes también dejaron el colegio por migrar.

Él viaja junto a su hermano, Wladimir de 13, quien estaba en el mismo centro educativo y perdió el año. “Me siento triste por no estudiar, pero a la vez feliz porque voy a estar con mi mamá”.

Ambos los acompañaba su tío, Hupertín Manrique, cuyo hijo de 11 también dejó la escuela hace 10 meses para irse a España con la mamá. El hombre aspira trabajar en Perú, juntar dinero, y viajar a Europa para reunirse con su pequeño.

“Estaba en sexto grado. Por suerte le revalidaron materias y continuó su formación en otro continente”, apuntó.

Decenas de personas aguardan en la estación interprovincial de Carcelén, ubicada en el norte de Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Decenas de personas aguardan en la estación interprovincial de Carcelén, ubicada en el norte de Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La cantidad de chicos venezolanos que abandona el colegio o la escuela por migrar es un tema que preocupa a las autoridades de esa nación. Datos difundidos por el Ministerio de Educación a la agencia EFE, en septiembre del 2017, refieren que el año escolar comenzó 7 195 335 estudiantes y en enero fueron 7 446 515. Es decir, 251 180 chicos de inicial, primaria y secundaria menos.

En ese sentido, según informa EFE, la Federación Venezolana de Maestros (FVM) indicó que desconoce el "paradero" de ese cuarto de millón de alumnos y manifestó su preocupación por el tema, al tiempo que denunció el deterioro de más del 90 % de los planteles educativos y la "inacción" del Gobierno de Nicolás Maduro en este sentido.

Pese a las críticas, el Jefe de Estado reiteró que el 76 % de la educación en el país es "gratuita y de calidad" y llamó a su Gobierno a trabajar para escolarizar al 10 % de esa población que no está incorporada en ningún programa educativo.
En tanto, decenas de chicos venezolanos que abandonaron su formación académica continuaban llegando anoche a la estación de Carcelén.
Yerson tiene 17 años y partió desde Caracas junto a sus padres. Cursaba el último año de bachillerato y lo abandonó. Su prioridad es arribar a Lima y conseguir un empleo para enviar dinero su novia, de la misma edad, y su hijo recién nacido.

Llegó a Quito caminando desde Cúcuta, frontera colombo-venezolana. “Me gustaría acabar mi bachillerato (…) También había cosas peligrosas como la inseguridad. Mis amigos fueron asesinados”.

Danny tiene 20 y se salió del colegio cuando cursaba el segundo año de bachillerato. Su hija está en Guarenas, estado de Miranda, y quiere trabajar para mantenerla. Lleva cuatro días en Quito. Debido al frío de la capital se enfermó de la garganta y tenía fiebre. La gente que lleva comida todas las noches le proporcionaron medicinas.

Aspira estabilizarse económicamente en Perú y luego retomar el colegio. A futuro, quiere estudiar Ingeniería en Petróleos en la Universidad.

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