20 de June de 2010 00:00

La medida no redujo la venta de licor

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Redacción Quito

A las 21:30 del pasado viernes, las bebidas alcohólicas se vendían con absoluta normalidad en una despensa de la calle Foch, en el sector de La Mariscal.Una clienta, Lolita Egas, salía de ese negocio con una caja de cervezas no retornables. Ella dijo que iba a consumir las cervezas en su casa con unos amigos.

En la despensa, Mishell Vásquez atendía con premura a los clientes que llegaban uno tras otro. La hora pico en este negocio va desde las 22:00 hasta las 03:00, explicó la administradora.

Del total de las ventas, Vásquez calcula que al menos el 60% de productos es bebidas alcohólicas. El otro 40% de ventas se distribuye en frituras, productos lácteos, utensilios de higiene personal, golosinas y bebidas hidratantes y energizantes.

La comerciante calcula que dejaría de percibir aproximadamente USD 600 diarios durante los fines de semana. Por eso, ella no está de acuerdo con la nueva normativa, firmada entre el Ministerio de Gobierno y Turismo.

Mónica Heller, representante de los comerciantes del sector, compara el impacto económico que tendría la medida con las pérdidas que tuvieron los negocios en los cortes de energía.

Los negocios grandes de la zona, que facturan un promedio de USD 20 000 mensuales, reducirían sus ingresos en un 30%. Esto significa una pérdida de aproximadamente USD 6 000 al mes.

En opinión de Heller, los clientes locales y los turistas también dejarían de llegar a los centros de entretenimiento y diversión. “Existe el riesgo de que se cree un mercado paralelo, sin regulación, para el expendio de licor”.

Vásquez tiene dudas sobre los horarios establecidos por el Gobierno para la comercialización de bebidas alcohólicas. “Un policía pasó por aquí y dijo que solo se podía vender hasta las 00:00”.

Pero ella tenía impreso un cartel que anunciaba que el horario de venta de licor y cerveza sería de lunes a sábado hasta las 22:00. “Cómo podemos acatar la medida si no hubo un proceso de socialización de los horarios”.

El dueño de una tienda, que prefirió no dar su nombre, estaba seguro que los ingresos en su negocio se reducirían . “Habrá un impacto negativo en cadena, desde los proveedores, los bares y discotecas hasta los productores de las bebidas. La estabilidad laboral de mucha gente está en juego”.

Cristóbal Rueda, de la Unidad de Vigilancia de La Mariscal, aseguró que los beneficios son mayores. “Durante los controles de rutina vemos que el consumo de alcohol está directamente relacionado con los accidentes de tránsito, peleas callejeras y asaltos”.

Lo mismo opina Roberto Tobar, quien tomaba una cerveza con dos amigos más en la puerta de una licorería. Él cree que cada persona debería moderar el consumo de alcohol para evitar exponerse a un accidente o a un robo.

Pasadas las 22:00, la cerveza, tragos y cocteles aún se servían en algunos negocios del sector.

En la av. Naciones Unidas y República de El Salvador, cinco grupos de personas bebían y conversaban junto a sus autos.

En el sur de la ciudad, las bebidas alcohólicas también se vendieron con normalidad. En la av. Alonso de Angulo, las licorerías atendían a sus clientes pasadas las 23:30. En algunos bares, en la calle Michelena, ofrecían ‘combos’ de licores y cervezas.

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