8 de September de 2012 00:01

Estudio de laboratorio al cangrejo rojo

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El motor del Ucides deja de roncar en la orilla de la isla Mondragón, en el Golfo de Guayaquil.

De la lancha bajan Pablo Ramírez y René Zambrano. Visten jeans raídos, con camisas descoloridas y botas de caucho. Es la indumentaria para entrar al fango de donde extraerán cangrejos rojos. Ramírez, integrante de la Cooperativa Cangrejera Mondragón; y Zambrano, biólogo, tienen la misión de recolectar 30 crustáceos machos y 30 hembras.

Serán parte de un monitoreo que realiza el Instituto Nacional de Pesca (INP).

La nave continúa el trayecto a la Isla Los Ingleses con el cangrejero Fausto Arichábala y el biólogo Walter Ruiz, mientras sus compañeros atraviesan un camino de manglar, que a ratos va tragando las piernas de los caminantes.

200 metros adentro inician su trabajo. Ramírez tantea el lodo y en un punto ingresa su brazo a una profundidad que le obliga acercar su rostro al lodo. “Es macho”, grita, sin sacarlo de la cueva.

Para el cangrejero es fácil identificar el sexo del crustáceo. “Cerca del hoyo se ven las huellas de sus uñas, si son gruesas, es de macho. Las hembras, en cambio, dejan huellas finas”, dice.

En la superficie se confirma lo dicho. El abdomen es triangular (de ser hembra, sería ovalado).

En Ecuador, el consumo de cangrejos es tradicional. Cerca de tres millones de unidades son capturadas cada semana por aproximadamente 5 000 cangrejeros.

Hay prósperos restaurantes que preparan platos con cangrejo o empresas que colocan en percha de los supermercados latas con su carne. Pero la información biológica y de reproducción de este recurso es incompleta: el INP la ha recopilado de forma aislada. Por ello, la entidad amplió su tarea con este producto, de alta importancia socioeconómica.

Desde su oficina, en el sur de Guayaquil, Fedra Solano, responsable del Programa Cangrejo del INP, explica cómo se realiza ese trabajo en cooperación con los pescadores artesanales desde el 20 de enero del 2011. Ese día se firmó un convenio interinstitucional entre INP, Usaid (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y siete organizaciones pesqueras cangrejeras. Ahora participan 20.

Estas últimas recogen datos diarios sobre cuántos pescadores ejercen la actividad, cifras de desembarque y horas de faena.

Además, un equipo del INP sale al campo para recoger muestras de cangrejos: machos y hembras y en el caso de haber hembras ovadas también se toman muestras. La zona de muestreo, además, incluye Naranjal y parte de Puná.

“El objetivo es tener información que ayude a sugerir mejores medidas de ordenamiento”, dice Solano. Hay dos vedas que duran un mes cada una. Una de ellas rige hasta el 15 de septiembre.

Por eso, Ramírez y Zambrano tienen permisos especiales para extraer los cangrejos del mangle. Después de tres horas de trabajo cumplen la meta: 60 especímenes están en fundas transparentes, codificadas con tinta azul. A las 15:30 terminan de lavar los crustáceos en la desembocadura del río Guayas.

Ramírez cree que la cooperación es destacable. “Hasta el 2002, cogíamos seis atados en una jornada. Ahora, capturamos la mitad”. Y agrega que el Ministerio del Ambiente ayudó al delinear zonas de manglar concesionadas a gremios.

El Ucides se aproxima. El sonido del motor de la lancha advierte que la jornada termina. Fausto Arichábala y Walter Ruiz llegan allí. Juntos navegarán dos horas más hasta retornar a Guayaquil.

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