12 de May de 2010 00:00

El emigrante vuelve con proyectos

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Francisco Moreno.

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La rentabilidad no es la misma en Ecuador. Cada mes gana USD 300, monto que no se compara con lo que obtenía en EE.UU. Nancy Ordóñez, de 43 años, vivió en ese país durante 13 años y ahora es dueña de una peluquería-spa con dos locales en la capital azuaya.

Los primeros años en EE.UU. limpiaba casas y cuidaba niños. Ganaba USD 5,60 por hora y se daba tiempo para estudiar cosmetología. En el 2003 abrió una peluquería en el garaje de su casa. Allí laboraba los fines de semana y de lunes a viernes se dedicaba a las tareas de su otro empleo.

fakeFCKRemoveEn total obtenía USD 1 600 al mes. Hace dos años decidió regresar a su natal Cuenca.

Se inscribió en el Plan Retorno que impulsa el Régimen y llegó hace un año. La necesidad de estar junto a sus cuatro hijos pesó más que lo que pudiera ganar. “Sabía que haciendo lo mismo acá (Cuenca) ganaría menos”.

Para instalar sus dos peluquerías, Ordóñez participó en el Fondo Concursable Cucayo. Luego de pasar el proceso (ver puntuales) su proyecto fue aprobado y le entregaron USD 12 000. Este monto es no reembolsable y representa el 25% del total de costo. El resto (USD 36 000) lo puso ella. “Esos fueron mis ahorros”.

El proyecto de Ordóñez es una de las 62 ideas de negocio aprobadas en el Austro por el Fondo Cucayo desde noviembre del 2008. Esos proyectos recibieron USD 720 000, pero como contraparte los emigrantes debieron invertir USD 1,8 millones.

Según el subsecretario del Migrante en el Austro, Juan Peralta, hacer que el emigrante ponga una contraparte ayuda a que esas remesas sean mejor canalizadas. “Así creamos fuentes de empleo”.

Diego Baquero también optó por regresar con su empresa de limpieza Batre. Ese nombre es la unión de su apellido con el de su esposa, Claudia Trelles.

Baquero permaneció en Nueva York durante 15 años y en marzo del 2008 regresó a Cuenca deportado. Una mala gestión de su abogado cuando intentaba legalizarse lo dejó al descubierto y fue obligado a regresar a Ecuador.

Trelles se quedó en EE.UU. y se encargó de tramitar el proceso para regresar a través del programa de retorno voluntario.

Él trabajó para empresas de limpieza privadas y luego se independizó. Atendía a ocho empresas grandes de Nueva York en jornadas que empezaban a las 08:00 y concluían a las 21:00.

La microempresa estaba formada por él, su esposa y un empleado. Se ganaba entre USD 90 y 600 a la semana, pero nunca fue un rubro estable, dice.

La situación en Cuenca no es la misma. No tiene clientes estables y su ganancia asciende a USD 600, pero al mes. “Acá tuve que gastar más para comprar maquinaria y pagar a más empleados”. Tiene cinco trabajadores.

Participó en el Fondo Cucayo y recibió USD 10 000. Con ese dinero compró abrillantadoras de pisos, aspiradoras y otros equipos.

Por su parte, los esposos Claudia Landívar y Ricard Fuster (español) obtuvieron USD 15 000 de ese fondo, pero antes recibieron un crédito de 45 000 de la Corporación Financiera Nacional para abrir Annoa Cosmética.

De sus ahorros salieron otros USD 25 000 para completar la inversión que requería el negocio. En EE.UU. y Alemania compraron balanzas, agitadores y otros equipos para la producción de cosméticos.

Landívar estudió Dermofarmacia y Cosmetología, en la Universidad Autónoma de Barcelona, y trabajó en la multinacional Symrise y Fuster en Coty, que también elaboraba cosméticos. En noviembre del 2007 llegaron a Cuenca por los efectos de la crisis económica en España.

Luego de tres meses de estar radicados en la capital azuaya averiguaron sobre los proveedores que pudieran proporcionar materias primas como emulgentes, extractos de vegetal, emolientes suaves... para elaborar las fórmulas de las cremas. Annoa Cosmética abrió sus puertas en julio del 2009. Al mes elaboran 1 000 unidades y facturan USD 5 000.

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