26 de May de 2010 00:00

‘Las Cámaras no deben ser un trampolín’

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Redacción Guayaquil

¿Cree que el Gobierno ha diseñado una estrategia para quitar poder a las Cámaras de la Producción?

Este es un Gobierno contestatario, pero eso no impide que las Cámaras de la Producción se expresen libremente. Pienso que estas instituciones tienen como rol específico defender a su gremio, hacer críticas y dar sugerencias para las leyes que se deben implementar en el país. Eso, aparentemente, ha bajado un poco.

¿Por qué han bajado el tono frente al Régimen?

No lo sé exactamente. Sí he visto que las Cámaras de Guayaquil, como las de Quito, no tienen un rol protagónico como antes. En la época en la que fui Presidente de la Federación de Cámaras de Industriales (1997-1998) discutimos muchas veces las leyes en el mismo Congreso. En la Ley Tributaria algunos puntos nuestros fueron aceptados. Luego, fuimos recibidos en la Asamblea que hizo la Constitución de 1998, para exponer nuestros puntos de vista. Los ministros contaban con la opinión de las Cámaras para poder discutir las leyes.

En la actualidad, solo la Cámara de Acuacultura realiza reclamos similares. ¿Está dividido el gremio?

Hay dispersión de las cámaras. En los países más desarrollados existe una sola cámara que los representa y, en consecuencia, es un solo gremio fuerte.

En Ecuador está el Comité Empresarial, que dirige Blasco Peñaherrera Solah.

Pero su único rol, hasta ahora, es para efectos de negociar mercado en el exterior. Mientras no haya cohesión entre las Cámaras es muy difícil. Anteriormente, se unían los gremios de Quito y Guayaquil para un mismo fin.

Su padre, Luis Orrantia, lideró un paro empresarial que, en 1966, incidió en la salida de Ramón Castro Jijón. ¿Después de eso ganaron otras batallas?

Cuando fue presidente Fabián Alarcón se creó una serie de impuestos, entonces con las Cámaras de Quito y Guayaquil iniciamos una rebeldía tributaria. Dijimos a los afiliados que dejen de pagar y, en 15 días, el Gobierno tuvo la sensibilidad de reunirnos y trabajamos el proyecto juntos.

¿Afectó a la credibilidad de las Cámaras el hecho de que se las haya vinculado con el sector bancario que protagonizó la crisis de 1999?

La crisis bancaria no tiene por qué haberle quitado credibilidad. Esa es una falsa impresión que dejaron los últimos gobiernos. Porque cuando las cámaras salieron a protestar no lo hicieron para defender los bancos sino el sistema que se estaba cayendo (Marcha de los Crespones). Fue la última pelea de las Cámaras y no la supieron aprovechar, porque no tenían propuestas claras.

Ustedes eran juez y parte cuando integraban el Directorio de las Aduanas.

La empresa privada tenía uno o dos representantes de siete. Mayoría siempre fue el Gobierno. El sector privado aportó mucho a la modernización de las Aduanas.

¿Ahora, cuál debiera ser el rol de las Cámaras?

Deben hacerse oír. Somos los válidos representantes de la empresa privada. Aunque en algún momento pudo haberse politizado un poco. Su obligación es trabajar con el Régimen, pero si este no está haciendo las cosas bien, tiene que decirle “vámonos por este otro camino”. Deben ir al Congreso y pelear.

¿Están politizadas las cámaras de la Producción?

Más que politizadas, eran amigos de políticos.

Algunos dirigentes gremiales fueron candidatos por el Partido Social Cristiano.

Digamos que respetaron mucho al PSC. La presidencia de una Cámara no debe ser un trampolín político. Uno que otro fue ministro, pero no debieron hacerlo. En todo caso no tuvieron mucho éxito en esos cargos.

Parecería que en la actualidad el rol de las Cámaras de la Producción se limita a la capacitación de sus socios.

Está muy bien la capacitación, pero se cambia el rol primordial por uno secundario. Se vuelve un club social. Lo básico es defender los principios de la empresa privada. Que haya en el Ecuador un ambiente de trabajo y confianza para poder desarrollarse. Se puede encontrar con un Gobierno que no tiene apertura para la empresa privada, pero hay que insistir en el diálogo y dar propuestas.

¿Un dirigente de las Cámaras debe dedicarse solo a representar al gremio?

A finales de los 60, mi padre -entonces presidente de la Cámara de Comercio- renunció a su trabajo durante su gestión gremial. Cuando fui presidente tenía negocio propio, pero actué en función de la Cámara; lo que le pasaba a mi negocio era el riesgo que me tomaba, porque estaba defendiendo intereses de muchos agremiados. Me debía a ellos y no a los intereses personales.

¿Cree que el gremio pecó de elitista ?

No elitista, sino que a veces la figuración mata.

¿Es correcto que los presidentes de las Cámaras opinen en temas políticos?

Lo político y lo económico a veces se yuxtaponen y en ese momento hay que enfrentarlos. Cuando en el Congreso están discutiendo más impuestos, ahí las Cámaras deben hablar con los políticos para que cambien las leyes. Jamás sugerir un ministro.

¿Estos errores le han servido de argumento al Gobierno para restarles peso?

Ayudó. Pero el Gobierno generalizó esta cuestión de que las Cámaras, en algún momento, pudieron estar muy unidas a un partido. El Régimen no les da mucho acceso al diálogo. Sin embargo, no ha habido el reclamo del gremio.

¿POR   QUÉ ESTÁ  AQUÍ?

Su experiencia.  Presidente de la Federación de Cámaras de Industrias del Ecuador  y de la Cámara de Industrias de Guayaquil (1997-1998). Director de la Junta de Beneficencia (2006-2010).     

Su punto de vista.  Las Cámaras deberían involucrarse en el debate de las leyes.

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