9 de mayo de 2017 00:00

Negocios se levantan con ahorros y más crédito tras el terremoto del 16 de abril

FOTOS: BOLÍVAR VELASCO/ EL COMERCIO  Esta ferretería de Portoviejo reabrió luego de que sus propietarios repararon los daños que provocó el sismo.

Esta ferretería de Portoviejo reabrió luego de que sus propietarios repararon los daños que provocó el sismo. Foto: Bolívar Velasco / EL COMERCIO

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Bolívar Velasco

Una vía de cuatro carriles separa al local de encebollados de René Peralta con la playa de Tarqui, en Manta. El establecimiento está en un terreno de tierra donde hay un ‘camper’, una cocina y decenas de sillas con mesas plásticas.

Este negocio se reactivó bajo esas condiciones hace ocho meses, cuando Peralta se vio en la necesidad de trasladarlo para captar más clientes.

Su antiguo restaurante de comida marinera era un referente en la zona comercial de Tarqui, pero se destruyó en el terremoto del 16 de abril del 2016. Al igual que ese local, otros 11 500 se perdieron en Manta y Portoviejo, según Alba González, presidenta de la Federación de Cámaras de Comercio de Manabí.

Este gremio sostiene que actualmente el 80% de estos negocios ya se ha recuperado con créditos de la banca estatal, capitales privados y recursos propios de los afectados.

Solo los préstamos de las entidades públicas, en las que se incluye la Corporación Financiera Nacional (USD110,3 millones), BanEcuador (119,8) y la Corporación de Finanzas Populares (35,9) alcanzaron los

USD 266,1 millones, según un último informe del Comité de la Reconstrucción.

A este apoyo se sumó la inversión de las empresas privadas, que emprendieron diferentes programas dirigidos a pequeños y medianos comerciantes. Por ejemplo, Corporación Favorita donó USD 2 millones para la creación de un fondo de reactivación económica para comerciantes.

Y así como Peralta, quien accedió a un préstamo de
USD 3 500 de BanEcuador, son varios damnificados quienes ya han recibido esta ayuda.

Los clientes de este emprendedor evocan al antiguo sitio que se destruyó con el terremoto del 16 de abril del 2016, con sillas y mesas de madera, televisión y aire acondicionado permanente. Ahora el restaurante está en una planicie frente a Tarqui, donde una carpa de lona evita que el fuerte sol interrumpa a los clientes que no han dejado de acudir.

BanEcuador, una de las entidades que ha inyectado capitales para los afectados, informó que 17 826 familias de Manabí y Esmeraldas, las provincias más afectadas por el sismo, se han beneficiado de los créditos hasta el 8 de mayo pasado.

Los préstamos se otorgaron a 10 años plazo y con un período de gracia de hasta seis meses. Solo en Manabí el monto de los créditos con esta entidad ascendió a USD 92 millones con 14 374 operaciones.

La entidad agregó que con estos créditos se reactivaron actividades de comercio, pecuarias, agrícolas, pesqueras artesanales y de servicios.

María Valencia, dueña del restaurante Marithza, ubicado en la playa de Tarqui, volvió a su local 15 días después de ocurrido el sismo.

Entonces encontró el piso del establecimiento con la baldosa destruida totalmente, las paredes de madera quebradas y toda la vajilla y utensilios de cocina averiados.

Ese escenario fue un golpe adicional al que ya había sufrido por la pérdida de su vivienda. No obstante, a los pocos días logró reunir USD 3 500 para reconstruir el restaurante, luego de tocar las puertas de su familia y de la banca.

Ahora las ventas de platos típicos no llegan a los USD 70 diarios que se hacía antes del sismo, porque son pocos los clientes que se arriesgan a llegar a Tarqui, donde está el local. Pero Valencia sigue firme en su emprendimiento porque de este dependen sus ingresos.

Por otro lado, los ahorros fueron el salvavidas para quienes evitaron endeudarse con la banca. Fue el caso de Richard Gines, quien tenía

USD 6 000 que juntó con su hijo para montar de nuevo su negocio de diseño e imprenta, que resultó afectado al estar en la zona cero de Portoviejo.

Por ahora, Gines tiene pocos clientes, pero trata de vender otros artículos en su local, como agua embotellada, para tener más ingresos.

Junto a este local, trabaja Laura Briones, quien intenta levantar su negocio de sastrería y confección con las máquinas de coser que logró recuperar luego del terremoto.

Por el inicio de clases, Briones se benefició de un contrato con el programa Hilando el Desarrollo para elaborar uniformes escolares. Con esos recursos, reconstruirá tres columnas de su local que quedaron afectadas.

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