24 de August de 2010 00:00

Un secuestro de autobús deja nueve muertos

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Redacción Mundo/

Al menos ocho turistas murieron en una toma de rehenes en un autobús en Manila, que terminó con la intervención de la Policía y la muerte del secuestrador.

“El incidente culminó trágicamente, al morir ocho civiles inocentes ” , dijo el presidente filipino Benigno Aquino en un comunicado difundido tras un encuentro con oficiales de la Policía.

En el vehículo viajaban 25 personas, 21 turistas chinos de Hong Kong y cuatro filipinos.

El asaltante de 55 años, ex capitán de Policía, identificado como Rolando Mendoza, estaba armado con un rifle automático M-16. Mendoza detuvo el autobús, que llevaba inicialmente 25 personas a bordo, en un camino dentro del parque más grande de Manila. Llegó a liberar a nueve de ellos.

El ex policía reclamaba que se revisara el proceso por extorsión y abuso de poder que terminó con su expulsión del cuerpo en febrero del 2009 tras haber sido acusado de robo, extorsión e infracciones relacionadas con la droga.

Un hotelero había denunciado a Mendoza asegurando que le pidió 500 dólares de soborno por estacionamiento ilegal en EL 2008. Además, según la víctima, el oficial lo obligó a tragar un sobre con drogas ilegales. Antes de ese incidente, Mendoza había recibido 17 premios desde el comienzo de su carrera, en 1981, y preveía retirarse en enero como oficial condecorado. Tal vez por eso, al comenzar el secuestro las autoridades se mostraron optimistas, sobre todo cuando Mendoza liberó “por cortesía” a nueve rehenes, incluidos tres niños.

“No hagas nada. Solo dame tiempo para explicarles nuestras reivindicaciones”, le dijo su hermano Gregorio por teléfono. Pero Mendoza no le hizo caso y rechazó incluso una carta de la defensora del pueblo, que le prometió analizar su apelación e insistió en que sería restituido en su puesto.

En pocos minutos, un equipo de la Policía se reunió en un costado del autobús después de que el secuestrador afirmó haber disparado contra dos de los rehenes, que mantenía secuestrados desde hacía unas 10 horas.

Las imágenes del secuestro fueron seguidas en directo por televisión en todo el mundo.

“Los equipos de asalto están rodeando el autobús y sé que quieren matarme”, advirtió el secuestrador a través de una radio antes de que la Policía intervenga.

La Policía comenzó a golpear los parabrisas con un mazo. Después de varios intentos, lograron romper una ventana, pero ante cualquier intento de ingresar en el vehículo, Mendoza disparaba. Las fuerzas especiales lanzaron entonces una bomba de gas dentro. Un tirador de élite vio a Mendoza avanzar hacia la parte de adelante del autobús y le disparó.

El cuerpo sin vida del secuestrador quedó colgado hacia fuera por la puerta delantera del bus.

El conductor pudo escapar durante la operación de la Policía.

“Es un día triste para el país”, lamentó el ministro de Turismo, Alberto Lim. “Una mancha negra para nuestra imagen en el mundo. Estamos realmente muy apenados y pedimos disculpas al pueblo de Hong Kong”.

En la isla, donde la impericia de las fuerzas de seguridad filipinas causó indignación, esas palabras sonaron a poco.

“Esto es muy, muy trágico”, dijo el líder de Hong Kong, David Tsang. “Me pareció muy decepcionante la forma en la que se manejó la situación, sobre todo su desenlace”.

Este incidente recuerda una toma de rehenes en el 2007, cuando un hombre que sufría trastornos psicológicos y armado con una granada secuestró a 30 niños, que liberó al cabo de diez horas.

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