16 de May de 2010 00:00

El ojo del sur busca vida extraterrestre

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IPS

La instalación en la región de Antofagasta del telescopio más grande del mundo puede convertir a Chile en líder en investigación astronómica y propiciar el despegue de otras disciplinas científicas.

El cerro Armazones, de 3 060 metros de altitud en pleno desierto de Atacama, fue elegido por el Observatorio Europeo Austral (ESO) para apostar su última joya, destinada a encontrar, gracias a su capacidad de detectar atmósferas, planetas fuera del Sistema Solar que alberguen vida. Se trata del Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT), óptico-infrarrojo, que tendrá un espejo primario de 42 metros de diámetro y un costo de 1 500 millones de dólares.

“De aquí a fines de la década, Chile va a concentrar el mayor número de instrumentos de observación y se va a transformar en un gran centro astronómico mundial”, asegura el director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, Mario Hamuy.

Los trabajos de Hamuy y de otros astrónomos chilenos y extranjeros en el campo de las estrellas supernovas ayudaron al descubrimiento de la expansión acelerada del universo.

La responsable de este fenómeno es la llamada energía oscura, que constituye el 70 por ciento del contenido del universo. El E-ELT podría jugar un rol crucial en determinar el origen de esta misteriosa materia, apuntó el científico chileno.

En Chile existen además los observatorios Cerro Tololo, operado por un consorcio de universidades privadas estadounidenses, y Las Campanas, del Carnegie Institution for Science, con sede en Washington.

“La comunidad astronómica nacional se ha desarrollado mucho en los últimos 15 años, especialmente porque tenemos acceso al 10 por ciento del tiempo de observación de todos los telescopios extranjeros instalados en el país”, explica el presidente de la Sociedad Chilena de Astronomía, Leopoldo Infante.

El Estado chileno tiene la oportunidad de transformar al país en líder en investigación astronómica con una modesta inversión, pues las condiciones de las que goza Antofagasta son excepcionales. Para ello debería “focalizar recursos” para el “diseño y construcción de instrumentos” de observación propios, propone Infante

“Falta entrar en la etapa de la transferencia tecnológica, para lo cual se necesita más incentivos estatales”, dijo Infante, también director del Centro de Astro-Ingeniería de la Universidad Católica, quien participó en el descubrimiento de la galaxia más alejada de la Tierra.

El gobierno parece haber captado el mensaje: la presidenta interina de la gubernamental Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, María Elena Boisier, aseguró que se trabaja en un plan de fondos para el desarrollo de instrumentos y áreas como la ingeniería y las tecnologías de la información asociadas al E-ELT.

Para el presidente de la Academia Chilena de Ciencias, Juan Asenjo, los logros en el campo astronómico “deberían extrapolarse también a otras disciplinas científicas”, como la geofísica, la física experimental y la geología.

“La sociedad chilena, no tiene idea de que aquí se hace ciencia de primer nivel mundial y no existe el concepto de que los desarrollos científicos llevan a una mejor calidad de vida”, contó Asenjo, ganador en el 2004 del Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas.

Asenjo trabajó con sismólogos chilenos que en la década del 90 predijeron la ocurrencia de un devastador terremoto en la zona centro y sur del país, tal como sucedió el 27 de febrero pasado. Esos trabajos nunca tuvieron la difusión y el impacto que merecían dadas las graves consecuencias que tienen estos fenómenos naturales.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, prometió elevar la inversión en investigación y desarrollo del actual 0,7 por ciento del producto interno bruto a 1,2 a fines de su mandato en 2014.

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