23 de May de 2010 00:00

Marroquín: He tenido un sueño permanente por la paz

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Flavio Paredes Cruz

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A sus 16 años no tuvo mayor opción, tomó el directorio telefónico, descartó los apellidos mafiosos y 10 minutos después Juan Pablo Escobar pasó a llamarse Sebastián Marroquín... por el resto de sus días.Esa fue la sentencia que debía cargar por los actos de su padre, el capo colombiano del narcotráfico Pablo Escobar. Ese también fue el precio que pagó para rehacer su vida en Argentina, donde a pulso de reflexiones y de pedir perdón intenta vencer el estigma.

El documental ‘Pecados de mi padre’, de Nicolás Entel, muestra la situación de este hombre de 32 años, reconstruye la vida de Escobar y da voz a los hijos de dos políticos víctimas del líder del cartel de Medellín. Una línea conciliadora atraviesa el filme.

Según se mira en el documental, su padre le consideraba un pacifista...

Tuve discusiones acerca de la violencia indiscriminada que él generaba, pero él siempre tenía respuestas para justificarla. Le remarcaba que estaba rodeado de aduladores que aplaudían su violencia y le demostraba que todo eso vendría contra su familia, como ocurrió. Siendo niño rico o en la clandestinidad, he tenido un sueño permanente por la paz.

Tras los hechos del filme, ¿ha hallado su paz interior?

En alguna forma estoy tranquilo como para dormir en las noches, siento que estoy haciendo las cosas de la manera correcta. Pero que aún hay mucho por hacer, pues el pedido de perdón se extiende hacia la totalidad de las víctimas de mi padre.

La gente le aplaude después de la proyección...

Es difícil entender por qué se aplaude a una historia tan cruel. Cuando las palmas se vuelven a mí, no sé si debo pararme en el escenario u ocultarme; pero me sorprende el cariño de la gente, es extraño sentirlo. Hasta ahora no he recibido un zapatazo.

(Ríe y el humor matiza un relato de experiencias duras. Su risa ha cambiado, ya no es la del niño que jugaba en la piscina de la Hacienda Nápoles sino la de un hombre que mira hacia sus adentros. Su palabra es serena, ya en nada se parece a la del adolescente que cegado por el dolor y la rabia gritaba: “¡Yo solo mato a esos hijueputas!”, cuando el capo cayó abatido en un tejado de Medellín).

¿Qué opina sobre los libros y filmes alrededor de la figura de su padre?

La inmensa mayoría de esos autores ha escrito sobre mi padre y jamás lo conoció personalmente; entonces son unos grandes improvisadores, que han hecho que el mito crezca y han permitido que cualquier mentira parezca una realidad. Me he aburrido de encontrar incoherencias y distancia del personaje con el que viví tantos años; pero a mí no me engañan, mi nivel de conciencia me ha permitido comprender a mi padre en toda su dimensión.

Pero esos productos se siguen realizando...

Vamos a ver a Pablo Escobar como a Al Capone en las películas; que sería bueno siempre y cuando deje un mensaje positivo y rescatable para la sociedad, si no es la mera explotación de una figura, como ocurre con el Che.

(El documental de Entel ha puesto a Marroquín otra vez bajo el ojo público. Mientras se acomoda en un sillón, en el vestíbulo del Hotel Quito, un destello se desprende de la alianza dorada que reposa en su anular izquierdo).

¿Tiene familia?

Soy casado, tengo ocho años de matrimonio y 18 de convivencia. No quería tener hijos porque pensaba que iban a cargar los pecados de su abuelo; pero ahora, le pido a Dios que bendiga mi hogar con un hijo. (Al igual que su padre es un hombre creyente. Del cuello de Sebastián cuelga un rosario de cuentas negras, apenas visible por el doblez de su camisa).

¿Qué piensa de la muerte?

Es un cambio de estado. Nadie se muere, pasamos a hacer cosas que en el plano físico no es posible. Acepto la realidad y acepto la muerte como parte inmaculada de la vida.

No la teme...

No es que no la tema, pero creo que sería arrogante pensar que necesitamos de una sola vida para aprender todo lo que hay.

(Tras sentir el hambre, la falta de libertad, la culpa y la soledad, mientras millones de dólares servían solamente para avivar el fuego de la chimenea, Marroquín aplicó la lección aprendida: se alejó del narcotráfico, evitó seguir los pasos de su padre. Él es arquitecto y vive modestamente).

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