28 de July de 2010 00:00

El éxodo de inmigrantes desde Arizona comenzó antes del 29 de julio

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Olga Imbaquingo.

Nadie entró a echarlos de sus casas. Ellos mismos ya se han ido, se están yendo o se van a ir del estado de Arizona, donde mañana jueves, de no mediar una orden judicial, entra en vigencia la ley antiinmigrante. Es la norma más dura que en la historia de EE.UU. se haya aplicado en contra de los inmigrantes sin papeles.Detener que esta ley, llamada SB 1070, se efectivice solo está en manos de la jueza Susan Bolton. Pero con o sin disposición de última hora, el daño está hecho: Arizona vive un éxodo, lleno de lágrimas y desesperación de las familias indocumentadas que huyen de la persecución que la ley traería. “Los he llamado, les he dejado mensajes, esos teléfonos parece que no funcionan y no me responden, eso me hace pensar que ya se han ido”, dice Byron Salazar, presidente de la Asociación de Ecuatorianos en Arizona.

Él asegura conocer de varios casos de ecuatorianos que están alistando maletas. “De los más seguros y que ya se fueron es de esta familia. No tenían destino fijo, hace tiempo llegaron desde Nueva York y me dijeron que ahora partían rumbo quizá a Chicago o a Minesota, donde tienen parientes. Estaban devastados”.

La televisión estos días muestra imágenes de esposas llorando mientras empacan sus pertenencias. Son 18, 20 y hasta 25 años que han vivido en Arizona y ahora tienen que abandonar lo que ellos creían era el hogar de toda su vida. Cuando llega la noche o antes de que amanezca encienden el auto y se van con apenas pocas maletas.

El estado de Nuevo México es el destino para muchos. Allá van a empezar de nuevo. “Yo trabajo en mantenimiento de edificios, es espantoso ver cómo esas que eran oficinas están cerradas porque ya no tienen clientes. Aquí había un mercado como el de Ipiales (centro de Quito) donde los latinos iban en multitudes a comprar, acaban de anunciar que lo van a cerrar, nunca me imaginé que eso podría ocurrir”, dice Salazar.El sur y el oeste de Phoenix, capital de Arizona, son las áreas más devastadas, donde hay calles enteras vacías, sin gente, sin negocios y sin vigilancia.

La nueva noticia en la ciudad es que el porcentaje de delincuencia está en aumento. “Se están yendo más que antes. Conozco de gente que ya tiene empacado todo y solo espera que la jueza Bolton detenga la ley para desempacar y quedarse, de lo contrario se van”, dice el veterano de guerra de Vietnam, Manuel Martínez, quien permanece en la vigilia que se realiza en Phoenix.

Lorena Aguilar es una madre nicaraguense quien no puede llevarse sus pertenencias porque donde quiera que vaya no tendrá espacio. Ella ha preferido convertir a la acera de su casa en un puesto de venta de su televisión, lámparas y ropa.

“Todo el oeste y el sur de la ciudad está lleno de ventas de cocinas, refrigeradoras, mesas, camas y colchones. Es de la gente que ahorita mismo espera vender lo que tiene para irse”, cuenta desde Phoenix el mexicano José Luis Razo. “Es un mar de lágrimas lo que se está viviendo”, afirma.

El vocero de la gobernadora Jan Brewer, Paul Senseman, hace pocos días reconoció que no hay cifras oficiales de cuántos inmigrantes se han ido del estado, pero aseguró que tenía muchos reportes sobre el éxodo. “Si la ley significa que hay menos gente rompiendo la ley eso es un logro”, dijo.

Este hombre especialista en gabinetes de cocina y salones vive con su familia en una barriada de casas móviles. Asegura que muchos de sus conocidos ya se han ido de allí, “pero yo me quedo, no me voy a ir aunque mi esposa está temblando de miedo y me preocupa que ella sufra un infarto. ¿Adónde voy a ir?”.

No quiere regresar a Naulcapan de Juárez por temor a la violencia y porque es un hombre desencantado de los políticos y de su país. “Allá no nos querían y ahora no nos quieren aquí. Mi esperanza es que mi patrón me defienda, él me pondrá un abogado para que me saquen si me detienen. Tengo un récord derecho, pero conozco muchos que también estaban limpios e igual los aventaron a México”, agrega.

Aunque también hay otro sentir que es el de los que “dicen que se quedarán a enfrentar venga lo que venga, porque si la ley entra en vigencia va a pasar lo mismo que ya venía pasando, lo único nuevo que van a certificar es el abuso”, dice el ecuatoriano Arturo Jaramillo.

El compatriota tiene un pedido para los ecuatorianos: “Solo consideren venir a Estados Unidos como la última opción, ya no es el país de las oportunidades, aquí estamos sobreviviendo a un costo altísimo”.

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