21 de March de 2010 00:00

La CIA se juega la vida por Castro

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Redacción Cultura

El detective Cayetano Brulé protagoniza una nueva aventura en varios y disímiles escenarios: en los vericuetos de la Habana vieja, en el oropel de Miami, en la lluviosa y lejana isla de Chiloé y en Valparaíso, de casas arrumadas al filo del mar.

El novelista chileno Roberto Ampuero es el padre literario de Brulé, el detective escéptico, acucioso, amante hasta el delirio de Débora Pessoa, “una trigueña de 30 años, ojos vivaces y llamativa figura”, lleva anteojos y un bigote similar al de Pancho Villa.

Brulé es el personaje central de ‘Halcones en la noche’, novela negra que circula en Ecuador con el sello Verticales de bolsillo del Grupo Norma.

El lector asiste a un thriller, cuyo detonador se activa con la detención del general cubano, Horacio de la Serna, quien lidera la Operación Foros, que se proponía obligar a Fidel Castro a renunciar al sempiterno poder. El plan fue urdido desde Miami por una organización secreta llamada Restauración Democrática; sus líderes fueron asesinados. Sobrevivió uno, Constantino Bento, un empresario, víctima en la niñez de las huestes castristas.

Bento contrata al mercenario Lucio Ross para que ejecute un plan más radical: acabar con el Comandante -así nombra a Castro. Aquí, la trama adquiere una vuelta de tuerca cinematográfica: La CIA se entera del posible magnicidio. Y considera que a EE.UU. no le conviene que Castro deje este mundo, por eso mueve todos sus hilos para defender la vida del Comandante...

Cuba sin su octogenario líder se convertiría en un caos, los cubanos abandonarían su país, ya sin la férrea mano del líder.

“Hay que imaginarse -dice un agente de la CIA- una estampida de millones de cubanos en lanchas, botes y balsas con destino a Florida; a nuestros guardacostas en el golfo deteniendo o hundiendo las embarcaciones (...). Ese espectáculo acarrearía una ola de protestas mundiales, el incremento del terrorismo en contra nuestra”. Para frenar el plan, la Compañía obliga a Brulé a detener al asesino. Lo hace tendiéndole una trampa...

La novela es seductora por las pinceladas narrativas que logra Ampuero. Los capítulos son breves -de una página y media. Con un lenguaje claro y poético traslada al lector a conocidos e insólitos parajes. Asimismo, hace magníficos retratos de los personajes. Una escena inolvidable ocurre cuando el general cubano es delatado. “-Lo sabes bien De la Serna -repuso el ministro mientras la silueta del Comandante se desvanecía en las penumbras con las manos a la espalda y se apagaba el eco de sus botas sobre las baldosas”. Valparaíso aparece con sus callejuelas empinadas, el mar de bruma, los ascensores subiendo los cerros. BRV

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