2 de April de 2014 12:45

La búsqueda del Malaysia Airlines destapa el problema de la basura en el mar

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Cuando los equipos de rescate del vuelo MH370 miran concentrados al mar, ven a menudo restos flotando: un objeto naranja, una boya, un cosa cuadrada azul, un artilugio oxidado, algún cabo.

Hasta la fecha, nada de todo eso ha podido ser identificado como parte del desaparecido avión de Malaysia Airlines. Todo lo que la tripulación de los barcos implicados en el operativo ha rescatado del mar es simple y llanamente basura.

Y todos estos restos, que llegan a conformar islas flotantes de redes de pesca, plásticos y maderas, no solo entorpecen la búsqueda del avión, sino que suponen un enorme peligro para el mundo animal. "Muchas tortugas marinas, como la tortuga laúd, se alimentan se medusas. Cuando ven bolsas de plástico flotando, como las que se usan en la compra de la fruta, se creen que son medusas, las ingieren creyendo que se trata de comida. Y eso es su ruina", explicó Stephan Lutter, experto en la protección de mares de la organización World Wide Fund For Nature (WWF).

A diario acaban en el mar ocho millones de piezas de basura, estima el WWF entre bidones, botellas de plástico, cepillos de dientes o maquinillas de afeitar desechables (que en tres cuartas partes están compuestas de plástico). En el mar necesitan décadas o incluso siglos para descomponerse.

"He recogido incluso un frigorífico del mar", dice Britta Denise Hardesty, ecologista del centro australiano de investigación CSIRO. Las olas y las corrientes rompen en pequeñas partes toda esa basura. "Ante la costa oeste de Australia, donde se cree que el avión se debió de estrellar, flotan entre 5 000 y 30 0000 minúsculos restos de basura en un kilómetro cúbico de agua", señala.

Pájaros como el albatros confunden las bolsas de plástico con alimento y las ingieren. "En sus estómagos hemos encontrado linternas como las que usan los pescadores, pero también balones, cintas, mecheros o tapones de botellas", dijo Hardesty. "Los pájaros se mueren de hambre con el estómago lleno".

También las redes de pescadores que se tiran por la borda o se pierden suponen un problema para los delfines o las focas. "Nosotros las llamamos redes fantasma". Ningún mar se libra ya del plástico, señala Thilo Maack, activista por la biodiversidad de Greenpeace. "He visto imágenes de una silla de plástico que estaba a 9 000 metros de profundidad".

Las grandes corrientes hacen que una botella de plástico que se lanzó en la costa este de África aparezca en una playa de Indonesia. Todo esto conforma en los mares acumulaciones de basura. La más conocida es el "Great Pacific Garbage Patch", en el Pacífico norte, que tiene las dimensiones de Europa central. "Allí estuve buceando y a contraluz veía cómo el sol se metía por las minúsculas partículas de plástico de apenas medio milímetro", explicó Maack. Esas partículas son casi tan pequeñas como el pláncton y las ballenas la ingieren.

En algunos medios se ha informado de barcos fantasma o de casas enteras que aparecieron flotando en el mar tras el tsunami en Japón.

A ello se suma que a veces los cargueros pueden llegar a perder un container de su carga. La pérdida más conocida es la de uno lleno de patos de goma amarillos que años más tarde todavía aparecían en las costas del Pacífico y el Atlántico. "Los cargueros son una gran preocupación para nosotros, pero la mayoría no son fáciles de hundir", señalan Jon y Sue Hacking en una consulta por email.

Los Hacking navegan por el mundo desde 2001 con su yate "Ocelot" y actualmente se encuentran en Malasia. Una de las mayores preocupaciones para su catamarán son las trabillas de las embarcaciones pesqueras que son abandonadas en el mar o los troncos de árboles a la deriva.

A ello se suman las botellas de plástico, el corcho o las cuerdas y redes de plástico. "Cuando navegamos vemos normalmente a diario cualquier basura", relataron. Ahora resulta difícil saber dónde podrían estar los restos del avión desaparecido hace casi cuatro semanas, según el oceanógrafo Jochen Kämpf, de la universidad australiana Flinders. "Aun cuando conociésemos el lugar exacto del siniestro, el área de búsqueda tendría una dimensión enorme", dijo.

La razón de ello son los casi incalculables remolinos en el agua. "Son como los fenómenos meteorológicos en la atmósfera con un radio de cientos de kilómetros", explicó Kämpf. Los objetos flotantes se mueven ahí a una velocidad de 43 kilómetros al día y podrían ir de un remolino a otro. "La alterabilidad es enorme".

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