20 de June de 2010 00:00

Angrydolls, una terapia para los iracundos

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Redacción Siete Días

¿Ha perdido alguna vez los estribos? ¿Se ha sentido como una olla de presión a punto de estallar? ¿Gritó o sintió ganas de golpear a alguien?

Todo el mundo se enoja. Lo difícil es saber qué hacer con esos fuertes sentimientos.

Como forma de terapia y desahogo, el diseñador Daniel Unda creó los Angrydolls, unos muñecos de suave textura y una maleabilidad especial, con el fin de depositar en ellos el mal humor, el estrés, la frustración, y en general, todas las malas energías.

“La idea surgió de una mala relación que tuve. Me topé con una persona hipersensible que reaccionaba por todo, tenía una tendencia peleona”.

Empezó dibujando caricaturas de gente enojada y esos dibujos derivaron en la creación de “muñecos inspirados en personalidades que me molestaban, incluso ciertas cosas que molestan de uno mismo y eso, lo plasmé en los Angrydolls”.

Los muñecos, de semblante congestionado por su ira, están hechos de tela toalla y rellenos de arroz, lo que los hace ideales para tirarlos, aplastarlos, morderlos y maltratarlos hasta que la mala onda se desvanezca.

De esta manera, consciente o inconscientemente, de una u otra manera, se dejan los pesares en el Angrydoll. Si uno cree que puede dejar sus sentimientos en un muñeco, realmente se lo puede hacer.

“A veces las cosas negativas que pasan en la vida tienen que ser expulsadas de alguna manera. Me pareció una buena idea convertir algo negativo en algo positivo”.

Los Angrydolls, según su creador, tienen diversos usos. Son como un ‘punching ball’ (pelota que usan los boxeadores para entrenarse) a la que se la puede pegar. Por su temperamento ‘furibundo’ y su personalidad fuerte, son buenos guardianes. “Se los puede poner debajo de la almohada para mantener alejados a los espíritus de la cuarta dimensión”.

Además, hay como meterlos en el microondas y calentarlos un par de minutos para utilizarlos como una compresa caliente para aliviar algún dolor.

Tienen tonos color tierra para mantener una connotación pacífica, tranquila, al contrario de su cara y su expresión compungidas por el mal humor.

“No son per sé violentos por maldad, sino por ignorancia. Tal cual como son las personas que se dejan llevar por la ira. Actúan como muñecos, no son ellos mismos, son como cualquier ‘doll’. Actúan irreflexivamente y luego se arrepienten de lo que hacen y dicen. Es la metáfora de la vida, de la gente iracunda que no puede controlarse. Tanto así que llega a ser gracioso”.

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