15 de septiembre de 2016 19:38

Cerca del frente en Siria, un mono es el último residente de un zoológico en Alepo

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Agencia AFP

Cerca de la línea que divide a la golpeada ciudad siria de Alepo, Said el mono, último residente de un zoológico improvisado, mira sorprendido a los niños que se agolpan para verlo, por primera vez después de meses.

La guerra que irrumpió en esta ciudad, con su carga de muerte, destrucción y sufrimiento, no perdonó a este primate bautizado Said ("feliz" en árabe).

Gracias a la tregua instaurada el lunes en Siria, Said, un babuino hamadryas de 22 años, mascota de Alepo, vuelve a recibir visitas en Sabil, el gran parque de la segunda ciudad de Siria, dividida desde 2012. "Cada vez que escuchaba cohetes o disparos, comenzaba a saltar asustado y subía hasta lo más alto de su jaula", relata a la AFP Abdala al Jaghal, de 52 años, quien se ocupa de Said desde su arribo proveniente de África hace
18 años. "Estaba aterrorizado por el estruendo de las explosiones y necesitaba tiempo para recuperar la calma", explica su guardián.

A unos cinco minutos de la línea de demarcación, el parque Sabil, situado en la zona oeste de Alepo controlada por el gobierno, fue abandonado por sus visitantes tras ser blanco de cohetes disparados desde el lado rebelde.

Se puede ver el hoyo causado por un disparo de mortero, a su alrededor el césped y los arbustos quemados y secos. Los otros animales, como los pavos reales, han muerto. Solo quedan algunos patos y Said, que se alimenta de legumbres y pistachos.

'Deprimido y triste'

"Se llama Said porque ha brindado felicidad a los niños y a sus padres durante todos estos años", asegura Abdula. "Era realmente alegre y divertido. Hoy está viejo y triste porque perdió a numerosos admiradores que venían a visitarlo", señala, mientras tiende la mano para ofrecerle algunos pistachos.

Pero Said ignora a su cuidador así como a los niños acompañados por sus padres. Sobre el césped junto a su jaula, algunas migas de pan y unos pocos desperdicios. "Cuando éramos chicos nuestros padres nos traían precisamente a este parque para ver a Said y sus acrobacias", recuerda uno de sus visitantes, Basam Primo, de
35 años, quien vino con sus hijos. "Con la crisis perdió peso, está enfermo y prefiere aislarse desde que perdió a su compañera", agrega.

A pesar de los combates en Alepo, Basam venía de tanto en tanto a ofrecerle manzanas. "Pero lo veo deprimido y triste", lamenta. Su hija le ofrece un zumo que Said bebe rápidamente.

Con el inicio el lunes de la tregua negociada por
Estados Unidos y Rusia, el parque tiene nuevos visitantes.

Los vendedores ambulantes reaparecieron y los niños se divierten llamando la atención del babuino de abundante pelaje gris y sacándose fotos con él.

"Hemos vivido momentos difíciles en Alepo y Said los compartió con nosotros", afirma a su vez Asma Diba, una profesora de inglés de 36 años. "Teníamos miedo de que muriera de hambre o víctima de un cohete", agrega, con aire triste ante la imagen de desolación del mono solitario en su jaula. "Nos brindó felicidad durante
20 años pero ahora es tiempo de que vuelva a su África natal para que sea feliz", concluye.

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