8 de septiembre de 2016 22:24

A 15 años del 11-S, la amenaza terrorista es ahora doméstica

El One World Trade Center es ahora el edificio más alto de los Estados Unidos. Foto: AFP

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Agencia AFP

Quince años después de los ataques del 11 de septiembre, funcionarios estadounidenses de antiterrorismo dicen que el país está fortalecido contra atentados bien planeados como aquel, pero es más vulnerable que nunca a ataques pequeños y caseros.

Las operaciones antiterroristas tienen la presión de descubrir e interrumpir planes de los partidarios del grupo Estado Islámico (EI) y de Al Qaeda, que se esconden en células menos centralizadas y en las nuevas tecnologías, señalaron los funcionarios.

"Nuestro trabajo se está haciendo más difícil", dijo
Nick Rasmussen, el poderoso director del Centro Nacional contra el Terrorismo, en un balance hecho esta semana en Washington.

La expansión de medios para comunicarse entre ellos, muchas veces a través de populares aplicaciones de teléfonos inteligentes y posibilidad de comunicaciones encriptadas, "les da ventaja" contra las agencias de inteligencia, señaló.

Los ataques del 9/11 dieron luz verde a la guerra de
Estados Unidos contra el terrorismo, inicialmente enfocada en Al-Qaeda y el Talibán.

Pero 15 años después, el objetivo son diferentes grupos como el Estado Islámico, que se ha apoderado de territorios en Siria e Irak, e inspirado ataques dentro de países de Europa y Estados Unidos. Sus atentados son de menor escala que los del 9/11, pero igualmente mortíferos y desmoralizantes.

Por su parte, Al-Qaeda aún existe sin su antiguo líder, Osama bin Laden, pero con miembros, filiales y rivales de ambos grupos operando desde Filipinas hasta África occidental, lo que supone una amenaza más compleja.

"La realidad es que ha hecho metástasis" de la región de Irak y Siria, dijo Frank Cilluffo, director del Centro de Seguridad Cibernética y Nacional de la Universidad de George Washington.

"La amenaza persiste y en algunos casos es más compleja", sostiene. Una serie de ataques sorpresivos han puesto a los "HVEs" -violentos extremistas locales- en el foco de las agencias de inteligencia como amenazas extranjeras.

Entre ellos está el estadounidense de origen afgano, de
29 años, que mantenía simpatía con islamitas radicales y que disparó en junio contra un club gay en Orlando, Florida, dejando 49 personas muertas.

En diciembre pasado, un ciudadano estadounidense y su esposa, ambos con orígenes en Pakistán, mataron a 14 personas en una fiesta navideña en San Bernardino, California.

El programa sobre extremismo de la Universidad George Washington registra 102 personas acusadas en Estados Unidos por delitos relacionados con el grupo Estado Islámico, muchos de ellos reclutados en línea.

La inteligencia de Estados Unidos está siguiendo más de 1 000 casos de posibles extremistas, dijo Rasmussen. Además, los planes se desarrollan y se ejecutan más rápido, y en pequeñas células, lo que hace que descubrirlos sea más difícil para las operaciones antiterroristas.

Los funcionarios estadounidenses creen que el grupo
Estado Islámico será derrotado tarde o temprano en la región de Iraq y Siria, pero eso no terminará con toda la amenaza extremista.

La desintegración del grupo islámico podría enviar a miles de sus partidarios de manera silenciosa a diferentes partes del mundo, que podrían esperar años para construir nuevas células y planes de ataques, dijeron los agentes.

"La amenaza que creo que dominará los próximos cinco años para el FBI será la derrota del califato", o del grupo EI, dijo James Comey, director de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI).

Esto liberará "miles de peligrosos asesinos" entre la población general, muchos de los cuales irán a esconderse en Europa, pronosticó.

"Estamos frente a este 'oscuro' fenómeno en el que no podemos ver a esta gente", agregó.

El otro gran desafío, dijeron los funcionarios, es la debilidad de la inteligencia europea para identificar las amenazas, que explican con la cooperación aún pobre entre agencias de diferentes países.

Rasmussen dice que habría estado más confiado hace una década en la habilidad de Estados Unidos y otros países para trabajar juntos en la lucha contra el terrorismo. Ahora, dice, "siento que estamos empujando cuesta arriba" y la cooperación solo se mantiene fuerte en relaciones bilaterales.

El centro de la lucha es contra la ideología, dicen los oficiales, y Estados Unidos ha tenido poco progreso en combatir la propaganda que han diseñado los simpatizantes de EI y de
Al Qaeda.

El verdadero progreso requiere de estrategias de largo plazo que involucren a las redes sociales, dijo Michael Leiter, de la compañía de defensa Leidos.

Muy poco dinero ha sido entregado a gente en el terreno que lucha contra la radicalización, se quejó.

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