13 de marzo de 2015 18:17

El misterio de las momias en volcán de México sigue oculto bajo la nieve

Dos cuerpos momificados que fueron descubiertos abrazados cerca de la cima de un volcán en México. Foto: AFP

Dos cuerpos momificados que fueron descubiertos abrazados cerca de la cima de un volcán en México. Foto: AFP

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Agencia AFP

Las fuertes nevadas sobre el volcán más alto de México mantienen el misterio sobre los dos cuerpos momificados que fueron descubiertos abrazados cerca de la cima.

Equipos de rescate siguen sin poder recuperar los cadáveres mientras cunde la zozobra entre amigos y familiares de alpinistas desaparecidos.

“Temo que los cadáveres se vuelvan a cubrir (por la nieve), que pase la euforia (mediática) y que queden otra vez en el olvido”, dijo Luis Espinosa, un veterano escalador que ha buscado incansablemente a tres colegas desaparecidos en 1959 al ser arrastrados por un alud en el volcán Citlaltépetl, más conocido como Pico de Orizaba.

Las faldas de esta cumbre, la mayor de México con 5.610 metros de altura, lucían blancas de nieve este viernes, mientras su cima se escondía en una impenetrable neblina.

Las nevadas obligaron el jueves al cierre de carreteras aledañas y las autoridades aplazaron “de manera indefinida” la misión de rescate programada para este fin de semana.

“Sabemos que hay gente inquieta, hay muchos familiares que pueden tratar de pensar que es una tarea fácil. Sin embargo, un rescate a 5.000 metros de altura pone en riesgo la vida de todos”, aseguró Ricardo de la Cruz, director general de Protección Civil, que reportó la caída en las últimas horas de unos 4 metros de nieve en la cima.

Fue el 1 de marzo cuando, por casualidad, un grupo de alpinistas halló un primer cuerpo momificado. Una misión oficial de Chalchicomula, una comunidad del estado de Puebla (centro) asentada al filo del volcán, subió después para constatar el hallazgo.

Tras escarbar en la nieve, se encontró otro cuerpo aparentemente abrazado al primero.

Identidades incógnitas 

Luis Espinosa, que ahora tiene 78 años, está convencido de que los cuerpos son de sus compañeros desaparecidos y asegura que aún falta por hallar un tercer cadáver.

“Ellos son, indudablemente”, afirma este ingeniero químico al mostrar un ejemplar de un diario local del 4 de noviembre de 1959 que relata la “intensa búsqueda” de los alpinistas Alberto Rodríguez, Manuel Campos y Enrique García tras la avalancha.

“Lo confirmé cuando hallaron el segundo cuerpo y encuentran (que llevaba) un suéter rojo” como el que siempre llevaba puesto García, quien era el jefe de la expedición.

Esta hipótesis es secundada por Gerardo Reyes, encargado de llevar el registro de quienes suben a la cara norte del volcán, donde se hallaron los cuerpos.

“No se sabe de nadie más que haya quedado en la montaña perdido. Ni extranjero ni nacional”, dijo Reyes a la AFP en su acogedor albergue para senderistas, mostrando cuadernos con páginas amarillentas donde se registran los alpinistas desde los años treinta.

Sin embargo, también reconoce que hay escaladores que suben a la montaña sin registrarse y que alguno pudo haber desaparecido sin que nadie se enterara.

El alcalde de Chalchicomula, Juan Navarro, dijo haber recibido llamadas de ciudadanos de España y Alemania pidiendo información sobre los cuerpos, pero no se han dado más detalles de estas solicitudes.

Atracción para curiosos

Mientras aguardan a que mejore el clima, las autoridades han tenido que restringir el acceso al volcán ante la curiosidad que despertó el hallazgo.

“Ya cachamos (sorprendimos) a unos alpinistas tratando de subir. Iban directito a las momias” , dijo un funcionario de la alcaldía de Chalchicomula, a 230 km de Ciudad de México.

“Nosotros ya sabemos cómo son de aventados (osados) los alpinistas” ; por eso queríamos mantener esto en discreción, explica Alberto Rangel, uno de los alpinistas que hallaron el primer cuerpo durante una expedición en la que uno de sus seis miembros sobrevivió milagrosamente a una caída libre.

Cuando estaban a sólo 200 metros de la cima, escalando una pared de glaciar con una inclinación de 50 grados, decidieron regresar por las lesiones de varios compañeros. En su ruta, alcanzaron a vislumbrar una mancha en la nieve, algo que les pareció un coco.

Extrañados por la aparición, los alpinistas se desviaron de su ruta para observar lo que resultó ser el cráneo de un humano momificado por la erosión del tiempo. Primero pensaron que sería una persona de la época prehispánica y luego que quizás se trataba de otro amante de las alturas.

Apenas tomaron la primera foto, un alpinista resbaló y se precipitó 300 metros en caída libre. Sorpresivamente, sus lesiones no fueron graves.

“Yo no soy creyente ni nada, pero no sé qué pensar" , dice Rangel evocando entre risas una “protección” por parte del espíritu de las momias.

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