26 de December de 2009 00:00

Mis historias nacen de la memoria y de la imaginación

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Redacción  Cultura

El escritor argentino Carlos Rodrigues Gesualdi visitó hace poco Ecuador para promocionar su novela  ‘Una gata con todos los nombres del mundo’, que ganó el premio internacional de literatura  infantil Julio C. Coba, de la editorial Libresa.
 
¿Cómo un escritor se vuelve  autor para niños?


HOJA DE VIDA
Carlos Rodrigues Gesualdi
Nació en  Buenos Aires, en 1963. Hizo estudios de Filosofía  y fue  profesor  de Filosofía medieval.
Junto con    Antonio Tursi publicó el estudio  ‘Tres tratados averroístas’.
Su primer  libro  fue  ‘Raros peinados’. Luego publicó  ‘Palabra de fantasma’ y ‘Peces gordos’.


Empezó como una alternativa de profesionalización. Cuando yo empecé a escribir en Argentina, la literatura para adultos estaba  muy gobernada por grupos...   Escribí  seis novelas para adultos que no publiqué. Me di cuenta de que era realmente   difícil entrar  con una primera novela en una editorial importante.

¿La literatura infantil ofrecía mejor perspectiva?

En aquel entonces, hace 20 años,  era mucho más salvaje que ahora. Lo que yo quería era escribir y entonces me decidí a escribir una novela para chicos. La segunda novela que escribí me la publicó Alfaguara.

¿Era muy diferente   escribir para adultos?

Tenía una ventaja  porque trabajé con chicos desde los 15 años.  A esa edad tuve mi primer cargo como profesor. Tenía mucho contacto con ellos  y con esa experiencia aprendes a tener el ‘feeling’  de lo que ellos quieren.

¿Y qué es lo que quieren?

No  me refiero a  lo que ellos quieren escuchar sino a  los trucos que necesitas para atrapar su atención. Cuando yo leo en público, por ejemplo, tengo algunos trucos que aprendí cuando era maestro para que me escuchen. Eso no lo necesitas cuando lees para adultos.



“Sí tengo un  lector ideal,  pienso que en realidad  es alguien parecido a cómo era  yo cuando era niño”¿Piensa usted en  un interlocutor ideal cuando escribe libros  infantiles?

Es difícil.  La pregunta por el interlocutor es clave.  Cuando estás metido en la historia siempre se la estás contando como a un público ideal.

¿Cómo es el suyo?

En realidad es alguien parecido a cómo eras tú cuando eras niño. No es que estás pensando en hablarle a alguien sino en cómo sería esta historia vista desde yo cuando era niño...

¿Siempre ha sido  usted?

No siempre.  Tengo un  montón de novelas empezadas que no funcionaron. Lo que pasa es que uno no sabe bien a quién le está contando esa historia.  Vargas Llosa dice que el narrador es el personaje  más difícil de inventar. Cuando sabes a quién te diriges y cómo debes contarla, la historia  sale.

¿Estas  historias  deben evitar aspectos sensibles?

Hay conflictos que en los libros  para niños no aparecen no  porque  uno  los evite sino porque cuando  tú te pones en esa situación no te aparecen. Cuando escribo no necesito pensar que mi texto no sea tal o cual cosa.  Si la historia necesita algo se va a presentar libremente y se lo va a sentir.

¿Sus historias se relacionan más con la memoria  o más con la imaginación  pura?

Utilizo mi biografía en términos emocionales y la invención en términos narrativos. El argumento de la historia es completamente imaginado pero los sentimientos vienen de mi propia biografía. Es decir, lo que yo sentí  siendo niño.

¿Tiene  un ejemplo?

En esta última novela aparece el conflicto de un niño que espera que sus padres le regalen un objeto que desea mucho pero ellos no  se dan por enterados. Algo similar me pasó a mí.

¿Le molesta que el sistema no tome en cuenta a  la  literatura infantil?

Los lectores infantes tienen la enorme ventaja de que son muy honestos. Lo bueno de la literatura infantil es que no estás pendiente de lo que digan tus colegas. El contacto es directo con los lectores. En el caso de la literatura para adultos  ese contacto está muy mediatizado

¿Hay una relación diferente entre los escritores colegas de literatura infantil?

Los mismos tipos que escriben para adultos, por ejemplo, en Argentina, Marcelo Birmajer  o Pablo de Santis, son absolutamente compañeros. Se citan y se admiran en público. Eso no pasa jamás en la literatura para adultos.

¿Su hija influye de algún modo en su escritura?

Hay una novelita que publiqué en España que imaginé con ella. Un día, mientras íbamos caminando al kínder, nos pusimos a   charlar  a ver qué le parecía que podía escribir. Ella es como un informante, como una espía, del mundo infantil...

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