5 de April de 2010 00:00

Dos militares lojanos velan por los juveniles criollos

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Pablo Campos.  Quito

Segundo Seminario, de 54 años, camina rápidamente por las   calles adoquinadas del complejo de Tumbaco. El vértigo parece ser parte de su oficio: siempre tiene cosas que resolver, productos que comprar, asuntos por arreglar.

Desde  el 2005, el militar, en servicio pasivo, de mirada bonachona y piel curtida por el sol, es el administrador de la concentración criolla.   Fue llevado por el entonces presidente Tito Manjarréz. En la  custodia de Seminario  están las tres docenas de llaves del complejo. Además, él siempre está pendiente de las necesidades del equipo de Primera.

Pero esas  no son sus únicas  funciones. Una  de las  principales  tiene que ver con  el cuidado de los  juveniles criollos que viven en el complejo. Actualmente hay 37: 22 que  integran las divisiones inferiores y otros 15 que  están a prueba y están siendo observados por los técnicos de las inferiores.

Seminario no está solo en su misión de cuidar a los juveniles. Lo acompaña un coterráneo suyo: el sargento Ángel  Solano, quien trabaja bajo  sus   órdenes.
  Día a día, los dos militares lojanos tienen que hacer cumplir el reglamento interno   diseñado por la Comisión de Fútbol.

“Hay  faltas leves, graves y muy graves”, cuenta  Solano  mientras sube las escalinatas de la Residencia.  Una falta leve puede ser no tender la cama  o no respetar los horarios de atención en el comedor. En cambio, una sanción grave es faltar a una práctica o no llegar a dormir a la Villa.

Padres  sustitutos, consejeros y amigos  de los jugadores

Seminario y Solano acuden temprano a  Tumbaco.  De acuerdo con el régimen interno de la Villa, a las 07:00, los jugadores juveniles deben despertarse.

Luego de realizar el aseo de sus camas y el  de su dormitorio, los jugadores acuden al comedor para desayunar.  Posteriormente, el grupo se divide:  unos jugadores se dirigen a la cancha de entrenamientos, mientras  otro pequeño   regresa a la villa para completar sus obligaciones  estudiantiles.

De los 35 jugadores que ahora están en  la residencia militar, cinco  cursan la secundaria en el colegio Corazón de María en Tumbaco.  Seminario es su representante y   acude al colegio, al menos dos veces al mes,  para conversar con  los profesores y evaluar el rendimiento de los juveniles.

En la mañana del miércoles 31 de abril,  la lluvia  acompañaba las actividades en el complejo de Tumbaco. En la cancha principal,  el técnico Jorge Luis Pinto repartía instrucciones al equipo profesional. Unas canchas más allá,   un grupo de jugadores juveniles  ensayaban jugadas de pelota parada en las canchas mojadas.

En el interior de la villa también se disputaban partidos de fútbol en la sala de descanso. Pero ese no era un partido real, era un juego virtual: los manabitas Luis Bazurto y Óscar Cedeño jugaban en el ‘playstation’ mientras Diter  Quiñónez los observaba animado.

Los tres son integrantes del equipo Sub 16  y estudian en la nocturna en el colegio Corazón de María. El  intenso juego de pronto se interrumpe con la llegada de Seminario.

El militar retirado vestía  una camisa celeste por fuera del pantalón ‘blue jean’ y una gorra negra con el estampado de una águila.  Seminario   saludaba  efusivamente a los jóvenes. “Ahora están de vacaciones por Semana Santa y tienen más libertad para jugar. Cuando están en clases  tienen que hacer  deberes”.

Cedeño llegó hace dos años al cuadro criollo desde su natal Manta.  Desde entonces, el  ‘sub’ como le dicen los jóvenes es un personaje clave para él. “Es como un padre sustituto. Siempre está pendiente de  nosotros”

De los cinco jóvenes que estudian, cuatro están en la nocturna. Entre ellos,  Cedeño y Bazurto. Este último cuenta que en las mañanas descansan  y  hacen sus deberes . En la tarde  se entrenan con sus categorías  y en la noche acuden a clases. 

“Son jornadas intensas, pero  queremos ser jugadores y también terminar nuestros estudios dice Bazurto, a quien sus compañeros molestan por tener tres celulares. “Tengo un Porta, un Movistar y un Allegro. Hay que estar conectado con todos”

Una villa con nombres de jugadores célebres

En junio del 2009, El Nacional inauguró oficialmente la Villa para sus jugadores juveniles.  En ella, como cuenta el presidente Ángel Sarzosa, los   talentos criollos reciben comida y techo gratis.  Además, reciben ayuda en  el colegio, si deciden estudiar. “En El Nacional buscamos siempre premiar el esfuerzo de nuestros jugadores y sobre todo de potenciar nuestras divisiones inferiores”.

La coordinación de las divisiones inferiores está a cargo del capitán Edwin Cózar, quien supervisa la acción de los entrenadores de todas las inferiores. Pero Seminario y Solano son los encargados de velar por los residentes.

La villa tiene 11 habitaciones  dobles  para los jugadores que ya forman parte de las divisiones  juveniles. Además, frente al edificio hay  otros dos cuartos pequeños, en donde  actualmente están  15 jugadores que están a prueba.

El sargento Ángel Solano    apoya todos los días el trabajo del ‘sub’ Seminario   con los juveniles.  Él llegó el año pasado  al equipo por pedido del ex presidente Rodrigo Bohórquez. Ambos pertenecen a la Fuerza Aérea.

El lojano,  de 38 años, cuenta que la villa  fue construida por   la directiva criolla con el apoyo de ex ‘cracks’ del equipo como Luis Antonio Valencia,   Christian Benítez,  Segundo Castillo, Jorge Guagua, Christian Lara, etc.   

En las afueras del edificio,  hay una placa de agradecimiento   colocada por la directiva criolla que da fe de la ayuda recibida por los ex jugadores  del club.

Además,  se decidió colocar nombres y números a los cuartos: así el dormitorio 16 se llama Luis Antonio Valencia, en honor del jugador  del Manchester United; el 14 es Segundo Alejandro Castillo, el 7 David Quiroz, el 10 lleva el nombre de Christian Lara.

Los jugadores tienen una llave de su habitación y el sargento Solano tiene  un duplicado.  Las 11 copias están colgadas en su oficina en la Administración, que se asemeja al lobby de un hotel.

Solano recorre  los dos pisos de la villa y recibe el afecto de las promesas juveniles. ¿Qué fue mi ‘sargen’? ¿Todo bien? le dice Alexander Vivero, un machaleño  integrante de la Sub 18.

Él y  su amigo  Giuseppe Bautista  se entrenaron en la mañana y en la tarde descansaban plácidamente en la sala inferior de la villa. Vivero jugaba con el control del plasma  y miraba  los chismes de Vamos con Todo en RTS.

“Aquí no hay muchas restricciones, pero  las reglas que existen sí se deben cumplir”, dice el militar.    Una de las principales reglas tiene que ver con el respeto hacia los compañeros y sus propiedades. “Si alguien es encontrado robando cosas de sus compañeros es sacado inmediatamente de la villa. Lo mismo pasa si  permite el ingreso de mujeres a los dormitorios”.

Actualmente, un jugador del equipo profesional vive aún en la  residencia criolla: es el volante  Édson Montaño, de 19 años.

Él reconoce la labor de los ‘tutores’ Seminario y Solano.  “Son personas serias, respetables.  Han sabido darnos cariño y apoyo.

Montaño piensa independizarse pronto y conseguir un departamento, siguiendo el ejemplo de otros compañeros como Flavio Caicedo, quien también vivió en Tumbaco. “Es una buena ayuda que nos da el equipo, que siempre está pendiente de sus jugadores”, destaca el volante Caicedo.

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