20 de December de 2009 00:00

El milagro de la perennidad

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Todos los años me pasa lo mismo. El 5 de diciembre  me recuerda que algo muy importante ha sucedido en esa fecha. Es que un  5 de diciembre, de 1791, se fue de este mundo Wolfgang Amadeus Mozart. Pero lo cierto es que Mozart sigue vivo. Es un milagro de perennidad, de continuación incesable en la memoria de quienes frecuentan, como profesionales o como aficionados, el mundo de la música. Estoy segura de que Mozart sería el primero en reírse locamente de estas ideas. Pero a despecho de sus posibles sarcasmos, nos arriesgamos.



Pola Suárez
Columnista

Es musicógrafa del Teatro Colón y columnista de música clásica de la sección Espectáculos de La Nación. En 1999 fue designada Miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes.  La Nación de Argentina, GDAPersonalidad proteica, como ninguna otra en la historia de la música, parece estar siempre cerca de nosotros. Tal vez porque en cada pliegue de su sensibilidad creadora, de aquello que nos dicen sus centenares de composiciones, cada uno cree encontrar algún sentimiento afín. Simple, muy simple lo sentimos a veces; otras, profundamente abismal. También desdeñoso o tolerante. Superlativamente artificioso, pero cuántas veces sencillo hasta la inocencia. Cáustico, humorístico y hasta rudo e insolente; pero en el otro extremo, delicado, cortés, capaz de refinamientos insuperables.

Ese Mozart queda diseñado desde la infancia, en su vida de trotamundos, sujeto siempre a la suerte y al favor de los grandes y poderosos.  Así se ejercitó para la vida para observar a sus semejantes, con crudeza y sutil penetración.

Observador agudísimo de la realidad, según reflejan sus personajes de ópera, Mozart fue históricamente uno de los primeros en poner sobre la escena auténticos seres humanos, cargados de vicios, de debilidades, de sentimientos creíbles, capaces muchos de ellos de alcanzar la suma del renunciamiento, de la bondad, del altruismo.

Cálidas criaturas en las que alienta, sin excepción, el soplo mágico de un hombre que pudo aunar en sí mismo la humanidad más honda con la más inconmensurable dimensión del genio. Hasta el próximo domingo.

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