1 de junio de 2017 00:00

Venezolanos buscan opciones en Perú por abusos laborales

Una migrante venezolana vende donas en el sector de la Plaza Grande, en el centro de Quito. Foto: EL COMERCIO

Una migrante venezolana (c) vende donas en el sector de la Plaza Grande, en el centro de Quito. Foto: EL COMERCIO

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Javier Ortega

Miércoles 31 de mayo de 2017, mediodía. En el pasillo del bus está Antonio, un venezolano de 20 años que llegó hace tres meses al Ecuador.

Durante un minuto habla a los pasajeros de la crisis de su país y de la “extrema devaluación” de la moneda en estos últimos dos años. Tras ese breve discurso, recorre los asientos y ofrece golosinas por USD 0,25 centavos. Dice que esa es la única forma que tiene por ahora de ganar unos dólares y subsistir.

Hace poco más de un mes dejó el empleo que tenía en un restaurante, en Quito. El dueño le ofreció el sueldo básico (USD 375), pero al final solo le pagó USD 90. “Las ventas no estuvieron buenas”, le dijo.

No lo denunció por temor a una deportación, pues está sin los papeles migratorios en regla. Ahora, con lo que gana de los dulces intenta reunir USD 500 para tramitar la visa de trabajo, la única vía para hallar empleo formal.

En el parque La Carolina hay otros venezolanos que han optado por la venta de empanadas, ropa o frutas para ganar dinero. Los migrantes no hablan abiertamente del tema, pero admiten que hay gente que se ha aprovechado de ellos para ofrecerles contratos con más de las ocho horas que fija la ley. En otros casos ni siquiera les pagan.

“Ellos saben bien que no los vamos a denunciar, porque no tenemos papeles”, comenta un joven de 27 años. Prefiere que no se publique su nombre. La Organización de Venezolanos en Ecuador (OVE) está al tanto de esta situación. Marco Mavares, su presidente, señala que “les llueven” pedidos de ayuda por este tema.

Cada mes, él calcula que reciben entre cinco y 10 casos de compatriotas que no recibieron su sueldo completo o que no les cancelaron a fin de mes.

Sin embargo, la OVE no descarta que haya más venezolanos perjudicados, pero que no denuncian por ser irregulares.
La Ley de Movilidad, aprobada hace apenas cuatro meses, garantiza el derecho al trabajo y a la seguridad social de los extranjeros que residen en Ecuador de forma regular.

Este Diario consultó a la Fiscalía si tenían casos relacionados con este fenómeno, pero señalaron que hasta ahora no.

Juan Carlos lleva ocho meses en Quito. Llegó desde Maracaibo. Es técnico en informática y hasta ahora no ha podido hallar ningún puesto en esa rama. Trabajó tres meses como mesero, pero renunció, porque nunca le pagaron a tiempo. De hecho, hasta ahora, aún le deben USD 150. Cada semana visita el local para preguntar si ya le cancelarán.

“No es mucha plata, pero a mí me sirve para el alquiler y la comida. Yo solo exijo lo que me corresponde por mi trabajo”, relata Juan Carlos. Él vive en el centro de la ciudad con otros tres compatriotas.

Con ellos ha hablado de dejar Ecuador y viajar a Chile o Perú, dos países que ofrecen mejores condiciones para los migrantes venezolanos. Eso también lo confirma la OVE.

De hecho, desde mediados del 2016, los migrantes de Venezuela se han desplazado especialmente a Perú. Grupos de extranjeros que permanecen en La Carolina y El Ejido dicen que en vista de las malas condiciones laborales sus compatriotas ahora permanecen máximo cinco o seis meses en el Ecuador y se van.

En Perú, el presidente Pedro Pablo Kuczynski activó el denominado Permiso Temporal de Permanencia, un documento que les concede un año de estatus regular, mientras solucionan su situación.

En Ecuador, la oleada de venezolanos empezó en el 2014. Ese año, 3 112 ciudadanos no registraron su salida del país. Para el 2015 esa cifra subió a 8 078. En el 2016 se quedaron 23 601. Carla llegó el 2016 desde Caracas. Allá no le alcanzaba el sueldo. En Quito vende dulces, pues no le pagaron en un almacén.

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