23 de marzo de 2016 16:05

Michelle Obama y sus hijas prueban su primera parrillada en Buenos Aires

La comida se celebró después de la charla que Michelle Obama dio esta mañana frente a medio millar de niñas argentinas en el marco de su programa Let Girls Learn. Foto:  AFP

La comida se celebró después de la charla que Michelle Obama dio esta mañana frente a medio millar de niñas argentinas en el marco de su programa Let Girls Learn. Foto: AFP

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Agencia EFE

La primera dama de EE.UU., Michelle Obama, y sus dos hijas, Sasha y Malia, probaron hoy (23 de marzo) su primera parrillada argentina en un restaurante de Buenos Aires, como parte de la agenda establecida en el marco de la visita oficial al país suramericano del presidente estadounidense, Barack Obama.

Ojo de bife (un tipo de bistec), medallón de lomo, ensalada y papas fritas conformaron el menú que disfrutó la primera dama estadounidense junto a sus dos hijas y alrededor de una veintena de comensales, entre funcionarios de la Casa Blanca y agentes del Servicio Secreto estadounidense encargados de su custodia.

Junto al vino, el agua y las gaseosas, el almuerzo costó alrededor de 10 000 pesos (cerca de USD 700), informó hoy (23 de marzo) la agenda oficial Télam.

El lugar elegido para degustar su primer bife argentino fue la Gran Parrilla del Plata, ubicada en el barrio de San Telmo y una de las más visitadas de la capital argentina.

La comida se celebró después de la charla que Michelle Obama dio esta mañana frente a medio millar de niñas argentinas en el marco de su programa Let Girls Learn y en la que contó con la presencia de su par argentina, Juliana Awada.

Gabriel y Mariano, los camareros con mejor dominio del inglés, y Daniel, el encargado de la parrilla, fueron los elegidos para atender a la comitiva, con la que también se tomaron alguna foto.

La visita fue organizada a primera hora del día, cuando la delegación estadounidense informó al dueño del local que la primera dama de EE.UU. quería almorzar allí, tras lo que el servicio secreto inspeccionó el salón, bajó las persianas y apagó las cámaras de seguridad.

La esquina de la calle Chile en la que está ubicado el restaurante se llenó de autoridades del servicio secreto de EE.UU. a las que acompañaron cinco oficiales de la Policía Metropolitana, quince de la Federal, diez camiones de la custodia estadounidense y un vehículo de la brigada antiexplosivos. 

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