1 de March de 2010 00:00

‘Me gusta que me llamen Vikingo’

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Alejandro Ribadeneira. Quito

Sigue con el mismo ‘look’ de siempre, barbudo y de cabello largo. También mantiene la pasión por el fútbol y su amor a Liga, el equipo en el cual  más brilló en su etapa de jugador y que, paradójicamente, casi sepulta sus sueños de ser entrenador en la Serie A.

¿Por qué no cambia  su pinta de  ‘Cristo’? Ya no está de moda...

No lo hago porque con esta imagen me identifico (se topa la barba, que ya tiene algunas canas y luego pasa la mano por el cabello), aunque es verdad que me ha traído bromas. Mis compañeros me cargaban con apodos como  ‘Vikingo’ y ‘Chuck Norris’.  Y no me decían ‘Cristo’ sino ‘Anticristo’ (se ríe). Además, mis padres siempre me pedían que   me cortara el cabello.   

Pero nunca les hizo caso...

Yo les respondía que perdería mi fuerza si me cortaba el pelo (la mirada se clava en el cielo por un momento). No quiero cambiar de imagen por otra que no vaya conmigo.    



Sufrí una grave rotura de ligamentos cruzados y los médicos me dijeron que no  volvería a jugar. Tardé dos años en sanar. Pero regresé a Liga y fui campeónDe todos esos apodos, ¿por cuál prefiere ser recordado?

¡’Vikingo’! (exclama apretando el puño). Refleja la garra que le ponía a los partidos cuando jugaba. Aún la tengo, porque no soy de los que bajan los brazos con rapidez.

Una prueba de su garra fue la lesión de 1988, que lo sacó dos años de las canchas.

Sufrí una rotura de ligamentos cruzados y los médicos me dijeron que no solo no volvería a jugar, ¡sino que no volvería a caminar bien (exclama antes de morderse los labios)!  Pero volví. Trabajé de cajero dos años, me rehabilité y regresé a Liga. Tuvieron que aceptarme. Ese año fuimos   campeones.

Pero a veces se le iba la mano en la garra. Una vez lo suspendieron un año por una gresca.

Eran otros tiempos, cuando se sentía más la camiseta  (se ríe, pero con gesto de picardía). Yo tenía una gran rivalidad con Sergio Antonio Saucedo, el argentino que estuvo en el Quito. Casi siempre alguno de los dos terminaba expulsado. Lo que pasó fue que, una vez que yo vi la tarjeta roja, en lugar de ir a la ducha me regresé para pelear. Es algo de lo que me arrepiento, pues Liga estaba para campeón en 1984.

No tuvo partido de despedida...

No en Liga, que es el equipo de mis amores, pero sí tuve un cotejo de despedida. Fue  en un equipo de barrio de Cuenca llamado Visión Juvenil, integrado por mis amigos. Este equipo todavía funciona. Siempre que voy a Cuenca los refuerzo. Ellos me organizaron la despedida en un cotejo con ex glorias del Cuenca, en 1994.  Fue lindo retirarse rodeado de la gente que me vio crecer (su voz se emociona).

Después se hizo cargo de la Sub 12 de Liga y se involucró en el Colegio de la ‘U’. ¿Pensó en ser DT?

Claro, ya me había preparado con algunos cursos. Siempre me gustó prepararme física e intelectualmente, además de que ya había probado la sensación de ser técnico. Cuando estaba jugando en Dep. Cuenca (hace un rictus de malestar, pues en ese equipo no le fue bien), entrené al equipo de mi colegio, La Salle. ¡Quedamos campeones en la categoría Superior! Fue un gran  orgullo porque siempre fui lasallano y pude devolver algo de mí al colegio. Eso fue en 1982.   

En el Colegio de Liga fue técnico y también profesor. ¿Qué tal la experiencia?

Fascinante. Fue en la época en que Darío Ávila recién impulsaba el colegio. Logramos forjar un grupo espectacular de alumnos y jugadores. Luis Bolaños fue mi alumno. Muchos pasaron a la juvenil de Liga. Pero eso lo dejé para ser asistente técnico en Liga.

Esa fue su gran oportunidad...

Mi sueño siempre fue dirigir a Liga. Lo sigue siendo. Cuando a inicios de 1998 me llamó Esteban Paz, acepté sin dudarlo. Fue un año duro. Estuve de interino porque salió el DT Carlos Cabral. Vino Paulo Massa y salimos campeones (su voz vuelve a emocionarse). En la final Liga goleó 7-0 a Emelec.  Yo vi   el juego   con la imagen de la Virgen Dolorosa. En los festejos cumplí mi promesa de salir arrodillado de la cancha con su imagen.  

Es su misma promesa de la final de 1990, cuando era jugador...

Esa la cumplí a medias. Cuando ganamos a Barcelona por 3-1, la imagen pasó de mano en mano,  así que solo salí de rodillas. En 1998 pagué la deuda.

Pero en1999 no siguió en Liga.

Pensé que me quedaría. Creí que lo merecía por el éxito y por los años en el equipo (traga saliva). Pero Massa nunca arregló su  contrato y el nuevo DT, Manuel Pellegrini, no me quiso. En diciembre festejaba el título y en enero no había espacio para mí, ni  siquiera en las divisiones menores que tanto conocía (se ríe). Así que regresé a la docencia, en el Colegio Americano. 

Parecía que nunca más volvería al profesionalismo...

En estos 11 años me he preparado. Completé mi carrera universitaria. He seguido cursos y he aprendido la parte científica del fútbol. Me dolió dejar a mis muchachos del Americano, pero la rectora Susana de Hervas entendió que debía aprovechar la oportunidad de ser asistente en Católica. Su apoyo es algo que agradezco mucho.  

¿Está resentido con Liga o con la familia Paz?

No soy de los que guardan rencores. Eso hace daño a la salud (esboza una sonrisa). Ese momento sí me sentí dolido, porque me quedé en el aire. Pero pasó. Liga sigue siendo mi equipo. Festejé a lo grande el  título de la  Libertadores. Ahora estoy enfocado en mi carrera. Mi meta es ser DT titular.

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