6 de marzo de 2015 10:58

El pionero desarme del M-19 cumple 25 años como modelo para la paz colombiana

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Agencia EFE

Veinticinco años después de entregar las armas el entorno de la guerrilla del M-19 recuerda la incertidumbre vivida en aquellos días, de los que extraen lecciones para otros grupos que estén dispuestos a sellar la paz en Colombia.

"Nosotros fuimos los precursores de este proceso de paz, lo comprendimos primero, lo hicimos solos frente a la incomprensión de algunos sectores. La historia nos está dando la razón", sostiene en una entrevista con Efe el senador Antonio Navarro Wolff, exnúmero dos de esta guerrilla.

En su despacho del Congreso, donde actualmente ocupa un escaño por el partido Alianza Verde, Navarro recuerda que el M-19 dejó las armas "porque no había posibilidad de victoria y la guerra sin victoria" no tiene sentido.

El Movimiento 19 de Abril (M-19) surgió en 1970 como respuesta al fraude electoral que elevó a la Presidencia a Misael Pastrana Borrero en detrimento del general retirado Gustavo Rojas Pinilla, que no era miembro de los dos partidos tradicionales que se alternaban en el poder en Colombia.

La trayectoria política de Navarro le ha reservado el papel de ser uno de los padres de la actual Constitución colombiana, a la que pudo contribuir solo unos meses después de que dejase las armas el 8 de marzo de 1990 junto con sus compañeros, puesto que tenía claro que al igual que combatieron unidos debían desmovilizarse a la vez.

"Una guerrilla es una comunidad primitiva nómada y uno se acostumbra muchísimo a la vida en grupo", explica.

El ahora senador ejemplifica esta frase con su propia experiencia ya que cuando fue candidato a la Presidencia en 1990 compartió su hogar con quince personas a las que luego le costó echar, pero que le acompañaron para que no lo mataran, pues tras entregar las armas el miedo a ser asesinados se instaló en el grupo.

Y es que Navarro alcanzó el liderazgo del M-19 tras el asesinato del comandante Carlos Pizarro, quien tras liderar la desmovilización de esa guerrilla fue acribillado en un avión en pleno vuelo solo siete semanas después de entregar las armas.

Su entorno se lo temía. Su hija María José, que contaba entonces 12 años, recuerda a Efe que la tensión se instaló a su alrededor cuando Pizarro destacó por su rápido auge como candidato presidencial.

"Habían asesinado 20 días después de la desmovilización a Bernardo Jaramillo (candidato presidencial del partido de izquierdas Unión Patriótica), por lo que los temores se incrementaron muchísimo, y es en ese momento (Pizarro) uno de los hombres más custodiados", afirma.

Pizarro contaba con una escolta mixta integrada por compañeros del M-19 y agentes del Estado.

"Los agentes jamás subían a casa, siempre subían los compañeros, con los que compartía unos niveles de confianza altos porque eran los que le habían acompañado" en su lucha, apunta María José en diálogo con Efe.

En los últimos encuentros del grupo ya podía sentirse "un gran nivel de zozobra", e incluso le avisaron: "¡Te van a matar!", según escuchó en ocasiones la hija de Pizarro.

Tras su asesinato, una multitudinaria marcha acompañó su féretro en Bogotá, mostrando así el apoyo popular que esta guerrilla cosechó con sus acciones, exentas de la "degradación que vivió el conflicto armado en los años siguientes" en los que apareció el narcotráfico y proliferaron los crímenes de lesa humanidad, explica María José.

Entre el accionar del M-19, caracterizado por tomas simbólicas y ayudas a la población más necesitada, tres actos le dieron un gran eco internacional: el robo de la espada de Bolívar (1974), la toma de la embajada de República Dominicana en Bogotá (1980) y la del Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985.

Preguntado por la reconciliación del excombatiente, Navarro señala que es más fácil hacer la paz con el enemigo que con las "víctimas laterales" del conflicto porque guerrilleros y soldados "tomamos la decisión de estar en la guerra".

"A mí me tiraron una granada, yo sé quién lo hizo y hace rato lo perdoné, renuncié a denuncias penales, eso no va a hacer crecer la pierna", explica sobre el perdón el ahora senador, quien perdió una extremidad en un atentado durante las negociaciones de paz que también le afectó el habla.

De este "paradigmático" proceso de desmovilización, como lo define la hija de Pizarro, pueden extraerse valiosas lecciones en un momento en el que el Gobierno colombiano negocia la paz con la guerrilla de las FARC para poner fin a 50 años de guerra, puesto que "demostraron al país que la salida negociada al conflicto era posible".

"Hay una sensación de haber cumplido con su gente, con el país, con las decisiones que tomaron como organización de apostarle a la paz (...) Es una historia de dignidad que no ha sido suficientemente contada", concluye.

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