14 de June de 2009 00:00

Les Luthiers, en versión para museo

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 La Nación, de Argentina /   GDA

La bienvenida la da una imagen en tamaño natural de Carlos López Puccio, Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich, en la que todos se sacan fotografías.

Es el punto de partida de ‘Les Luthiers, 40 años’, muestra que en 2007 llegó al Centro Cultural Recoleta y ahora desembarcó en el Museo de Arte Tigre (MAT), situado en la ciudad argentina homónima. “La idea fue de Lino Patalano, al cumplirse los 40 años del grupo. Tuvo gran éxito. Un paseo por su rica historia que ofrece la posibilidad de acercarse a esos instrumentos geniales”, dice María José Leveratto, diseñadora y montajista de la muestra, que también organizó la  de Recoleta.



Los objetos musicales
Se presentan    instrumentos  musicales, creados por ellos mismos. Están  el bass-pipe a vara (de viento, con dos ruedas de bicicleta);  el nomeolbídet (de cuerda, con objeto sanitario).
Otros instrumentos son  el órgano de campaña (montado en una mochila); el dactilófono, que imita el sonido del xilofón, y el cellato que tiene un bidón metálico coma caja de resonancia.
La muestra  dejará Tigre el 9 de agosto. En 2010  irá a España.

Curada por Carlos Ulanovsky y Sebastián Masana (hijo de Gerardo Masana, fundador del grupo ya fallecido), la muestra ocupa la planta baja y abunda en información. Desde unos tótems es posible seguir la trayectoria del grupo, año tras año, incluidos los antecedentes, cuando varios de sus miembros, que habían coincidido en el Coro de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, formaron I Musicisti, a mediados de los  sesenta.

La primera gacetilla de prensa, mecanografiada (1967); el afiche del show en el teatro De la Cova (1971), donde estrenaron Opus 3,1416; otro de la gira de 1973 por Venezuela (la primera al extranjero), seguida por 153 000 espectadores; las presentaciones en el Teatro Coliseo, su casa por casi 30 años y la llegada al Teatro Colón (1986) son parte de la muestra, que ofrece más datos:  la presencia de una violinista, Clara de Rabinovich, que en 1968 reemplazó a Rabinovich (no son parientes) por unos meses.

Pero si algo no podía faltar es la risa.  Es que en los paneles hay citas de los shows, como el que tenía a Johann Sebastian Mastropiero como protagonista:   “Los personajes de Teresa y el Oso están inspirados en Libi y Dini, mis dos ositos de felpa, y en Teresa Hochzeitmeier, mi nodriza. Con ellos dormí hasta los cinco, siete y veintiséis años, respectivamente...”

La creación del idioma gulevache, creado especialmente para la ópera Cardoso en Gulevandia, ocupa otro sector: “Esta ópera se canta en idioma guvelache, lo cual dificulta en parte su comprensión, contrariamente a lo que sucede en la mayoría de las óperas cantadas en italiano, alemán o ruso, que las entiende todo el mundo...”, explica el epígrafe.

Una carta de Fontanarrosa (2007), guionista del grupo; tapas de sus discos, como ‘Sonamos pese a todo’ y ‘Muchas gracias de nada’,   forman parte del  recorrido. También hay  videos,  fotos y  un sector, Los archivos secretos, donde hay  hasta críticas periodísticas adversas.

Diana Saiegh, directora del MAT, afirma que “la muestra permite mostrar el arte en toda su maravillosa amplitud. Con su sutil humor, Les Luthiers descubren con destreza y profesionalismo los distintos andariveles del mundo del arte”.

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