27 de julio de 2014 00:00

Lautaro Ojeda: ‘La apatía sacrifica la libertad por la seguridad’

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Dimitri Barreto P. Macro Editor
@ECdimitri

ENTREVISTA 

Lautaro Ojeda SegoviaAnalista de seguridad pública

El Informe Mundial sobre Drogas 2014 coloca a Ecuador como consumidor de marihuana, cocaína y drogas sintéticas. ¿Llevar policías al colegio es la mejor forma de prevenir el consumo?

No. Eso transgrede derechos contemplados en el Código de la Niñez, que van contra la intimidad y el respeto. Además, buscar a un niño en bolsillos y en mochilas es un efecto, cuando el tema es más grave. Actúan con medidas coyunturales en todo. Que el tema de las armas hay que ir a Chimbo. Que las invasiones de tierras, que las cachinerías... Medidas desarticuladas. Esto ya va a pasar. Dos, tres meses, y entraremos a otro tema.

¿Es un riesgo policializar?

A los jóvenes se les está dando un mensaje de culpabilidad, pero detrás del fenómeno de las drogas está el papel de la familia, de la educación, que quedan afuera. Creer que esto se soluciona con la represión es una visión coherente con el Gobierno, porque es una visión represiva. Creen que con la represión y el castigo se van a enfrentar las causas. La experiencia mundial muestra que no es por ahí. La visión que funciona no es represiva, es de respeto a la Ley, tiene que ver con temas lúdicos, con la convivencia.

¿Reprimir al consumidor?

La represión puede en un momento atemorizar, tener resultados en corto plazo, pero en el largo plazo no. Ahí hay una política equivocada y con la complacencia de padres de familia, que no asumen su responsabilidad. Entonces, responsables son el microtráfico, los incentivadores, y no la composición de la familia, el afecto que los jóvenes requieren.

En otros temas hay resultados. Bajan los homicidios.

La tasa de homicidios se ha reducido, pero eso muestra un fenómeno amputado. La estadística del Ministerio de Seguridad nos dice que apenas el 25% de los homicidios tiene que ver con la delincuencia. El 75% tiene que ver con la violencia social: riñas, venganzas, violencia intrafamiliar. Y detrás hay un miedo que provoca pánico a todos, incluidos los medios de comunicación.

¿Miedo en qué sentido?

Miedo a que me apliquen una ley y que lo haga un juez que no es precisamente imparcial. Miedo a perder el trabajo, miedo a tener problemas en mis relaciones, incluso familiares. Hay un miedo que inmoviliza. Antes uno podía salir, caminar; la gente ya no sale en la noche y si lo hace tiene el temor permanente de ser asaltada. La cosa es sumamente seria, profundiza la apatía, la insolidaridad.

Si el miedo inmoviliza, si la gente se expone menos, si sale menos y se aísla, ¿puede ser una forma de reducir el delito en el espacio público?

Pero evidente. Y otra cosa, todo mundo se vuelve sospechoso. El del barrio de al frente ya es sospechoso, y la persona que se viste diferente, que piensa diferente, que es de religión diferente. Esa sospecha enconcha y tiene una ventaja, la televisión, con grandes pantallas, y la Internet, ya para qué salir. Usted puede trabajar desde casa. Hay condiciones que consolidan el aislamiento y probablemente eso incida en la baja de la tasa de homicidios.

El consumo aquí es legal, pero ¿quién provee la droga?

Exacto. Uruguay ahora tiene laboratorios de procesamiento. Y por eso, a la vista de muchos, se han convertido en ‘salvajes’, pero investigan sobre consumo. Los resultados no son inmediatos. Hay que vencer al imaginario, por ejemplo, del cine, que nos da una idea del drogadicto como lo peor, a quien hay que eliminar. Un paso ya es el reconocimiento de que la guerra contra el narcotráfico, con los miles de millones invertidos, fracasó. Enfrentar el tema requiere una posición valiente, e inversión.

En Ecuador rigen dos tablas de dosis de drogas para juzgar, una para fijar dosis máximas de porte para consumo, y otra, elaborada este mes para el nuevo Código Penal (COIP), que penalizan el narcotráfico.

Eso además de una contradicción es una incoherencia. ¿Cómo nos vendieron primero? Nos dijeron que ha habido un estudio profundo, minucioso del Ministerio de Salud, para establecer precisamente al detalle las dosis del consumidor. Ahora parece que no fue tal.

La nueva tabla considera tráfico de mínima escala a quien traslade desde más de 0 gramos hasta 50 gramos, con cárcel de 2 a 6 meses. ¿Cómo diferenciar un consumidor de un traficante?

Con los jueces que son bastante discrecionales, qué disposición van a aplicar. La tendencia será la más dura, no la de comprensión del fenómeno, sino la de la letra con el palo entra. Y esto aplaudido por gran parte de la población.

Se aplaude lo punitivo.

Claro. Pero la apatía de la gente está llevando a algo más grave, al sacrificio de la libertad por la seguridad. La seguridad se sobrepone a la libertad, lo cual trastoca los valores fundamentales no solo de la democracia, sino de la convivencia, del ser humano. Detrás de todo esto hay una aceptación que tiene que ver con el manejo de lo político tan radicalmente autoritario. Eso es tremendo.

Su hoja de vida: 

Doctor en Jurisprudencia, sociólogo y filósofo. Catedrático universitario durante 30 años. Autor de libros como ‘Violencia, delincuencia e inseguridad en el Ecuador’ y ‘Seguridad ciudadana y tecnologías de información’. Fue Subsecretario de Seguridad de Alfredo Palacio.

Su punto de vista: 


La seguridad requiere una política que supere los episodios de coyuntura y atienda la estructura, con visión de multicausalidad, para una respuesta global. Enfrentar el consumo de drogas supone un programa de prevención integral, que no es policialización.

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