28 de marzo de 2016 00:00

La crisis y el semáforo golpearon a los lácteos

En el Supermaxi de El Recreo, los clientes se fijan en el semáforo antes de comprar

En el Supermaxi de El Recreo, los clientes se fijan en el semáforo antes de comprar. Alfredo Lagla/El Comercio

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Sofía Ramírez
y Diego Bravo. 
Redactores (I)

Los semáforos nutricionales que alertan el contenido de azúcar, grasa y sal en los alimentos llevaron al consumidor a buscar productos más 'light' y saludables. Uno de los segmentos afectados por la decisión de los consumidores es el de los lácteos y sus derivados, que el año pasado registró una caída en ventas de un 15%.

Este bajón se dio por dos factores: el principal fue la contracción de la economía, pero también incidió en menor medida el uso del semáforo nutricional, dispuesto por el Ministerio de Salud. Así lo aseguró Rafael Vizcarra, presidente del Centro de la Industria Láctea.

En este contexto, el Ministerio de Industrias anunció que eliminará el semáforo de los productos lácteos como una medida para ­levantar a esta industria y ­atender el pedido de los ganaderos que exigen soluciones a la crisis del sector.

El titular de esta Cartera, Eduardo Egas, dijo a mediados de marzo que existe ya un acuerdo entre entidades gubernamentales para eliminar el semáforo de los lácteos.

Según María José Troya, directora ejecutiva de la Tribuna del Consumidor, la recesión económica sí fue el principal factor que causó la caída en las ventas de los lácteos. Por eso, ante la posibilidad de que se retire la etiqueta de estos productos, Troya sostiene que “sería un error gravísimo”, porque esta información ayuda a prevenir problemas de salud por una mala nutrición.

Un estudio de la consultora Kantar Worldpanel enfatiza que el impacto del semáforo no fue generalizado en todas las categorías de productos. Un análisis a las compras reales de los hogares, realizado por esta firma en el 2014 y 2015 -antes, durante y después del etiquetado-, reveló que, debido al semáforo, la gente dejó de comprar o redujo el consumo de yogur, leches saborizadas, gaseosas y té listo para tomar.

El semáforo logró “crear conciencia en cuanto a la salud” y llevó a los consumidores a buscar productos ‘light’, con menos cantidad de azúcar, explica la firma. Analy Aguirre, de 26 años, por ejemplo, dejó de comprar yogur el año pasado. Ahora adquiere bebidas con soya porque contienen menos azúcar. Las industrias reaccionaron ante los cambios de hábito de los consumidores y modificaron las fórmulas de los productos: redujeron en algunos casos el contendido de azúcar o la reemplazaron con endulzantes no calóricos.

Además, no todos los consumidores dejaron de comprar ciertos productos sino que migraron a artículos más ligeros. Por ejemplo, dice Kantar Worldpanel, el porcentaje de hogares ecuatorianos que consume gaseosas ‘light’ creció de 3% a 9%; y el de yogur ‘light’, de 13% a 15%.

El semáforo de alimentos se aplica desde noviembre del 2014 y tiene como propósito reducir la obesidad y sobrepeso. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC),
los problemas hipertensivos, cerebrovasculares e isquémicos del corazón estuvieron entre las principales causas de muerte en el país en el 2013.

En total, 15 393 personas murieron por esos males ese año; es decir, 42 ecuatorianos al día. Tras un año y casi cuatro meses de vigencia del semáforo nutricional, el Ministerio de Salud (MSP) señala que la medida fue positiva.

Un estudio cualitativo, realizado por esa cartera de Estado en noviembre del 2015, mostró que las alertas son ampliamente reconocidas y que existe un alto nivel de comprensión del semáforo por su formato y los colores. La investigación se hizo a través de grupos focales, con la participación de 178 personas, de entre 5 y 64 años, según anota el Ministerio.

En medio de este debate, el Gobierno anunció que enviará a la Asamblea, esta semana, una reforma tributaria con el carácter de económico urgente, que incluirá incrementos de impuestos a las gaseosas.

Alegría Dávalos: 'El comprador tiene derecho a conocer el contenido'

Alegría Dávalos es médica nutrióloga. Asesora nutricional en infancia, adolescencia. Especialista en tratamiento de enfermedades

Alegría Dávalos es médica nutrióloga. Asesora nutricional en infancia, adolescencia. Especialista en tratamiento de enfermedades. Foto: Archivo/EL COMERCIO

La gente bajó el consumo de queso y yogur. ¿Se debe retirar la etiqueta de los productos
lácteos ?


Probablemente el efecto es debido a la cantidad de azúcar añadida a ­ciertos yogures o por la cantidad ­propia de grasa que poseen los quesos; sin embargo, se pueden encontrar alternativas con valores medios o bajos en azúcar y grasa.

¿Ayudará al consumidor que se retire el semáforo?

El consumidor de los productos procesados tiene derecho a conocer -a través del semáforo nutricional- el contenido del producto que desea consumir. La etiqueta proporciona información más clara y con la que los ecuatorianos nos hemos familiarizado.

¿Eliminar el semáforo incrementará el consumo de lácteos?

La leche y sus derivados son productos que constan en la pirámide nutricional y, por lo tanto, son necesarios en una alimentación balanceada. La leche ha sido motivo de controversias con escaso fundamento científico. Esto contribuyó a que algunas personas hayan suspendido su consumo. La intolerancia a la lactosa también ha sido otro factor, pero estas personas pueden consumir yogur.

Con el semáforo de alimentos, ¿la gente consume productos más sanos?

No sé si realmente la gente esté consumiendo productos más sanos. Se debiera realizar un estudio. Algunos cambios se han presentando en la industria, con la reformulación de las recetas para reducir algunos gramos de azúcar, sal o grasa.

¿Cómo evaluaría el uso del semáforo nutricional?

El etiquetado ayudó a que los consumidores reaccionaran frente a los ­alimentos procesados, pero esta medida no va a funcionar por sí sola. Tiene que ir acompañada de acciones adicionales que eduquen.

¿Qué le hace falta al semáforo actual?

Pienso que puede añadirse un componente positivo de los alimentos, que es la fibra, que favorece al organismo.

Christian Wahli: ‘El semáforo tuvo un efecto perverso en el yogur’

Christian Wahli es presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos y Bebidas (Anfab)

Christian Wahli es presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos y Bebidas (Anfab). Foto: Archivo/EL COMERCIO

¿Cuál fue el impacto el semá­foro nutricional en la categoría de alimentos?

El semáforo nutricional, tal como está, incidió negativamente en los alimentos fabricados. Según el estudio que realizamos desde noviembre del 2014 a mayo del 2015, hay un decre­cimiento del sector del 2,8%.

¿Qué categorías midieron en ­este estudio?

Se midió el impacto en segmentos como panadería; jugos, néctares y gaseosas, salsas y condimentos, confitería, alimentos enlatados, ‘snacks’, helados y productos lácteos.

¿Cuál de estas categorías tuvo mayor impacto negativo con el semáforo nutricional?

En lácteos, el mayor impacto se reflejó en la categoría de yogures bebibles y bebidas lácteas con sabor. En estos hubo decrecimiento del 12% y 10%, respectivamente. En la categoría de cereales para desayuno hubo una reducción del 4%.

¿El semáforo nutricional que se usa fue implementado de una ma­nera técnica?


Sí se implementó de manera técnica, pero tuvo un efecto perverso en los productores y en la industria. Lo que nosotros propusimos en un inicio fue que se indicara el número de porciones en el etiquetado, además de los colores. Con esto sí se puede educar a las personas, pero se nos impuso el formato actual.

¿El semáforo nutricional actual educa al consumidor?

No lo hace. Lo que permite esta etiqueta es alertar. Es decir, el consumidor ve el semáforo en rojo y para. Deja de comprar. Por lo que tampoco hubo beneficio en el consumidor, porque
le indica algo en rojo, pero no le enseña por qué tiene ese color y si puede ser nocivo o no.

¿Beneficiaría al sector lechero que se retirara el semáforo?

No lo haría. Porque el etiquetado pasó a ser ‘propiedad’ del consumidor. Es decir, el cliente es quien decide qué comprar o no de acuerdo con la etiqueta. Lo que se debiera hacer es una modificación de la etiqueta, tal y como lo propusimos al inicio. Indicando las cantidades por porciones.

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