30 de September de 2014 21:30

El kichwa se fortalece en las unidades educativas y la familia

Segundo Tisalema, maestro de kichwa, imparte sus conocimientos del idioma a los chicos de la Unidad Educativa Chibuleo. Foto: Glenda Giacometti/EL COMERCIO

Segundo Tisalema, maestro de kichwa, imparte sus conocimientos del idioma a los chicos de la Unidad Educativa Chibuleo. Foto: Glenda Giacometti/EL COMERCIO

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Modesto Moreta. Coordinador
mmoreta@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

Christian Panashina camina todos los días desde el centro poblado de la comunidad Chibuleo hasta la Unidad Educativa Intercultural Bilingüe, localizada a un kilómetro de su casa. En el trayecto se une a un grupo de amigos y compañeros. Todos hablan en kichwa, su idioma ancestral. Ríen y se divierten mientras avanzan por la vía estrecha y asfaltada.

Son las 06:45 del lunes. Los hombres llevan puesto un poncho rojo, camisa, pantalón blanco y zapatos negros, mientras las mujeres anaco negro, blusa blanca y rebozo. Ellos habitan en este pueblo localizado a 30 minutos al sur de Ambato.

Panashina tiene 17 años. Cuenta que de pequeño su abuela Leonor le enseñó el kichwa. Por eso, los seis miembros que integran su familia conversan en su lengua nativa. “Mi abuelita es la que habla en kichwa y no sabe español. Ella aún nos sigue enseñando, pero en la escuela y el colegio lo estoy perfeccionando. Soy muy orgulloso de conocer muchas historias y leyendas narradas por mis taitas”.

El joven recuerda que antes los jóvenes se avergonzaban por vestir los atuendos indígenas y charlar en su idioma. Pero en los últimos 10 años, eso cambió. Los maestros de la misma comunidad y de zonas aledañas enseñan a los niños, jóvenes y adultos a conocer su historia, las tradiciones, a valores su vestimenta y el idioma.

A su lado camina Sammy Pandashina. Viste anaco negro, blusa blanca y rebozo azul con rayas. Sus padres conversan en kichwa, pero ni en la televisión, ni en la radio hay programas en su lengua. “Ese es uno de los inconvenientes, nuestras mamás y taitas (abuelas y abuelos) no entienden lo que dicen en las noticias de la televisión, por eso debemos ayudarles traduciendo”, conversa Sammy.

Manuel Ainaguano, presidente del Movimiento Indígena de Tungurahua, cree que con la Ley de Comunicación se debe dar espacios para transmitir programas en kichwa, como lo hace en Chimborazo Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador (ERPE).

Por eso, planifican iniciar un proyecto dirigido a enseñar el idioma con el apoyo de Educación Intercultural Bilingüe y la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión de la provincia. “La idea es que los maestros que enseñan el idioma ancestral en las escuelas y colegios, también lo hagan por la radio. Eso fortalecerá aún más el kichwa en los pueblos de Chibuleo, Pilahuín, Quisapincha, Tomavela, Salasaca, Ambatillo, Juan Benigno Vela donde estÁ la población”, asegura Ainaguano.

En un informe del movimiento indígena se detalla que hasta antes del 2005 entre 50 000 y 100 000 indígenas que viven en la provincia hablaban la lengua materna. Sin embargo, en el 2014, la población subió a 122 000 personas y el 70% ya habla en kichwa.

“Es un gran logro. Los jóvenes, los niños y los adultos están volviendo a hablar, eso gracias a que en las escuelas se implantó el idioma como asignatura y la práctica en la familia. Con la implantación de programas podría llegar a más personas”, explica Ainaguano.

En el aula de clases, José Shigalo, maestro de kichwa, enseña a los niños de noveno de básica. Les habla y explica el uso de la lengua. Los niños repiten con alegría a viva voz. Ellos aprendieron las 15 grafías para hablar, pronunciar y escribir correctamente el kichwa.

Shigalo indica que desde 1970 trabaja en la recuperación del idioma ancestral. Esta labor se inició con monseñor Leonidas Proaño con la instalación de ERPE. Antes el alfabeto era simular a de los hispanohablantes. En 1984 los líderes y dirigentes indígenas se reunieron en el campamento Nueva Vida, en Pichincha. Allí discutieron sobre cómo deben hablar y escribir el kichwa.

Tras el análisis de la grafía decidieron dejar 16 letras, pero luego un grupo de lingüistas reemplazó la j por la h y el alfabeto quedó con 15. “Fue muy importante, porque en las escuelas interculturales bilingües se comenzó a enseñar el idioma correctamente. Los niños transmiten esos conocimientos a sus padres y está mejorando”.

En Chibuleo, los 8 000 de los 10 000 habitantes hablan en lengua materna. María Toaquiza estudia en la escuela Mushuc Ñan, de la comunidad de Apatug, parroquia Santa Rosa, de Tungurahua. Habla y escribe en su lengua materna.

También, aprendió sobre la historia, las costumbres y la medicina ancestral de su pueblo. “No vamos a dejar de vestirnos y hablar en kichwa, porque esta es nuestra ventaja con la gente de la ciudad. No nos entienden, nosotros sí”.

El exdirector nacional de Educación Intercultural Bilingüe, Alberto Guapisaca, recalca que la educación que reciben los niños y los jóvenes es en su lengua materna. El infante habla desde su casa y en la institución continúa con el proceso. Al cumplir los cuatro años, el idioma kichwa se fija en la vida del niño. “Con todos estos pasos hemos logrado defender la vida de una cultura, de una nación y de una nacionalidad. Ellos se sienten orgullosos de su procedencia. Eso, luego en la enseñanza-aprendizaje”, dice Guapisaca.

La profundización del idioma resulta más sencilla en las zonas rurales, en donde se concentra el 76,1% de instituciones bilingües. También se fomenta esta lengua nativa en las cooperativas de ahorro, porque el 90% de los clientes es indígena.

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