9 de February de 2015 18:52

El jucho es la bebida sagrada para agradecer la fertilidad de la tierra

Ángel Yumisaca es el encargado de preparar el jucho en el restaurante El Delirio. Foto: Rául Díaz  para  El Comercio.

Ángel Yumisaca es el encargado de preparar el jucho en el restaurante El Delirio. Foto: Rául Díaz para El Comercio.

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Cristina Márquez
Contenido Intercultural

El jucho se bebe frío o caliente, tiene un sabor dulce y un aromático perfume por la combinación de especias exóticas y frutas andinas.

Esta bebida se consume en los hogares indígenas, como parte de la ritualidad del Pawkar Raymi (fiesta de florecimiento), y en los mestizos, como símbolo del Carnaval.

El término kichwa ‘jucho’ significa colada en español. Se prepara con capulíes y duraznos enteros, cocidos en un almíbar al que luego se le incorpora el almidón de maíz y el de yuca para obtener una consistencia espesa. Según los yachaks, es un alimento sagrado por su tonalidad morada y porque la forma de los capulíes es similar a la de los ovarios, por lo que para ellos es un símbolo de la fertilidad femenina.

“El capulí es una planta especial en nuestra cultura, está relacionada con la energía y los augurios para el nuevo año andino, que según nuestro calendario ocurre en marzo”, explica Valeriana Anaguarqui, una yachak de Chimborazo.

Cuando en un racimo de capulíes se cuentan más de siete frutos significa que el nuevo ciclo será abundante y próspero, pero cuando hay menos, es señal de que habrá escasez y dificultades en las cosechas. “Este año hay pocos capulíes y estamos preocupados por lo que vendrá. Si es necesario regar la sangre por la Pachamama, lo haremos con amor”, dice la ‘mama Valeriana’, como la llaman en la cultura Puruhá.

El jucho se consume en todas las provincias en donde hay producción de capulí, como Tungurahua, Cotopaxi y Bolívar, pero está más arraigada en Chimborazo, por la gran cantidad de árboles que crecen silvestres en los campos.

El Pawkar Raymi se inicia en febrero, cuando los campos de la Sierra Centro están floridos. En esa época, los indígenas agradecen con ceremonias por la cosecha, la vida y la fertilidad.

Esta fiesta andina coincide con el Carnaval, que es una fiesta pagana; por eso los hogares mestizos también consumen el jucho.

“El jucho es el resumen de la interculturalidad en una sola bebida. En la época de la Colonia, los mestizos adoptaron la receta andina y le incorporaron ingredientes como la canela, la pimienta de dulce y el clavo de olor. Los capulíes se consiguen solo durante esta época del año y por eso para nosotros también es un símbolo de fiesta”, comenta Aurora Avilés.

Jucho. Foto: Raúl Díaz para EL COMERCIO.

Ella es una de las fundadoras de la iniciativa 'El jucho más grande del mundo'. Es un proyecto creado con el objetivo de recuperar la preparación de la bebida y difundir su significado. En la primera edición, hace cinco años, se repartieron en las calles de Riobamba 5 000 raciones de la bebida.

Este año el proyecto lo lideró el Municipio de Riobamba y se denomina Jatun Jucho (colada grande). Este viernes desde las 15:00 se repartirán 20 000 raciones de jucho en la Plaza Pública Eloy Alfaro. Allí se cantarán coplas de Carnaval, habrá un show artístico con la participación de la banda 24 de Mayo y se compartirá la receta de la bebida andina para que las familias la puedan preparar.

“La elaboración del jucho cada vez es menos frecuente en el país. Las nuevas generaciones ya no conocen esta bebida que es un patrimonio gastronómico, por eso decidimos promover esta iniciativa”, cuenta Balbanera Cruz, de la Dirección de Turismo de la ciudad.

Según ella, con esta campaña, Riobamba pretende apropiarse del jucho y promocionarlo como otro atractivo gastronómico. Para las raciones, las autoridades recorrieron los mercados y las parroquias rurales solicitando a los productores ‘jochas’ para realizar por un año más la gigantesca colada.

Los festejos del Pawkar Raymi y del Carnaval también están relacionados con la generosidad y los momentos para compartir en comunidad. “Por eso es tan importante la participación de los productores y de los comerciantes de los mercados. Hemos tenido muy buena acogida”, cuenta Cruz.

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