28 de noviembre de 2017 00:00

Jóvenes implicados en abusos sexuales, tratados en aislamiento

En el CAI de Guayaquil, 173 adolescentes cumplen medidas socioeducativas. Reciben clases, talleres, terapias psicológicas y de educación sexual. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

En el CAI de Guayaquil, 173 adolescentes cumplen medidas socioeducativas. Reciben clases, talleres, terapias psicológicas y de educación sexual. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

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Elena Paucar
Redactora
epaucar@elcomercio.com

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Se puso la máscara de un superhéroe para ocultar el temor. El niño de 6 años recorrió cada salón de la escuela de la mano de su papá para identificar al adolescente que lo habría agredido sexualmente en el baño.

“Tenía miedo porque el chico lo amenazaba. Le dije que la máscara le daría valentía”. Cuando lo vio, el padre recuerda que le apretó la mano. “Me dijo al oído: ‘es ese niño, el de la última banca’. Era más alto que yo. Tenía 14 años y estaba en el aula de cuarto de básica, en medio de niños de 9”.

Ocurrió en junio, en una escuela pública del sur de Guayaquil. La familia del pequeño habló con la directora del plantel, pero se cansó de esperar que aplique los protocolos y se unió a otros padres que presentaron más denuncias en la Fiscalía; no es el único caso que involucra a adolescentes.

La violación contra otros menores es la primera causa de internamiento en los Centros de Adolescentes Infractores (CAI). El Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos registra 618 infractores en aislamiento en lo que va del año; 207 están por violación.

En el país hay 11 CAI. El de Guayaquil es el más grande, con 173 jóvenes divididos por edades (desde los 12 años hasta mayores de 18, que ingresaron cuando eran menores).

Al cruzar la puerta que los separa del exterior resalta un grafiti. Son dos muchachos que miran con asombro unos preservativos en sus manos.

Para Gina Godoy, coordinadora zonal 8 del Ministerio de Justicia, la ausencia de educación sexual es una de las causas del problema. “Hablar de sexualidad es prevenir un hecho de violencia sexual. Es un tema que debe tratar en casa y en el colegio, sin tabúes”.

El Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) calcula que entre el 20 y el 40% de los abusos sexuales contra menores son cometidos por niños mayores y adolescentes. Son chicos con “conducta sexual problemática”, y el organismo advierte que sin tratamiento hay un alto riesgo de que lleguen a ser agresores sexuales en su vida adulta.

Una compañera del niño del antifaz acusa a otro estudiante de 15 años de abuso. Las pesadillas de la pequeña de 6 años alertaron a su familia. “Mi hija, temblando y llorando, encaró al agresor en el patio de la escuela -relató el padre-. Le dijo: tú me besas, me tocas, me metes los dedos… Él le gritaba. En la valoración psicológica mi niña contó que le metió un marcador en la vagina”.

En Ecuador, el Código Orgánico Integral Penal sanciona con 22 años de privación de libertad la violación contra menores de 10 años de edad. Pero los casos que implican a adolescentes se rigen bajo las medidas socioeducativas incorporadas del Código de la Niñez y Adolescencia. Algunas de esas medidas incluyen internamiento de 4 a 8 años.

El miércoles 22 de noviembre de 2017, después de tres audiencias fallidas, el agresor de Beatriz (nombre protegido) fue llamado a juicio. Es su primo; tenía 14 años y ella 6 cuando la violó, al menos seis veces.

“Siempre nos preguntamos: ¿qué pasó? Él era muy tranquilo, un chico ideal, obediente. Recuerdo que una vez lo encontraron viendo pornografía; su casa era de un solo ambiente, sin divisiones, donde todos podían ver lo que los demás hacían”, cuenta la madre de Beatriz y tía del adolescente.

La defensora pública Wendy Ibarra explica que la adolescencia es una etapa de desarrollo, vulnerable, de descubrimiento de la sexualidad y de búsqueda de la personalidad. Por eso apunta al hogar como origen del problema.

“Muchos chicos viven en ambientes de promiscuidad y ven a sus padres tener relaciones sexuales. Otros, en gran parte, sufrieron abusos y desarrollan una hipersexualidad, que creen es natural. Nada justifica la violencia contra otro menor, pero hay que analizar el entorno”, dice la defensora.

Hace poco, Beatriz hizo una carta para contar lo que vivió. “Anduvo en mis partes íntimas y me hizo que le chupe el pene. Me dijo que no le diga a nadie. Esto me hizo mi primo”, escribió en una hoja arrancada.

El muchacho, menudo y de cabello marrón, no lucía angustiado después del dictamen del miércoles. Al salir del juzgado se sacó la chompa del uniforme escolar y con tranquilidad caminó hasta el ascensor. El 20 de diciembre deberá regresar con su madre para la audiencia de juzgamiento.

Lenín Zeballos es juez de la Sala Especializada de la Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Corte de Justicia del Guayas y habla de la complejidad de estos casos de violación: por un lado, se debe resarcir un daño irreparable contra el niño afectado; pero también hay que garantizar la rehabilitación del menor infractor, durante el internamiento.

“Antes de aplicar una medida se hace una evaluación total del adolescente: educativa, psicológica, familiar y sexual. El juez notifica ese informe al CAI para que programe un plan de vida o de reinserción social”, explica Zeballos.

En el Centro de Adolescentes Infractores de Guayaquil dan terapias psicológicas y de educación sexual. También hay un programa de escolaridad y ocho talleres productivos. Luego de cumplir las medidas, las infracciones de los adolescentes no se convierten en un pasado judicial.

El pequeño enmascarado dio su testimonio ante la Fiscalía el viernes 24. Su padre decidió cambiarlo de escuela. “Lo saqué y el agresor sigue ahí, como si nada, quizá abusando de otros niños”, dice el padre.

En contexto

La Convención de los Derechos del Niño aconseja que el aislamiento sea la última instancia. Pero por su gravedad, todo caso de violación se sanciona con internamiento. Esa es una de las causas de ingreso a los CAI, a más de robos, asesinatos y drogas.

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