EUROPA

13 de agosto de 2015 00:00

Italia teme daños al turismo por la avalancha de inmigrantes

Varios solicitantes de asilo congregados deambulan por la estación de tren de Brennero, en la frontera entre el Tirol austriaco y el Tirol del Sur italiano.

Varios solicitantes de asilo congregados deambulan en la estación de tren de Brennero, en la frontera entre el Tirol austriaco y el Tirol del Sur italiano. Cada semana cientos de solicitantes de asilo son detenidos por las policías austriaca, alemana e italiana. FOTO: JOHANN GRODER / AFP

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Roma

Albergues para refugiados en el paseo marítimo o embarcaciones llenas de inmigrantes ante las costas italianas: muchos empresarios del sector turístico y dueños de restaurantes del país mediterráneo temen que este escenario provoque pérdidas en la estación veraniega.

La llegada de inmigrantes sin precedentes a Italia este año y la acogida en centros tradicionales de vacaciones pueden poner en riesgo la temporada turística, se queja el presidente de la región de Véneto Luca Zaia.

La preocupación no es banal, pues el sector turístico es un importante pilar para la economía italiana, que lucha por salir de la recesión. Y el verano supone el momento en que se hacen los mayores negocios, sobre todo en las localidades costeras del país.

Casi tres cuartas partes de todas las pernoctaciones del año de los italianos fuera de casa corresponden a los meses de verano, sobre todo a agosto, lo que supone la mayor concentración en un periodo concreto en toda Europa. La mayoría de los turistas viajan en vacaciones a la costa, huyendo del calor de las ciudades, pero los dueños de hoteles y restaurantes temen que ahora se vean ahuyentados por las imágenes de la llegada de embarcaciones de inmigrantes o de barcos hundiéndose ante las costas.

Y es que una mirada a los campamentos de refugiados y a su situación de miseria puede empañar la imagen de la "Bella Italia", temen los empresarios. "La primera impresión (de un país) es decisiva. La estación de tren de Milán parece un campo de refugiados", afirma Bernabò Bocca, presidente de la asociación hotelera Federalberghi, en declaraciones al diario "Il Giornale".

"Así los turistas no reciben una buena impresión. Aceptemos a aquellos (inmigrantes) que tengan derecho, pero sin castigar al turismo", señaló, alegando que muchas regiones en Italia viven del sector. "Es inaceptable que las convirtamos en grandes centros de acogida".

Sin embargo, las cifras no confirman hasta el momento esos temores: en los meses de verano de 2015, llegó a Italia un 2,5 por ciento más de turistas extranjeros que en el mismo periodo del año pasado, según Federalberghi. Y en el caso de los turistas nacionales, el aumento alcanza el 8,6 por ciento.

Además, la central de turismo de Italia en Fráncfort - los turistas alemanes son los más numerosos y suponen casi el 30 por ciento del total- aseguró que no ha habido ningún tipo de queja o pregunta motivada por la llegada de inmigrantes al país mediterráneo. Pese a ello, el ambiente es tenso en algunos lugares vacacionales.

En Eraclea, en la región del Véneto, por ejemplo, cientos de personas se manifestaron contra la acogida de inmigrantes. Y presidentes regionales como Zaia o Matteo Salvini, líder del partido xenófobo Liga Norte, participaron en las protestas. "Necesitamos que se acoja a los italianos en dificultades y no a extranjeros que dañan el turismo", se quejó.

En Jesolo, cerca de Venecia, los locales y turistas se quejaron de la acogida de inmigrantes directamente en la playa, con sólo una valla de separación de los turistas que se bañan y toman el sol. "Sería mejor si los enviaran de vuelta a casa. No sólo los dueños de los hoteles se quejan", comentaba un turista italiano al diario "La Stampa".

El alcalde de la localidad, Valerio Zoggia, reconoció que los dueños de los hoteles se quejan de que los turistas han cancelado sus vacaciones en el lugar por ese motivo. Y también en Sicilia aumenta el miedo, pues es alí donde al fin y al cabo llegan la mayor parte de las embarcaciones rescatadas.

La isla de Lampedusa se ha convertido desde hace tiempo en sinónimo de la miseria de los refugiados en el Mediterráneo. La isla ya aseguró tras naufragios de barcos de inmigranges en 2013 y 2014 que el turismo había caído un 60 por ciento.

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