13 de marzo de 2016 00:00

‘Insistir en medidas como las salvaguardias es un error’

"La Cancillería tiene un papel importante: generar coherencia en las relaciones internacionales” Cristian Espinosa, experto en relaciones internacionales. Foto: Vicente Costales / Archivo EL COMERCIO

"La Cancillería tiene un papel importante: generar coherencia en las relaciones internacionales” Cristian Espinosa, experto en relaciones internacionales. Foto: Vicente Costales / Archivo EL COMERCIO

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Mónica Orozco

Cristian Espinosa, experto en relaciones internacionales, cuenta con estudios de Filosofía y Administración Pública en las universidades de Boston y Harvard de Estados Unidos. Actualmente está encargado del tema de relaciones internacionales en el Municipio del Distrito Metropolitano de Quito.

Es diplomático de carrera desde 1987. Ha trabajado especialmente en temas de negociaciones comerciales. Fue Director General de la Comunidad Andina.

El flamante canciller Guillaume Long anuncia una ofensiva diplomática en materia económica, para conseguir inversiones y financiamiento para el país. ¿Es un giro en la diplomacia nacional?

El cambio de un Canciller es una oportunidad para refrescar la actividad diplomática, la gestión de las relaciones exteriores del Ecuador y, en ese sentido, darle un giro o concentrarse en temas de carácter económico. Es una dirección positiva la que aparentemente el ministro Long quiere dar a la Cancillería. Hay que hacer una gestión activa con importantes socios del Ecuador, que puedan generar flujos comerciales y de inversiones. Entre ellos, los europeos, EE.UU. y Canadá, principalmente. Y, obviamente, hay que mantener las buenas relaciones con China, porque ha sido un socio importante los últimos años.


¿Qué puede hacer la Cancillería para lograr inversiones y financiamiento?
Puede hacer mucho, porque maneja la política exterior del país. Las otras políticas (económicas, de comercio) deben mantener un alto grado de coherencia. Hay la necesidad de un alto grado de coordinación. No puede ser que la política comercial vaya en un sentido y la económica en otro.


Pero, evidentemente, han existido desencuentros. ¿Eso se mantiene dentro del Gobierno?

No conozco si existen, pero es normal que en un Gobierno haya distintas perspectivas. A la larga es el Presidente quien 
tiene que zanjar esas diferencias e imponer coherencia en el trabajo de los ministerios.


¿La llegada de Long avivará esos desencuentros o ayudará a superarlos?

No sé en detalle la política exterior que Long busca imponer. Me imagino que el Presidente ha hecho estos cambios en el Gabinete en busca de más coherencia y coordinación. Uno debe ser optimista sobre estos temas y creo que se puede corregir.

Dada la posición ideológica de Guillaume Long, ¿tiene él el perfil para lograr una mayor coherencia?

La posición ideológica no necesariamente está reñida con una economía sensata y con un interés de mantener buenas relaciones comerciales con los socios. Europa es un ejemplo de ello. Ahí tenemos gobiernos de derecha y de izquierda, pero todos son muy abiertos, porque entienden que el éxito del proceso de integración se sostiene en excelentes relaciones comerciales.


El año pasado no llegó el financiamiento previsto. ¿Cómo puede la Cancillería corregir eso?
No creo que sea un rol solo de la Cancillería, pero sí tiene un papel: generar coherencia en las relaciones internacionales. Es verdad que los flujos de financiamiento han sido bajos y eso es un problema. Pero hay un error en creer que el problema del país es un déficit en la balanza de pagos o en la balanza comercial, que -cabe mencionar- se podría resolver con acceso a crédito viable, barato y de largo plazo. El tema es que no existe. La ausencia de confianza probablemente nos cierra el financiamiento.


¿Qué resultados ha dado la separación de funciones entre Cancillería y Cartera de Comercio Exterior?

No hay suficiente tiempo para medirlo. Hay gobiernos que mantienen esas dos funciones separadas de manera exitosa. En otros casos, la Cancillería tiene mayor control en materia comercial. Pero más que tenerlas separadas o unidas, lo que se debe procurar es tener coherencia en el trabajo de ambas instituciones.


¿Cómo se explica el anuncio de una eventual extensión de las salvaguardias y, a la vez, la ratificación del acuerdo con la Unión Europea (UE)?

Un análisis frío y objetivo del resultado de las salvaguardias va a llevar a concluir que no han funcionado como se esperaba y, más bien, han tenido un efecto negativo, porque enfrían la economía y desincentivan a los actores. El Gobierno no piensa así. Yo creo que ahí hay un error, e insistir en las medidas mantiene el error. Existe la creencia de que son indispensables frente al problema de balanza de pagos, pero -insisto- ese no es el problema sino la falta 
de financiamiento del déficit del gasto público.

¿Una ampliación de las salvaguardias trabaría el acuerdo con la UE?
Hay un cronograma de trabajo con la UE para que el acuerdo entre en vigencia según lo previsto, pero si se toman decisiones contrarias al espíritu del acuerdo, las perspectivas bajan y se corre el riesgo de que el acuerdo no entre en vigor 
en el plazo previsto.

¿El timbre cambiario es una solución?

El acuerdo con la UE se desarrolla sobre una base muy sólida, que son las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y lo que se propone es contrario a las reglas de OMC; por ende, contrario al acuerdo con la UE.

¿El timbre ayuda o traba el trabajo del exportador?

Busca generar algún tipo de apoyo mediante un fondo que va al exportador, para compensar la revalorización del dólar frente a otras monedas y eso es positivo, pero es mucho menos conveniente frente a la pérdida de confianza que generará un sistema discriminatorio y poco transparente.

¿Cuál es la solución?

Generar confianza en los actores para que la actividad siga y la economía se recupere.

Pero ese es un camino de largo plazo.

Normalmente las relaciones económicas e internacionales son de largo plazo. El timbre o la salvaguardia no son soluciones mágicas para corregir lo que vive el país hoy.




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