4 de December de 2009 00:00

La inserción laboral tiene buenos ejemplos

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Redacción Guayaquil

Zigzagueando, la aguja recorre los retazos de tela. El repique de las máquinas de coser  retumba en la empresa Fashion Express, en la vía a Daule, norte de Guayaquil.



 Las acciones oficiales
El Ministerio   de Relaciones Laborales tiene  un sistema de rehabilitación para insertar  productivamente a  las personas con capacidades especiales.
800 empresarios   fueron capacitados para que sepan cómo tratar con los empleados con capacidades especiales. 
En el país,   por cada 100  habitantes  hay un 2,35% de personas con algún tipo de discapacidad.Bajo la  luz  blanca de una lámpara, Verónica Cardoso termina de dar forma a una camiseta. Un montón de hilos de colores la rodean, mientras sus manos mueven las perillas de la máquina.

Casi siempre pasa sentada.  En las horas de trabajo, la silla oculta la  huella que le dejó la poliomielitis desde pequeña. “Me gradué de enfermera. Trabajé en algunos hospitales, pero no me renovaban el contrato por mi discapacidad”.

La parálisis  de su   pierna derecha le dificulta caminar, pero  no frenó sus ganas de seguir trabajando. Desde hace 14 año  ingresó a Fashion  Express. Ahí, comparte las máquinas con otras 17 personas con capacidades especiales.

Bismarck Izquierdo, gerente de la empresa, dice  que el 4% de los 600 empleados de la industria textilera es personal con problemas de audición y   movilidad. “La idea fue de mi padre. Al inicio   algunos  se burlaban de ellos, pero mi  padre les decía: ¿qué sucedería si tu hija tiene este problema?”. Eso motivó el compañerismo.

Desde  enero de 2006,  cuando entró en  vigencia la Ley 28, cerca de 3 000 empresas se han sumado a la contratación de personas con capacidades especiales. El artículo 33 recalca que las empresas, públicas o privadas, que tengan    mínimo de 25  trabajadores deben   contratar al menos una persona con discapacidad.
 
Año a año, el   porcentaje subió.  En 2009  entró en vigencia el   3%  del total de la nómina. Y desde 2010 se deberá  aplicar el 4%. Esa  es la cifra  que  se mantendrá. “Este año,  3 500 personas con algún tipo de discapacidad han  conseguido trabajo”, comenta  Gladys Montaluisa, directora de la Unidad de Discapacidades del Ministerio de Relaciones Laborales.   

La capacitación  es una de las claves.     A esa meta también apunta el Programa de Oportunidades de Empleo a través de Tecnología en las Américas (Poeta). El plan  incluye a  80 personas con problemas de audición, visión y  movilidad.  Frente a las computadoras, ellos aprenden   informática.

Heriberto Navarrete dirige el   programa en Guayaquil. Con su silla de ruedas se acomoda frente a la  pantalla. Para este analista de sistemas, la lesión medular que le provocó cuadraplejía hace 27 años no fue un  impedimento.  “Algunos sienten miedo,  dicen que no pueden usar los teclados.    Aquí  adaptamos sistemas especiales”.      

Por eso, el laboratorio de Poeta no es diferente.  Sobre el escritorio resalta un ‘mouse‘ ’con grandes botones de colores y en la pantalla se desliza un teclado táctil.    El  equipo facilita  la  labor de quienes tienen problemas con sus manos, como Jefferson, de 18 años. 

Los problemas   de  visión tampoco son un freno.   Las computadoras   tienen un  ector de pantalla para acceder a los  contenidos por  la voz y  por  teclas   braille.   

 “El  financiamiento es  duro, hacemos  autogestión. Pero nos  satisface que muchos son  digitadores, auxiliares, otros incluso quieren  estudiar en la universidad”.

El Servicio de Integración Laboral (SIL)  tiene otro plan de  inserción. Eva Palacios es una de las capacitadoras. Para  esta mujer, la  polio no es un  obstáculo para buscar oportunidades de empleo para sus compañeros. “Las empresas están más comprometidas.  Ya no es solo por cumplir una ley,  es por   responsabilidad social”.

Con la ayuda del programa, 1 339 personas con discapacidad han sido insertadas en empresas de Guayaquil.  “Queremos  romper el sesgo cultural  entre las personas con y sin discapacidad”.

Conversar  por medio de las manos es tan  normal como  hablar con los labios en el taller de Fashion Express. Marta Brito no tiene  problemas para  comunicarse.

Topándose la quijada, uniendo  puños y alzando los pulgares cuenta cómo sus amigos aprendieron el lenguaje. En la empresa  los jefes también lo  aprendieron. Uno de ellos es Jenny Lema.  Ella afirma que los empleados con problemas de audición son  expresivos y sobre todo eficientes.

Junto a las camisas recién cosidas, Brito recuerda hace cuánto trabaja como operaria. Con sus manos dice que  el tiempo se ha ido tan rápido así como se mueven sus dedos para  señalar el 17.

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