10 de junio de 2016 00:00

Tres iniciativas para conservar el ecosistema

Mariuxi Jaramillo y Gustavo Guerrero muestran los paneles solares de la sede de la UDLA. Foto: Paúl Rivas/EL COMERCIO

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Isabel Alarcón
Redactora (I)
ialarcon@elcomercio.com

Utilizar energía solar, recoger el agua lluvia y reciclar diariamente son algunas de las prácticas de los ganadores de la Distinción Ambiental.

Se trata de un reconocimiento que otorga la Secretaría de Ambiente a quienes, a través de pequeñas acciones, contribuyen para cuidar el planeta.

Con una balanza digital en mano, de esas que se utilizan habitualmente para los viajes, Carlos Fierro entra todos los días a la cocina. Pero no pesa una maleta: su objetivo es registrar el peso del basurero. El resultado lo anota en un documento en que también registra todas las prácticas que realiza para disminuir el impacto de su huella ecológica personal.

Desde enero, empezó a anotar los valores para poder demostrar en el concurso que realmente estaba marcando una diferencia. El amor por el ambiente lo adquirió desde pequeño y esto influyó para que se convirtiera en biólogo.

Empezó con “actos sencillos”, dice Fierro. No compra agua embotellada (siempre la hierve), opta por las bebidas hidratantes en polvo (está en contra de usar envases de plástico) y reutiliza los frascos de vidrio. En su cocina tiene dos contenedores, uno para los desechos inorgánicos y otro para los orgánicos. Estos últimos los coloca en una compostera, donde crea abono que es utilizado en su mismo jardín.

En su terraza también instaló un sistema para recolectar el agua proveniente de la lluvia, una pequeña jardinera y unos paneles solares. Este es su espacio verde, en medio de una zona rodeada de edificios. El beneficio no solo es ambiental sino también económico. “Hay meses en que solo pago USD 8 de luz”, cuenta Fierro.

Su esperanza es que en el futuro, estos casos no sean excepcionales. Cuando las personas se unen entre familias, urbanizaciones o barrios, pueden llegar a causar un mayor impacto, dice Fierro.

Eso es justamente lo que hicieron los moradores del barrio Wilson, de Pifo. Ellos fueron premiados por el mantenimiento que dan a una caminera, algo que se logró a través del trabajo comunitario.

Ubicada entre las quebradas Andrango y Punihuaico, muestra un paisaje único de naturaleza y vegetación que se estaba perdiendo por las malas prácticas de las personas, dice Jaime Crow, uno de los vecinos que impulsa estas actividades en la zona.

Antes era una costumbre ver cómo las personas botaban sus bolsas de basura a la quebrada, lo que a su vez contaminaba el río Chupahuayco. Pero, poco a poco, empezaron a tomar conciencia del daño.

En cada casa instalaron también composteras con abono para los jardines y en cuatro casas se cuenta con paneles solares. Con el fin de crear más proyectos para convertir al barrio en una zona sostenible, se reúnen cada 15 días.

Su próximo proyecto es crear un vivero para poner plantas en la quebrada, que con el tiempo se han ido deteriorando. Lo más gratificante para Crow es observar cómo sus pequeñas acciones han contribuido a mejorar el entorno. Cada día que camina por el sendero se da cuenta de que su esfuerzo valió la pena y espera que Wilson se convierta en un barrio modelo.

Para Mariuxi Jaramillo, docente de la carrera de Ingeniería en Producción Ambiental y Gustavo Guerrero, docente de Ingeniería Agroindustrial y Alimentos de la Universidad de Las Américas, esta institución es un ejemplo. Ambos fueron quienes tuvieron la iniciativa de inscribir a la universidad en el concurso.

Su intención es demostrar que el campus es sustentable. Aunque es una construcción moderna, busca no desentonar con todo el ecosistema que les rodea, cuentan los docentes. Por eso, han plantado especies endémicas como: zigzeg, lavanda, chulco, laurel, Eugenias, pajonales yarupos. Además conservan seis hectáreas de área ecológica.

En el techo de la edificación cuentan con 48 paneles solares y para el tratamiento del agua servida de los baños y las cafeterías colocaron una planta de tratamiento. Los estudiantes se involucran con estas prácticas; las clases se hacen en la zona de compostaje y se incentiva el reciclaje.

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