13 de January de 2010 00:00

La Iniciativa Yasuní se quedó sin equipo

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Redacción Sociedad
sociedad@elcomercio.com

Con la renuncia en cadena del canciller Fander Falconí, de Roque Sevilla y Yolanda Kakabadse, el equipo negociador se desbarató. Así la concreción de  la Iniciativa Yasuní-ITT hoy es incierta.

Sus mentalizadores e impulsores insistieron que se trató de un proceso largo y difícil. Incluso al comienzo aparecía como  un proyecto utópico. Pero  la iniciativa, por su propuesta, convenció  a  la comunidad internacional.

Ecuador se convertía en el primer país que proponía dejar bajo tierra 846 millones de crudo, reserva calculada en el bloque Ishpingo-Tambococha-Tiputini, en pleno Parque Yasuní.  

Tal fue la expectativa que incluso Alemania y España aportaron  con 300 000 y 200 000 euros para  estructurar  el proyecto.

El objetivo  mínimo exigido por el presidente Rafael Correa fue de USD 3 500 millones (50% de lo que se recaudaría con la explotación de 846 millones de barriles de crudo).   Hasta la actualidad, se suma el 49% de ese monto,  mediante las   ofertas concretas   de Alemania, España, Bélgica, Francia y Suecia  , aparte del interés de otros 15 países.
 
Luego de  su lanzamiento el 5 de junio de 2007 se realizaron, al menos, cinco giras de promoción por Europa y Estados Unidos en las que incluso participó el presidente Rafael Correa.

Pero,  según Roque Sevilla y Carlos Larrea, presidente y asesor de la Iniciativa Yasuní-ITT,  fue necesario encontrar un mecanismo o esquema financiero  que garantice la inversión de los fondos a recaudarse. “Para eso se decidió crear un fideicomiso  junto  con el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD)”, aseguró Larrea.
 
Sevilla contó que demandó todo un proceso de negociación. Para eso se realizaron 10 reuniones satelitales entre los miembros del Consejo Directivo  de la Iniciativa, en Quito, con el buró de abogados de Naciones Unidas, en Estados Unidos. 

De acuerdo con la estructura de este   fideicomiso, los fondos serán administrados por el PNUD e invertidos exclusivamente  en cuatro grandes frentes (ver recuadro). Además, prevé la conformación de un directorio con tres delegados del Gobierno ecuatoriano (uno de ellos ejercería la Presidencia), dos de los aportantes y uno del PNUD.
    
La firma del fideicomiso estaba prevista para el 18 de diciembre, durante la Cumbre Mundial de Cambio Climático de Copenhague. Así lo anunció la delegación ecuatoriana que asistió a dicha cita. Pero dos días antes, el presidente Rafael Correa hizo serias observaciones.

Entonces se retomaron las negociaciones para hacer los ajustes y Sevilla esperaba firmar el documento a finales de enero.
  
La debacle ocurrió a partir de que Correa, en su cadena radial sabatina, cuestionó al fideicomiso, al asegurar que  “yo di la orden que no se firme porque es una negociación vergonzosa”, por considerar que los países donantes querían imponer condiciones. Eso fue negado por Sevilla.

Esas declaraciones  desbarataron al equipo negociador. Primero renunció Yolanda Kakabadse (miembro del Consejo), le siguió Sevilla y ayer fue Falconí.    

 Ante esto se prevé graves secuelas, sobre todo la pérdida de la credibilidad política en el país.  Ayer en entrevista con Radio Quito, Alberto Acosta, uno de los mentalizadores de la propuesta, consideró que “el proyecto ITT podría quedar seriamente afectado. Recuperar la confianza es comenzar de menos 0”.

El  ministro de Recursos Naturales no Renovables, Germánico Pinto, indicó que “no está cerrada de ninguna manera la posibilidad de que el    crudo del ITT quede bajo tierra”.   


Los   fondos que generaría la iniciativa ecuatoriana serán invertidos en cuatro frentes

Invertir en el aumento  de la eficiencia energética nacional y el ahorro de energía. El objetivo es  especialmente  la construcción de centrales hidroeléctricas.Los intereses generados serán invertidos en conservación de 40 áreas protegidas del país. 

La conservación    y deforestación evitada  implica a 4,8 millones de hectáreas  (38% del total del territorio ecuatoriano). Además,  el manejo   de 5 millones de ha   de zonas naturales en  propiedad de comunidades indígenas y afro.

Expansión  de la generación renovable de energía, aprovechando el potencial hidroeléctrico, geotérmico, eólico y solar del país. La idea es que  a partir de  2020, Ecuador esté libre   del consumo de  combustibles fósiles.
 
El desarrollo  social de zonas de influencia de los proyectos de la Iniciativa Yasuní-ITT, con programas de  educación, capacitación, asistencia técnica y generación de empleo   en actividades sustentables, como el ecoturismo y la  agroforestería.

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