20 de junio de 2017 15:03

La industria local se enfrenta a un escenario con menos protecciones

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Carolina Enríquez
 Giovanni Astudillo  (I)

Tras la eliminación de cupos, salvaguardias y otros controles a las importaciones, la industria local tendrá que competir en una economía más abierta al mundo.

Desde el 2007, los planes nacionales de desarrollo tuvieron como premisa comprar menos en el extranjero y producir más en el país.
Esta política se plasmó esencialmente en la Resolución 116 del Comité de Comercio Exterior (Comex), que estableció el control de importaciones para 292 partidas. La decisión, según las autoridades de la época, era estratégica para el cambio de matriz productiva.

El Grupo Ortiz diversificó su producción y puso más valor agregado. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

El Grupo Ortiz diversificó su producción y puso más valor agregado. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO


La medida obligó a empresas a firmar acuerdos con el Gobierno para sustituir parte de sus importaciones y subir su producción local. En total, se firmaron más de 900 convenios. Si bien otras medidas como sobretasas y cupos a vehículos y celulares se establecieron para evitar la salida de divisas, también abrieron oportunidades para la industria local.

Así, nacieron ensambladoras de teléfonos y de televisores, la industria de papas bastón, etc. En tanto, otras que ya operaban en el país aumentaron su capacidad instalada o abrieron nuevas líneas de negocio como motos, juguetes, muebles, perfumes y más.

La ensambladora de motos Metaltronic se comprometió en el 2014 a incorporar más componentes locales y pasar del 6 al 20% en el lapso de un año. La meta se alcanzó.

Pero ahora enfrenta una nueva realidad. Para la firma, la compleja situación económica de los últimos dos años significó una reducción de la producción y de las ventas.

Entre 2015 y 2016 la facturación de la empresa cayó 40% y entre 2016 y 2017, un 10%.

Este sector ensamblador había generado cadenas productivas al buscar más autopartistas locales. Con la recesión, el mercado se redujo y algunas firmas de este ramo dejaron de operar, explicó Oswaldo Landázuri, presidente de la

Los fabricantes de cosméticos y productos de tocador e higiene también formaron cadenas de producción y sustituyeron importaciones.

El sector se comprometió a subir la producción de estos artículos en USD 54 millones en el 2014 y en USD 64 millones durante el siguiente año.

Aunque la meta se cumplió, el ingreso de productos a mejor precio, sea por contrabando o porque los ecuatorianos prefirieron adquirirlos en países como Perú y Colombia, impactó en la producción y en las ventas del sector, dijo Christian Donoso, directivo de Procosméticos.

El directivo señaló que temas como el alto costo de la mano de obra encarecieron hasta en un 40% la oferta local.

Otro problema, según empresarios, es que las salvaguardias se aplicaron también para bienes de capital y materias primas, lo que encareció algunos insumos para la industria.

La fábrica de muebles Vitefama vio en la aplicación de sobretasas una oportunidad para aumentar su producción.

Ítalo Castro, gerente Comercial de la empresa, dijo que se invirtieron USD 200 000 en una máquina para elaborar muebles económicos a gran escala. En ese entonces tuvieron una alta demanda y vendían 500 juegos al mes entre comedores, salas o dormitorios.

Con la desgravación paulatina de las sobretasas, que arrancó en enero del 2016, la demanda bajó. En abril y mayo del 2017, la firma facturó apenas 80 juegos al mes, en promedio.

Para mantener las ventas, la empresa está desarrollando otras estrategias como la apertura de locales comerciales en diferentes ciudades a en el país.

Otro sector afectado es el de los celulares. En el 2014, nueve ensambladoras fabricaron cerca de un millón de aparatos gracias a los cupos que fijó el Gobierno para estos artículos.

Ahora solo una se mantiene con una producción mensual de 150 unidades, dijo el titular de la Asociación de Ensambladores Eléctricos y Electrónicos del Ecuador, Gabriel Garcés. El directivo señaló que al principio hubo apoyo, pero “el aumento de los cupos de importaciones afectó”.

Las ensambladoras de televisores también pudieron crecer gracias a la aplicación de salvaguardias, sin embargo, ellas trabajaron para ser más competitivos. Así lo cree Grupo Ortiz, que tiene la ensambladora de los televisores TCL. Esta firma invirtió el año pasado USD 4 millones en el equipamiento de una planta para elaborar tarjetas electrónicas con el fin de optimizar costos de producción, informó el director de Desarrollo del Grupo Ortiz, Andrés Tapia. En la planta de televisores invirtió otro millón de dólares para el mejoramiento tecnológico.

Hace tres años, el Grupo Ortiz destinó USD 6 millones para fabricar las bicicletas Ecuacyclo y desde mediados del año pasado produce dos modelos de bicicletas eléctricas. Para ser competitivos y aprovechar la capacidad instalada, en la fábrica también se hacen muebles y otros objetos de metal, dice Tapia. Además, cuenta con una línea de juguetes.

Si bien las sobretasas bloqueó la competencia internacional, empresas como Deltex, productora de hilos y cobijas, prefirió competir en el exterior. Entre el 2015 y el 2017 los envíos al mercado externo subieron del 18% al 30%. La firma señaló que ahora también apuntará a nichos de mercado e impulsará su oferta de productos con valor agregado.

En contexto

Los acuerdos que firmó el Gobierno para sustituir importaciones se realizaron con empresas de 12 sectores, entre los cuales estaban el alimenticio, cerámico, eléctrico, de plásticos, cosméticos y metalmecánico. Estos se suscribieron en el 2014.

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