1 de December de 2009 00:00

Los ‘incomunes’

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Fernando Larenas

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Este terminajo no es español, se usa en portugués y es el nombre de un reportaje publicado por la revista Veja de Brasil, con el título de La ética de los ‘incomunes’. ¿Qué quiere decir la revista con esta curiosa palabra?

La nota periodística comienza con la historia de una dueña de casa, Francisca Gonçalvez Lima, cuatro hijos, moradora de Recanto das Emas, un barrio periférico de Brasilia. Debía un poco más de USD 100 por el arriendo de una miserable vivienda y entró en pánico.

En medio de su desesperación añadió veneno para los ratones en el jugo que ingirieron sus cuatro hijos. Lo que sobró del líquido se lo bebió, pero no le alcanzó para morir y sus hijos también sobrevivieron.

Francisca Gonçalvez Lima es una mujer común, como la mayoría de brasileños y de latinoamericanos, una pecadora de acuerdo con las leyes de Dios y una criminal desde el punto de vista de la justicia tradicional.

En contraste, los ‘incomunes’ son los poderosos, los políticos que detentan el poder, que se inventan leyes para gozar de privilegios. A 30 kilómetros de este drama está el poder político, el que manejan los ‘incomunes’ como el senador y ex presidente José  Sarney y también Lula.

Sarney fue el primer Presidente brasileño tras 21 años de dictadura porque el mandatario electo, Tancredo Neves, murió poco antes de asumir el poder. Sarney y su familia ejercen un poder omnímodo y, sin importar las ilegalidades cometidas, según su amigo Lula no pueden ser juzgados como si se tratara de personas comunes.

Común como doña Francisca, a quien le aguarda una pena de por lo menos 30 años de prisión y a sus hijos la desgracia de criarse sin su madre. Así es el mundo de las personas comunes, de acuerdo con la reflexión de Veja al final de un descarnado reportaje.

Desde que Lula y el Partido de los Trabajadores llegaron al poder han sobrevivido a pequeños y a grandes escándalos, como cuando la ex ministra Benedita da Silva usó dinero público para viajar a Argentina para participar en una reunión de carácter religioso.

El poder y la relación política de Benedita evitaron que vaya a parar a la cárcel, pero no pudo impedir que deje su cargo porque la prensa, “escandalosa” como siempre, no la soltó hasta que reciba una sanción, por lo menos moral.

Incómodo por las críticas, Lula dictó sentencia: “el deber de la prensa es informar y no fiscalizar”. El dirigente de izquierda, maduro de tantas batallas políticas, a veces sufre de amnesia y no recuerda que fue la prensa la que ayudó a que su archirrival político, Fernando Collor de Melo, fuese obligado a dejar el poder por un caso de corrupción. No importa cual es la ideología, los ‘incomunes’ sufren de una enfermedad común denominada autoritarismo.

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