11 de mayo de 2018 15:24

La Iglesia dice que suspendió a sacerdote en Guayaquil por ‘conducta inapropiada con menores’

El arzobispo de Guayaquil, monseñor Luis Cabrera, habló del caso del sacerdote Luis Fernando I., acusado de abuso y tortura, este 11 de mayo del 2018. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

El arzobispo de Guayaquil, monseñor Luis Cabrera, habló del caso del sacerdote Luis Fernando I., acusado de abuso y tortura, este 11 de mayo del 2018. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

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Los testimonios sobre la ‘dinámica del pecado’ llegaron a oídos de la Iglesia Católica en noviembre de 2013, aunque las víctimas dicen que mucho antes ya hubo alertas. Hablaron con ocho jóvenes que señalaron al padre Luis Fernando I. por presunto abuso sexual y tortura, cuando eran adolescentes.

Este viernes 11 de mayo del 2018, el arzobispo de Guayaquil, monseñor Luis Cabrera, habló del caso y dio una explicación sobre el juicio canónico por “conductas inapropiadas con menores” que siguieron contra el entonces párroco de una iglesia del norte de la ciudad.

Por ahora, dijo, esperan la ratificación o no de una sentencia de dimisión del estado clerical del sacerdote. Este proceso está en manos de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El reverendo investigado apeló en el 2016, pero su argumento fue rechazado. También le negaron ejercer la actividad docente.

“La llamada práctica ‘dinámica del pecado’, denunciada por algunas personas, por su parte, no está aprobada por la Iglesia Católica bajo ninguna modalidad; más aún, luego de haber escuchado los testimonios, lo consideramos como un instrumento que atenta contra la integridad física, moral, psicológica y espiritual”, aseguró Cabrera.

El portal GKill City hizo pública la denuncia en esta semana. Para luchar contra el mundo y el pecado, durante su consejería con adolescentes, el padre Luis Fernando I. les proponía esa práctica.

Todos quienes pasaron por ella coinciden en que eran vendados, atados y golpeados. Luego de varios encuentros también eran persuadidos a quitarse la ropa y acostados en la cama del sacerdote. Algunos relataron que fueron electrocutados. Todo ocurría en la habitación del párroco.

En la justicia ordinaria, la Fiscalía del Guayas receptó una denuncia por supuesto abuso sexual, que incluía dos testimonios. Esa investigación prescribió en cinco años. Luego abrió dos nuevas indagaciones de oficio, que actualmente están en desarrollo.

Juan fue uno de los primeros en reconocer y denunciar el abuso. Lo hizo en 2013, cuando una amiga le confesó que había sido víctima de violación de un familiar. “Me abrazó y luego yo también empecé a llorar. En ese momento comprendí que lo que hacía el padre no estaba bien”. Él tenía 15 años cuando conoció a Luis Fernando I.

Entonces comenzó a contactar a sus amigos del colegio. Y descubrió que no era el único.

Diez años antes del inicio del proceso en la Iglesia (es decir, en el 2003), la Arquidiócesis de Guayaquil ya había recibido alertas. Monseñor Cabrera reconoció que hubo advertencias de ‘conductas inapropiadas’ que fueron receptadas por su antecesor.

El arzobispo explica que el caso no se hizo público antes porque “son temas de carácter confidencial, así se trabaja. Hay un principio de presunción de inocencia”. Y anunció que hay un caso más, contra otro sacerdote. Además enfatizó que mantienen la posición de ‘cero tolerancia’ del Papa Francisco ante cualquier forma de abuso sexual y maltrato que pueda darse en la Iglesia.

Juan acudió esta mañana a la Arquidiócesis de Guayaquil y cuestionó que ni la Iglesia ni la justicia hayan resuelto el caso. “Hubo encubrimiento”, dijo enérgico.

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