22 de January de 2010 00:00

Iba a una emergencia del hospital: Borja

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Redacción Judicial

judicial@elcomercio.com

‘En el Hospital Baca Ortiz hay cámaras. Ahí están los porteros y los guardias que llevan una bitácora, tanto del parqueadero, como de la entrada. En  estos tres años que he tenido seguridad, por la función de mi esposo, ellos son los principales testigos de que a mí me dejan y me retiran en la puerta del hospital”.

El relato es de Aliz Borja, esposa del fiscal general del Estado, Washington Pesántez, quien rompe el silencio, tras el accidente de tránsito del jueves 14, en el cual murió Natalia Emme.

La voz de la  oncóloga infantil se quiebra durante la mayor parte del diálogo, en la sala de su casa, en El Pinar, norte de Quito. Emme, de 26 años, fue atropellada por un vehículo de la Fiscalía, que circulaba por el carril exclusivo de la Metrovía, en la av. América.

“Wilson (Velasteguí) sabía que  tenía una emergencia y quizá por eso usó esa vía.  Tengo una paciente que tiene un problema de un retinoblastoma, un tumor que se ha extendido al oído, pero llegó con un problema de columna y yo tenía que ir  antes de que la atendiera el neurocirujano. La residente del hospital me llamó a decir que había ingresado y que estaba ahí malita, que vaya”.

Velasteguí es uno de los policías asignados a la seguridad de la familia del Fiscal. “Yo trabajo en el Hospital Baca Ortiz desde hace 17 años.
Desde hace tres años tengo un carro de seguridad que me acompaña  debido a las funciones de mi esposo. Wilson es conductor, seguridad y hace las veces de guardaespaldas desde hace tres años. Yo iba sentada en el asiento de atrás, al lado derecho, con cinturón de seguridad.

Hace 25 años viví una experiencia trágica. Mi padre, Ángel Borja, un médico  de Riobamba, murió en un accidente trágico. Iba con mi mamá y mi hermano. Mi  mamá estuvo seis meses en terapia intensiva y mi hermano estuvo a punto de morir, por eso soy cuidadosa con la seguridad”.

Los abogados de Emme sostienen que -según testigos- Borja iba al volante del jeep  y que luego se cambió de vehículo.
“Yo no manejaba. Ese día salimos de casa  y nos detuvimos en la peluquería Estilos (en la esquina de las calles Miranda y Brasil), no voy todos
los días, pero esa  noche era la rendición de cuentas de mi esposo. Les hice señas a las señoritas y les dije que ya veníamos las tres, mis dos hijas y yo, para hacernos el peinado.

“Nos dirigimos hacia el hospital. Iba haciendo apuntes en mi agenda y hablando por teléfono. Según el reporte de llamadas telefónicas de Porta, que aquí tengo, me llamaron dos personas en el trayecto (una médico y la residente del hospital), y yo hice dos llamadas. Iba conversando con una persona para programar la entrega de materiales, medicamentos, como lo he hecho en otras ocasiones, para  enviar a Haití. Entonces, sentí un choque y un frenazo,   y pegué un grito.

“La persona con la que estaba hablando me oyó. Salí por el lado derecho del carro. Wilson dejó el volante y fue hacia adelante y ahí vi que se trataba de una persona. Wilson le tomó el pulso y movió la cabeza. Yo iba caminando hacia allá, tenía el teléfono abierto, con la persona que estaba hablando y le dije ‘Wilson acaba de atropellar a alguien, por favor necesitamos ayuda’. Quisiera que se escuchen las grabaciones de mi teléfono, porque lo que digo es la verdad”.

“Como médico creí que podía hacer algo. Pero no vi sangre y dije esto es grave. Llamé al 911 desde mi teléfono. Marqué la primera vez y  no entró. Marque una segunda vez, aquí tengo el registro, me contestó un señor y me dijo usted es la segunda llamada, ya enviamos una ambulancia.

“Vino una muchedumbre y le cogió al chofer,  le quitaron la llave y le arrinconaron.       Hubo gente que vio lo que digo. Vino un patrullero y se llevó al policía que conducía. Yo me quedé en el lado derecho del carro, no pude volver a subir, por el sistema de bloqueo. Y hubo gente que dijo ella también iba en el carro. Y me empezaron a tirar de la cartera, me empezaron a pegar, me patearon en las piernas...”, mientras sigue el relato, se recoge la basta derecha del pantalón y llora. En su pierna hay  contusiones, moretones.

“Ahí  el otro policía de seguridad, que iba en el otro carro, me metió en ese vehículo”. Minutos después del accidente del jueves 14, decenas de policías llegaron al sitio de la tragedia, para proteger a la esposa del Fiscal.

“Permanecí hora y media de rehén de la muchedumbre, metida en el carro. Rompieron los vidrios, mi camisa se llenó de vidrios. Hubo gente que llamó a la Policía, porque entre la muchedumbre  se empezó a regar un poco de     gasolina alrededor del vehículo. Querían quemarme”.

“Criminal,  asesina, vas a ver lo que te pasa. Yo  escuchaba y ya no podía ver, porque  estaba  boca abajo, con un policía encima. Así pasé cerca de dos horas, en shock. Sé que ha habido un accidente, que hubo una víctima, lamentable. Pero  yo fui víctima también”.

Esa tarde, Borja fue llevada al centro de detención de conductores de la Cordero. Según testigos, se cambió de ropa. Al mediodía, una mujer, de cabello oscuro (Borja es de cabello claro), dejó el lugar  con una blusa  en la cabeza.

“Llegué en un estado de shock a la celda de dos literas  y me senté a llorar. Yo soy diabética, estaba descompensada con más de 200 de la glucosa, los bomberos me chequearon, tenía mucho temor. De pronto entró un chico, ‘sí parece que es’, dijo. Luego otro: ‘le han cambiado de
blusa’. Otro: ‘Mmm. Ella estaba cerca del carro’. Y una cuarta persona: ‘No le podría decir que ella ha sido’, dijo.

“Yo no salí a las 12:00. Salí más o menos entre las 17:30 y 18:00, hacia el   Hospital de los Valles. A las 12:00 yo recién había llegado. Mi esposo se fue de viaje hace poco y yo le pedí que me trajera unas blusas. Al volver me dijo Aliz te vengo comprando una blusa linda y   esa blusa la iba a utilizar esa noche, en la rendición de cuentas de mi marido, porque  ya  no podía cambiarme,  tenía un día  complicado,   doy clases  en la Universidad Central. Qué pena que con esa blusa de la persona que tanto valoro y  quiero  haya pasado esto. Es una blusa  especial, la tengo y    la guardaré siempre. Tampoco me he pintado el pelo”.

“El día del accidente le llamé a mi esposo. Me dijo: ‘Aliz trata de mantener la calma, yo sé cómo es tu vida, tengo absoluta confianza en lo que  me estás contando. Se harán todas las investigaciones’.

 “Cuando pasa algo en la casa ¿quién tiene la culpa? Cada uno. Así manejamos la relación de pareja. Hemos formado un hogar con hijos que son buenos seres humanos y buenos ciudadanos. Él me ha dejado a mí que yo progrese mucho. En Bélgica, donde lo conocí,   hice la especialidad de cáncer y la especialidad de trasplante de médula y volví al país por el amor. Él me trajo y me dijo ‘mira, la gente es buena’.

“Ha sido duro. Nadie se hace rico con el cáncer. Pero uno da mucho espíritu, mucho amor, mucho de la vida, porque generalmente los médicos estamos para dar, en el caso mío, un poco de esperanza, para lograr que los niños se curen. En el hospital yo  veo un nuevo paciente de cáncer por semana, pero también veo a 22 pacientes nuevos de otras patologías. ¿Y esos niños que se quedaron sin la quimioterapia ese día?, ¿esa paciente que se complicó porque la doctora no llegó?”.

 “Mis tres hijos siguen yendo a la escuela. Por ahora estoy en reposo médico,  intentando mejorar mi estado de ánimo. Esta es la verdad; tengo principios morales, cristianos... y  no voy a mentir.  Tengo la conciencia tranquila”.

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