24 de July de 2009 00:00

La huella del pasado se diluye en Las 5 Esquinas y el parque Chile

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Redacción Guayaquil

Los pasos apresurados de los peatones no se detienen ante la imponente presencia de un castillo medieval, en pleno centro de Guayaquil.

Las torres redondas están llenas de ventanas. En la época de los sesenta, cuando fue construido, eran las habitaciones de la familia de José María Ala-Vedra, un excéntrico médico de Guayaquil.

La sobriedad y elegancia del castillo se desvaneció con el tiempo. Los ventanales ahora tienen letreros, que anuncian los servicios de abogados y médicos. El comercio se tomó  esa edificación, en la que antes  se organizaban bailes, como recuerda el vicealcalde Luis Chiriboga.  

El ruido de los buses que circulan a toda velocidad opaca el grito de vendedores que ofertan productos naturales, ropa y joyas en las esquinas de las calles Colón, Olmedo, Noguchi y García Avilés, conocido como Las 5 Esquinas, a pocos pasos de la Bahía.

Ese sector era el bastión político del partido Concentración de Fuerzas Populares (CFP). Francisco Solórzano vive en la esquina de Noguchi y Olmedo, donde tiene un local de implementos deportivos. Ese edificio fue la central política del partido. Solórzano cuenta que desde el balcón del segundo piso, el ex alcalde Assad Bucaram daba los discursos a cientos de militantes. 

Su hijo, Marcos, nació en ese barrio. Rápidamente repasa sus primeros años, cuando cada Primero de Mayo, frente al castillo, se concentraban las multitudinarias marchas de los trabajadores.

El bullicio del comercio se pierde poco a poco, cinco cuadras más adelante, por la calle Noguchi, hacia el sur. Unos cuantos taconeos de robustas trabajadoras sexuales alertan a los que reposan en las bancas del parque Chile.  

Hace 20 años, en los alrededores de esa plaza se instalaron las cooperativas de transporte interprovincial. Rubén Campoverde señala que antes de comprar su casa, ahí funcionaba la Cooperativa Señor de los Milagros, que llegaba de Daule. “Llegaban carros a toda hora. Esto no dormía”. Ahora, los únicos vecinos son los veterinarios. Y unos cuantos ancianos, que recuerdan cuando jugaban pelota en la plaza.

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