16 de March de 2010 00:00

La historia en 11 murales de arcilla

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Redacción Cultura

La historia es uno de los motores más activos de la creación artística de Carmen Cadena.

Los últimos cuatro años y medio ha estado empeñada en una colección de murales sobre episodios trascendentales de nuestra historia,  trabajados en un material inusitado para el  trabajo en gran formato: el modelado en cerámica.

El resultado   se expone ahora en los pasillos del Convento de San Agustín (Guayaquil y Chile), en el centro de Quito.

Algunos detalles
Todo el  arduo  y casi milimétrico proceso del modelado y cocinado de las piezas se repitió 13 veces. Once con buen resultado y las otras  dos porque, ya casi llegando al final, dos  piezas se cayeron  al piso y se rompieron.
El equipo de  trabajo estuvo conformado por Javier Encalada, María Fernanda Arias, Carmen González, Darío Carcelén y Carmen Cadena, la artista.
La artista se licenció en el 2004 en la carrera de Artes Plásticas de la Facultad de Artes, de la U. Central. Le dieron un premio por ser la mejor estudiante de la Facultad en ese año.

La muestra ‘Arcilla de la historia’ se quedará hasta el próximo 5 de junio, en el patio central del convento colonial.

Son 11 piezas de entre seis y ocho metros, cada una, que enfocan  capítulos que la artista considera importantes de la historia de Ecuador y que, de alguna forma, ilustran la idea de que lo fundamental del devenir histórico es el constante cambio.

Una última pieza se quedó  en boceto por falta de dinero.

El trabajo fue financiado con recursos propios de la artista, quien, además, contrató a cuatro personas para sostener el delicado trabajo del modelado en cerámica y el cocido de las piezas.

El historiador Jorge Núñez destaca esa idea como una de las virtudes mayores de la exposición de Cadena.

Núñez señala  que la apreciación estética de la artista “al exaltar las revoluciones y reformas sociales, es implícitamente crítica y cuestionadora del sistema”.

Los hechos recogidos en la muestra representan a la época precolombina, la conquista, la Colonia, la Ilustración quiteña, la conjura previa al 10 de Agosto de 1809, el asesinato masivo del 2 de Agosto de 1810, la guerra de Independencia, la Manumisión de los esclavos negros de 1853, la Revolución Liberal, la irrupción política de los indígenas en la década de 1990 y la emigración masiva de los ecuatorianos  a otros países.

La pieza que permaneció  en boceto representa a la Revolución del 9 de Octubre de 1820 y aparecen allí los próceres José de Antepara, José Joaquín de Olmedo, José de Villamil, León Febres Cordero, Luis Urdaneta y Miguel Letamendi.

La idea de trasladar la historia a la arcilla le llegó  a la artista cuando cursaba un diplomado superior en la Facultad de Artes de la Universidad  Central.

En las cátedras de Teoría del Arte y Pensamiento Andino, dictadas  por Manuel Espinoza   Apolo, se enfocó la creación de los imaginarios históricos del país.

La artista vio que las obras artísticas “tenían un papel fundamental en la creación de esos imaginarios y que, en general, no se había aprovechado el recurso de la escultura mural”.
En uno de los trabajos para la maestría concibió, a modo de experimento, el primer mural de la serie que hoy se exhibe.

Esa pieza, titulada danza chamánica, reproduce, con gran realismo, un baile indígena de seis personajes moldeados en altorrelieve,  quienes  sostienen instrumentos musicales y de cacería. La obra costó   cuatro meses de intenso trabajo, pero el resultado  fue tan satisfactorio para Cadena  que se decidió a persistir en ese camino.

La técnica de composición en este material es   compleja, según cuenta Lenin Oña, curador de la muestra.  “La minuciosidad y exactitud en cada paso del modelado y del cocido hacen que este trabajo se vuelva particularmente delicado y complejo”.

La artista logró transportar  “camiones enteros” de arcilla desde Cuenca (para cada pieza precisó entre 1 tonelada y 1 tonelada y media), luego lo mezclaba con pulpa de papel para darle liviandad y ductibilidad.

Una vez puesto a punto se modela el material sobre una plancha en posición vertical.

Luego, cuando la arcilla está en estado de cuero (ni seco ni húmedo) se le hacen incisiones a modo de rompecabezas para luego  cocerlas individualmente. A continuación se procede a vaciar las piezas, es decir, a dejarlas solo como una  pared modelada, esto se hace para hacer más liviana a la delicada pieza .

Después se reunifica la pieza total y se la deja reposar cubierta con un plástico durante tres días. Luego, cada pedazo tiene que secarse  por espacio de 4 a 5 semanas.

Finalmente, se queman las piezas a 1029 grados centígrados y, una vez enfriadas, se vuelven a ensamblar en una sola para el resultado final.

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