17 de November de 2009 00:00

El Hipermarket alteró el tránsito y la cotidianidad en Rumiñahui

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Redacción Quito

El movimiento comercial en las afueras del Hipermarket abierto en el cantón Rumiñahui, en el valle de Los Chillos, aumentó durante el fin de semana. Miles de personas llegaron a conocer y a comprar en el complejo de 55 000 m² construido por la Corporación El Rosado.

Hubo fluidez en el tránsito vehicular. Humberto Morillo, habitante de Sangolquí, llegó el sábado en su auto junto con su familia y se mostró sorprendido. Él temía por el tráfico en la av. El Progreso entre el San Luis Shopping y la Espe. Pero cuando arribó al sitio no había congestión y se estacionó rápido.

Según la Corporación, se destinaron 500 estacionamientos para facilidad de los visitantes. Cada espacio está debidamente señalizado. El pasado sábado unos 400 autos ocupaban los sitios. Lo que también llamó la atención a los usuarios fue el diseño de la construcción que tardó 10 meses y que se abrió la semana pasada.

Iván Moya y su esposa Andrea Morocho, a su salida del centro comercial, contaron que el atractivo que los motivó a ir de compras fueron la promociones y descuentos en los distintos locales.

Había artículos hasta con el 40% de descuento en juguetes infantiles, como muñecas. También hubo promociones en artefactos y se entregaron premios.

Sin embargo, las facilidades para comprar en el interior del centro comercial se complican afuera. Los usuarios que no llegan en vehículo deben usar el servicio de buses que pasan por esta vía cada cinco minutos. Cruzar la amplia avenida de cuatro carriles es complicado para los peatones. Los vehículos circulan a altas velocidades, falta señalización y no hay control policial.

Este Diario constató que para cruzar la vía, hay peatones que tardan hasta cinco minutos. Incluso, se ve gente que cruza con grandes fundas de productos.

Luis Santillán se quejó de este peligro. El docente de un colegio de Quito elogió la construcción y la seguridad en los 16 locales del centro comercial, al mismo tiempo exigió seguridad. “Debe haber facilidades para los visitantes que no tenemos auto. Yo vengo con dos niños y tardé mucho en cruzar la avenida”.

Santillán dijo que una solución sería colocar semáforos y pintar un paso cebra. Ese criterio no es compartido con Bolívar Toapanta, conductor de la unidad 22 de la cooperativa Marco Polo, que cubre la ruta Quito-Sangolquí.

Para este conductor la mejor solución es construir un puente peatonal que sea seguro y brinde facilidad a los autos que circulan por la vía. “Se va a evitar congestionamiento si ubican semáforos”. Según la Dirección de Vialidad y Concesiones del Consejo Provincial, por esta vía circulan cerca de 20 000 autos cada día.


 

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