23 de julio de 2014 00:00

Los héroes de la guerra del Cenepa gestan una batalla en los taxis

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Bolívar Velasco. Redactor

Las estrategias para montar la ofensiva contra las tropas militares peruanas dependían de sus despachos. Nelson Anchapaxi se encargaba del trabajo táctico para que en la línea de fuego se ejecutara un ataque o una maniobra de defensa. Corría el año 1995 cuando Ecuador y Perú batallaban por un conflicto limítrofe, en la Cordillera del Cóndor.

Allí, Anchapaxi y miles de soldados ecuatorianos dejaron huellas de los valientes hombres que se jugaron la vida por defender el territorio patrio. Hoy una gran parte de ellos está en el servicio pasivo gestando otra lucha: La de sobrellevar una vida laboral en el campo civil, sin su añorado uniforme camuflado y el fusil que en el pasado fue su fiel compañero.

En Santo Domingo de los Tsáchilas, en el occidente del Ecuador, hay registros de 1 200 exuniformados que llevan la mención de haber participado en los enfrentamientos bélicos de Paquisha, en 1981, y del Cenepa, en 1995. Ambos contra Perú.

Ivar Campás, presidente de la Asociación de Militares Jubilados Veteranos de Guerra, indica que el 40% de militares retirados de su agrupación se hicieron taxistas, el otro 40% optó por la agricultura y el 20% está en actividades varias. Indica que el militar en servicio pasivo opta por actividades particulares porque si va al servicio público pierde los beneficios otorgados por el Estado.

Pero los que más llaman la atención en la provincia Tsáchila son los taxistas por sus modos de comunicarse, por sus estilos de cabello y porque no se han ‘despojado’ de sus accesorios militares.

Cuando Marcelo Ruiz -sargento primero retirado- toma la radio motorola para alertar a sus amigos sobre un control policial en las calles, recurre a una frase clave. “Atento Vietnam, prepare las armas en la 3 de Julio y Tulcán”.

El mensaje se replica en todos los receptores de las unidades de la compañía Tsaejec y los choferes ya saben de qué se trata. También es común escuchar: “mi suboficial reportando desde primera base una contraofensiva en el shopping”.

Es el llamado para indicar que hay una congestión vehicular en un determinado sector. Tras dejar las Fuerzas Armadas, el sargento primero José Pilay no perdió la costumbre del corte de cabello al ras y en los costados. No lo hace por una cuestión de estética sino porque en el Ejército le inculcaron que la disciplina de lucir impecable se la debe llevar siempre.

A Manuel Albán le enorgullece llevar colgado junto al retrovisor de su taxi la paleta de sargento primero que se llevó como recuerdo al desenrolarse de las Fuerzas Armadas. A la pregunta de un usuario si es militar, responde que fue más que eso y que su devoción lo llevó a la ‘zona caliente’ del conflicto ecuatoriano- peruano.

Para los exmilitares-taxistas, el camino en la vida civil no ha sido fácil, pues aún les cuesta adaptarse a una sociedad ajena al régimen de disciplina y lealtad que aprendieron en la milicia.
Tampoco superan los duros recuerdos. Hay veces en las que, entre sueños, se les vienen las escenas de las ráfagas de proyectiles en la guerra.

Eso provoca malas noches y despertares abruptos, lo confiesa Albán, mientras cuenta anécdotas de sus 22 años en el Ejército. Dice que el taxismo fue la única alternativa que tuvo para emplearse en la vida civil, porque no solo quería subsistir de la pensión jubilar.

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